sábado, 12 de octubre de 2013

CÓMO EL ANIMAL TERRESTRE MÁS VELOZ PERSIGUE A SUS PRESAS

noticiasdelaciencia.com
 
El guepardo, también conocido como chita, es el animal terrestre más veloz del mundo, pero, en contra de lo que podría suponerse, su éxito al atrapar a una presa no depende solo de su formidable velocidad del orden de los cien kilómetros por hora, sino también de otra habilidad.
 

Un guepardo fotografiado durante la investigación. (Foto: Johnny Wilson)
 
Así lo revela un nuevo estudio acerca de este fascinante felino.
Los autores del estudio, de la Queen's University de Belfast en Irlanda, en colaboración con especialistas de instituciones británicas (las universidades de Aberdeen, Swansea y Oxford, el Instituto de Zoología y la Sociedad Zoológica de Londres), así como la Universidad Estatal de Carolina del Norte en Estados Unidos, y otras entidades, utilizaron datos de GPS y acelerómetros colocados en guepardos, junto con métodos tradicionales de observación, para poder analizar de manera muy detallada los movimientos de estos veloces depredadores.
Los análisis hechos por el equipo de Michael Scantlebury, de la Queen's University de Belfast, revelan que el guepardo ajusta su forma de perseguir a una presa a las tácticas de escape propias de cada clase de animal, anticipándose incluso a la puesta en práctica de tales tácticas, en vez de recurrir tan solo a su velocidad y agilidad, como previamente se creía.

jueves, 10 de octubre de 2013

LOS ÁRBOLES ENVÍAN SEÑALES DE AUXILIO A LAS AVES CUANDO LOS INSECTOS LES ATACA

agenciasinc.es
 
Una investigación de la Estación Experimental de Zonas Áridas ha demostrado por primera vez que un ave, el carbonero común (Parus major), huele cuándo un árbol está infestado por orugas. Estos pájaros son capaces de identificar qué plantas están infectadas por insectos debido a unas señales olfativas que les lanzan.

Carbonero común (Parus major). / jd.echenard.
 
Investigadores de la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA-CSIC) y del Centro de Ecología Terrestre (NIOO) de los Paises Bajos han descubierto que las aves que se alimentan de insectos se sienten atraídas por los árboles infectados por orugas de mariposa (lepidópteras) y el mecanismo responsable de este comportamiento.
“Ante el ataque de las orugas, las plantas desarrollan una respuesta de defensa que incluye la liberación de compuestos volátiles que las aves depredadoras usan para encontrar a sus presas”, declara a SINC Luisa Amo de Paz, autora principal del estudio e investigadora de la EEZA-CSIC.
“Este fenómeno se había estudiado en artrópodos depredadores, pero apenas en aves insectívoras, a pesar de que son uno de los depredadores más importantes de insectos”, continúa.
Para conocer este mecanismo, los científicos hicieron diversos experimentos con carboneros comunes, Parus major. Dejaron elegir a las aves entre un árbol infectado por orugas lepidópteras y otro no infectado. Asimismo, en los experimentos quitaron cualquier resto químico de las orugas para poder concluir que las aves están atraídas por las señales químicas que emite el árbol, y no por ninguna señal que dejen los gusanos.
“Nuestros resultados mostraron que los carboneros comunes son capaces de discriminar entre árboles infectados por orugas y árboles no infectados, ya que observamos que las aves visitaron por primera vez el árbol infectado y además realizaron un mayor número de visitas al árbol que tenía orugas que al árbol no infectado”, apunta la investigadora.
Las aves se sintieron atraídas por los árboles infectados incluso cuando, justo antes del experimento, les retiramos las orugas y las hojas dañadas por ellas, lo que demuestra que las aves reciben una señal del árbol infectado para reconocerlo.
Los árboles infectados y no infectados difirieron tanto en la emisión de compuestos volátiles, como en la coloración de las hojas. Tanto la vista como el olfato podrían estar implicados en la discriminación de las aves.
“Sin embargo, realizamos un segundo experimento para conocer qué tipo de señal usaban las aves. En este  experimento ofrecimos a los carboneros ambas señales aisladas y observamos que la atracción por los árboles infectados se mantuvo cuando las aves pudieron únicamente oler los árboles, pero no cuando solo podían verlos”, señala Amo de Paz.
Este hecho implica que las aves pueden oler qué árbol está infectado gracias a las diferencias en los compuestos químicos emitidos por las plantas.
 
