jueves, 17 de enero de 2013

FORMAS DE VIDA GIGANTESCAS Y DE SIGLOS DE EDAD BAJO NUESTROS PIES

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Cuestiones intrigantes tocadas por la ciencia-ficción, y que la ciencia también aborda, expuestas en artículos breves escritos por Jorge Munnshe. En esta entrega: Formas de vida gigantescas y de siglos de edad bajo nuestros pies.


Hongo gigantesco, en el subsuelo de un bosque, alimentándose de los árboles. Imagen artística: Jorge Munnshe / Amazings / NCYT.


En el subsuelo de algunas partes del mundo existen seres vivos que resultarían dignos actores para encarnar a alguna de las monstruosas criaturas ciclópeas del famoso escritor de terror y ciencia-ficción H.P. Lovecraft.
Pese a figurar entre los objetos vivientes de mayor tamaño del planeta, paradójicamente han pasado desapercibidos para la humanidad hasta no muchos años atrás. La civilización humana los ha tenido bajo sus pies sin sospechar de su existencia.
Estos inquietantes moradores del subsuelo son hongos que se alimentan de árboles, y que en condiciones normales son de tamaño modesto. Sin embargo, en algunos casos especiales, un individuo (aunque por sus especiales características se haga difícil en bastantes aspectos considerarlos individuos en vez de estirpes) puede crecer hasta adquirir proporciones dantescas.
Este desarrollo se traduce en la progresiva extensión de sus filamentos, que van formando poco a poco una robusta red.
Cuanto mayor es el organismo, mayores son sus necesidades alimentarias, pero al mismo tiempo también aumentan sus posibilidades de alimentarse.
Uno de los hallazgos más sonados de hongo gigante se registró en 1992 cerca de Crystal Falls, Michigan, Estados Unidos. Mediante análisis genéticos de muestras tomadas en un bosque próximo, se descubrió que todas ellas pertenecían a un único hongo, que ocupaba una extensión de aproximadamente 15 hectáreas bajo el suelo del lugar.
Pero desde entonces, ese gigante ha quedado del todo eclipsado por el hallazgo, bajo otros bosques, de hongos aún mayores: Un ejemplar de Armillaria ostoyae de 600 hectáreas y ubicado en el Monte Adams, estado de Washington, al que se le calculó una edad de entre quinientos y mil años. Y un ejemplar de 900 hectáreas localizado en una zona boscosa próxima a Prairie City, en el estado de Oregón, al que se le ha calculado una edad de alrededor de 2400 años.

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