Un beneficio mutuo para aves y plantas
 
Según la investigadora, esto supone un beneficio para la planta, ya que las aves insectívoras son grandes depredadores y les ayuda a librarse de los insectos.
Desde el punto de vista del ave, usar las señales químicas de las plantas infectadas también es beneficioso, ya que le proporcionan información acerca de la presencia de su alimento. Esto es especialmente determinante en periodos de cría donde las aves no solo deben encontrar comida para ellas, sino también para sus polluelos.
“Esta evidencia de la habilidad de las aves insectívoras para utilizar las señales químicas de las plantas es muy importante, teniendo en cuenta que las tasas de depredación de estos animales son mucho más altas que las de artrópodos depredadores. Además, pone de manifiesto la necesidad de considerar a las aves insectívoras en el control biológico de plagas”, concluye Amo de Paz.
 
Referencia bibliográfica:
 
Luisa Amo, Jeroen J. Jansen, Nicole M. van Dam, MarcelDicke y Marcel E. Visser. “Birds exploit herbivore-induced plant volatiles to locate herbivorous prey” Ecology Letters, (2013) doi: 10.1111/ele.12177.

LOS RECUERDOS SOCIALES DE LOS DELFINES SON TAN DURADEROS COMO LOS DEL SER HUMANO

noticiasdelaciencia.com
 
Los delfines pueden reconocer los "silbidos identificativos" emitidos por sus antiguos compañeros de acuario después de estar separados durante más de veinte años, el periodo más largo registrado hasta ahora de conservación de recuerdos sociales en una especie no humana.


El nuevo estudio indica que los recuerdos sociales de los delfines pueden ser tan duraderos como los del Ser Humano. (Foto: Jim Schulz / Chicago Zoological Society)

El reconocimiento social de que son capaces los delfines podría ser incluso más duradero que el reconocimiento facial usado por los humanos, dado que el rostro de las personas cambia con el paso del tiempo, mientras que el silbido identificativo de un delfín se mantiene estable durante muchas décadas.
La espectacular demostración de memoria al acordarse de compañeros de muchos años atrás es otra señal de que los delfines tienen un nivel de sofisticación cognitiva comparable con el de sólo unas pocas especies, incluyendo al Ser Humano, los chimpancés y los elefantes.
“Esto nos revela a un animal operando cognitivamente a un nivel que es propio de la memoria social de los humanos”, subraya Jason Bruck, de la Universidad de Chicago en Estados Unidos, autor del estudio.
Para establecer cuán bien los delfines podían recordar a sus antiguos compañeros, Bruck recogió datos de 53 delfines diferentes en seis lugares diferentes, incluyendo el Parque Zoológico de Brookfield, cerca de Chicago.
En años recientes, otros estudios han establecido que cada delfín desarrolla un silbido identificativo único que parece funcionar como un nombre. Los investigadores Vincent M. Janik y Stephanie L. King, de la Universidad de Saint Andrews en Escocia, ya presentaron meses atrás los resultados de una investigación que respaldan la idea de que un delfín salvaje, es decir, viviendo en su entorno natural y sin contacto habitual con humanos, puede aprender y repetir silbidos identificativos pertenecientes a otros individuos, así como también contestar cuando otro delfín imita su silbido exclusivo.

En el nuevo estudio, Bruck reprodujo grabaciones de silbidos identificativos a delfines que habían vivido alguna vez con los animales que produjeron esos cantos. También reprodujo grabaciones de silbidos identificativos de delfines desconocidos para los sujetos de estudio. Los sonidos de los desconocidos no despertaban apenas interés en los delfines. En cambio, los de antiguos conocidos sí atraían la atención de los delfines. Cuando ellos oían el sonido correspondiente a un delfín al que conocían, a menudo se aproximaban con rapidez al altavoz por el que se emitían los sonidos. A veces, permanecían flotando cerca del altavoz, y le silbaban como tratando de contestarle y de obtener a su vez una respuesta.
Un patrón claro emergió en los datos: En comparación con sonidos correspondientes a desconocidos, los delfines respondían significativamente más a los silbidos correspondientes a animales que alguna vez conocieron, incluso si no habían oído sus silbidos identificativos durante décadas.
En un ejemplo notable, Bruck reprodujo una grabación de una hembra de delfín llamada Allie, que actualmente vive en el Parque Zoológico de Brookfield, para que la escuchara Bailey, una hembra que actualmente está en las Bermudas. Ambas habían vivido juntas en el delfinario Dolphin Connection en los Cayos de Florida cuando Allie tenía dos años de edad y Bailey cuatro. Pero veinte años y seis meses después de su último contacto, Bailey aún reconoció la grabación del silbido identificativo de Allie.
Ese tipo de reacción después de décadas de separación entre individuos que se conocieron lo bastante bien en el pasado se repitió de modo típico en el estudio, lo que llevó a Bruck a concluir que los delfines mantienen de por vida recuerdos de los silbidos de sus seres queridos. En su medio natural, los delfines del tipo estudiado en esta investigación tienen, en promedio, una expectativa de vida de cerca de veinte años, aunque los individuos más longevos pueden sobrevivir hasta los cuarenta y cinco años o incluso más.

martes, 8 de octubre de 2013

¿POR QUÉ EN EL SUR DE EUROPA TENEMOS LA PIEL CLARA?

noticiasdelaciencia.com
 
Que tengamos una piel más o menos oscura y un determinado color de pelo es, en parte, determinado por el gen MC1R. Este gen, que regula la síntesis de la melanina, es mucho más diverso en las poblaciones euroasiáticas que en las africanas.
 

Equipo de investigación dirigido por Santos Alonso. (Foto: UPV/EHU)

Un estudio dirigido por Santos Alonso, investigador de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), en España, ha puesto al descubierto cómo evolucionó MC1R en el sur de Europa. El trabajo se publica en la revista Molecular Biology and Evolution.
Según la investigación, realizada sobre más de 1.000 individuos de diferentes zonas de España, dos fuerzas evolutivas parecen estar actuando sobre el gen MC1R en los europeos del sur.
Por un lado, una presión selectiva tiende a mantener la forma ancestral del gen, que es también la más común en África, es decir, tiende a ir eliminando las mutaciones. Y por otro, una de esas mutaciones, la V60L, aparece en frecuencias más altas de lo esperado. Esta mutación se asocia con la piel clara y el pelo rubio o pelirrojo.
Los investigadores han estimado la aparición de esta mutación hace 30.000-50.000 años, esto es, después de la salida del Homo sapiens de África.
Este cambio pudo resultar muy beneficioso en la adaptación al nuevo medio, ya que la piel clara facilita la síntesis de vitamina D, algo muy necesario cuando, con respecto a África, la radiación ultravioleta es más baja.
“Nuestros datos refuerzan esta idea, aunque se debe seguir investigando”, explica Alonso. Sin embargo, la mutación resulta estar simultáneamente asociada a una mayor susceptibilidad al melanoma, el tipo de cáncer de piel más peligroso.
“La vitamina D es necesaria para el crecimiento, muy importante para la correcta mineralización de los huesos y el desarrollo del esqueleto, mientras que el melanoma es una enfermedad que aparece en la época post reproductiva. De cara a la evolución parece que se está favoreciendo la despigmentación a costa de un mayor riesgo a padecer melanoma en la etapa postreproductiva”, explica Saioa López, investigadora principal del artículo. “Es el precio a pagar por garantizar la supervivencia de nuestra especie”.
(Fuente: Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea)

sábado, 5 de octubre de 2013

LA CLASIFICACIÓN MORFOLÓGICA DE ESPECIES SUBESTIMA LOS NIVELES REALES DE RIQUEZA BIOLÓGICA

dicyt.com
 
Se suele definir una especie biológica como un grupo de organismos capaces de reproducirse entre sí y de producir descendencia fértil. Las especies son linajes evolutivos independientes y, con frecuencia, poseen rasgos físicos y comportamientos diferentes, que tradicionalmente se han empleado para clasificar los organismos en uno u otro grupo. Ahora, un estudio elaborado por un equipo internacional de investigadores con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) sugiere que en algunos grupos dicho supuesto subestima los niveles reales de riqueza de especies y la biodiversidad mundial.


Colémbolo Lepidocyrtus cf vexans. / Brent Emerson.

El estudio ha analizado el ADN de 99 individuos pertenecientes a cinco especies de colémbolos definidas según su morfología en Panamá. Los colémbolos son un tipo de invertebrados con cierto parecido a los insectos, incapaz de volar y frecuentemente asociado a los ambientes de suelo. “Nuestro trabajo genético revela que individuos que hasta ahora se habían clasificado dentro de una misma especie por ser indistinguibles físicamente, en realidad pertenecen a distintos linajes evolutivos. En concreto, en las 5 especies analizadas hemos identificado 58 linajes evolutivos”, explica el investigador del CSIC Brent Emerson, del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología.
Los resultados, en combinación con estudios previos, sugieren que podrían existir al menos 10 veces más especies de colémbolos de lo que se creía. "Hasta ahora se pensaba que había unas pocas especies con distribuciones geográficas muy amplias, a veces con presencia en más de un continente, a pesar de que los colémbolos no pueden volar. Ahora vemos que en realidad hay muchas más especies, con distribuciones muy localizadas”, añade el investigador.
Además, las secuencias de ADN han permitido estimar que esta diferenciación biológica no es reciente, sino que se remonta millones de años, y estuvo probablemente ocasionada por los cambios climáticos del pasado y los acontecimientos geológicos.
 
 
 
Referencia bibliográfica 
 
Francesco Cicconardi, Pietro P. Fanciulli, Brent Emerson. Collembola, the biological species concept and the underestimation of global species richness. Molecular Ecology. DOI: 10.1111/mec.12472

jueves, 3 de octubre de 2013

EL HOLLÍN INDUSTRIAL DEL SIGLO XIX HIZO MENGUAR A LOS GLACIARES ALPINOS

noticiasdelaciencia.com
 
Un equipo de científicos encabezado por expertos de la NASA ha encontrado evidencias contundentes de que el hollín emitido por la Europa industrial del siglo XIX causó el abrupto retroceso de los glaciares en los Alpes Europeos que empezó en la década de 1860, aproximadamente cuando se considera que terminó el periodo de temperaturas un tanto bajas conocido como la Pequeña Edad de Hielo.


Esta fotografía, de verano del 2012, tomada mirando al sur hacia los Alpes Berneses, muestra cómo la contaminación atmosférica en los Alpes tiende a estar confinada a bajas altitudes, concentrando la deposición de hollín y polvo en las zonas bajas. En la zona centro-izquierda de la imagen, se aprecia un glaciar que se extiende a partir de un campo de nieve de gran altitud, por encima de la capa de polución, hacia el valle que se encuentra abajo, en cuya parte inferior abundan las sustancias contaminantes. (Foto: Peter Holy)
 
Esta investigación puede ayudar a resolver definitivamente un debate científico de larga duración.
En la segunda mitad del siglo XIX, la revolución industrial avanzaba a toda máquina en Europa. El uso creciente del carbón como combustible para el transporte y la industria, así como para calentar los hogares, comenzó a liberar enormes cantidades de hollín y otras partículas oscuras a la atmósfera.
Entre las clases de partículas que flotan en la atmósfera, el hollín es la que más absorbe la luz solar. Cuando estas partículas se asientan sobre la nieve que cubre los glaciares, los oscurecen, acelerando su fusión estacional y exponiendo antes de las fechas habituales el hielo subyacente del glaciar a la luz del Sol y al aire caliente de la primavera y del verano. Esta disminución antes de tiempo de la cubierta de nieve en cada año causa que el hielo del glaciar se funda en una magnitud mayor que la que puede recuperar, de tal modo que el efecto neto es un retroceso del glaciar.
La Pequeña Edad de Hielo, un periodo entre los siglos XIV y XIX que fue más frío que los siglos previos o los posteriores, estuvo marcada por una expansión de los glaciares de montaña y un descenso en las temperaturas en Europa de casi 1 grado centígrado (1,8 grados Fahrenheit). Pero los registros históricos obtenidos de los glaciares entre 1860 y 1930 muestran que, aunque las temperaturas todavía continuaron descendiendo un poco, grandes glaciares de los valles entre las montañas de los Alpes retrocedieron de manera llamativamente abrupta, como promedio en casi 1 kilómetro (0,6 millas) disminuyendo hasta extensiones nunca vistas en los siglos inmediatamente anteriores. Los glaciólogos y los climatólogos se han esforzado por encontrar una explicación para esta aparente y misteriosa discrepancia entre el clima y los registros de los glaciares.
El enigma parece que ha sido resuelto ahora.
El equipo de Thomas Painter, un especialista en hielo y nieve del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena, California, ha combinado registros históricos, núcleos antiguos de hielo extraídos de los glaciares, modernos estudios de contaminación atmosférica y un modelo de comportamiento de glaciares, para ofrecer una explicación de por qué los glaciares de los Alpes empezaron a menguar a finales del siglo XIX a pesar de las temperaturas más frías y las abundantes nevadas que debieran haberlos mantenido en crecimiento compensatorio. Painter y sus colaboradores han determinado que el hollín producido por la industrialización en Europa se depositó en zonas bajas de los glaciares, y ese hollín absorbió luz solar y aceleró la fusión del hielo.

LAS "BALADAS ROMÁNTICAS" DE LOS MURCIÉLAGOS

noticiasdelaciencia.com
 
Los cantos de cortejo nupcial de ciertos murciélagos exhiben una llamativa complejidad, a juzgar por los resultados de una investigación. Los machos de la especie Tadarida brasiliensis han aprendido a vocalizar de un modo específico para atraer a las hembras, pero una vez que han captado su atención, ellos cambian la "melodía", literalmente.

A los murciélagos les gusta refugiarse en escondrijos como éste. (Foto: Universidad A&M de Texas)

Estos machos entonces producen un conjunto de sonidos más creativo para entretener y mantener interesadas a las hembras, según se deduce de las observaciones hechas por un equipo de científicos de la Universidad A&M de Texas en la ciudad de College Station, y la Universidad Internacional de Florida, ambas en Estados Unidos.
Durante un período de tres años, el equipo de Michael Smotherman, profesor de biología en la Universidad A&M de Texas, hizo grabaciones de miles de murciélagos Tadarida brasiliensis tanto dentro como alrededor del campus de la Universidad A&M y encontró que los machos producen sonidos cuyo fin es atraer hembras durante la temporada de apareamiento, y con la suficiente rapidez para aprovechar el exiguo momento en que una hembra vuela lo bastante cerca de un macho para poder escucharle.
Estos murciélagos pueden volar muy rápido, a unos 9 metros (30 pies) por segundo. Por tanto, sólo tienen cerca de una décima de segundo para atraer la atención de las hembras. El equipo de investigación comprobó que estos animales usan una "melodía" muy específica para captar la atención de la hembra cuando ella vuela cerca. Una vez que las hembras se posan cerca de los machos, estos generan "baladas románticas" más originales, al parecer para mantener a las hembras entretenidas durante el tiempo suficiente para que comience el apareamiento.
Esas "baladas románticas" están construidas a base de combinaciones de elementos sonoros más breves. Los murciélagos Tadarida brasiliensis destacan por su extraordinaria habilidad para reorganizar rápidamente los elementos sonoros que usan, a fin de crear "cantos" más variados.
El murciélago Tadarida brasiliensis es una de las especies más comunes de murciélagos. Mide cerca de diez centímetros de longitud (4 pulgadas), con una envergadura de entre 25 y 30 centímetros al desplegar las alas. De color marrón oscuro y con orejas redondas, estos murciélagos son muy comunes en el continente americano.