miércoles, 26 de septiembre de 2012

UN EXPERIMENTO MUESTRA CÓMO FUNCIONA LA EVOLUCIÓN

abc.es/ciencia
 
Richard E. Lenski ha estudiado una cepa de la bacteria Escherichia coli durante más de 50.00 generaciones. El experimento, considerado el más largo del mundo en su área, comenzó en 1988 y ha permitido a Lenski determinar que los miembros de uno de sus cultivos de bacterias, después de 31.000 generaciones, evolucionaron. Los organismos en cuestión han desarrollado un nuevo rasgo y son capaces de asimilar citrato en condiciones aeróbicas, es decir, en presencia de oxígeno.


Echerichia coli

Algunos experimentos deben extenderse a lo largo de muchos años para que produzcan resultados importantes. Si queremos estudiar la evolución de los seres vivos, por ejemplo, necesitamos analizar decenas de miles de generaciones y aunque los conejillos de indias de nuestro laboratorio tengan una vida muy corta, alcanzar un numero tan elevado de divisiones requiere de varios años. Eso es algo que seguramente tiene muy claro Richard E. Lenski, un científico que ha estudiado 12 poblaciones de la bacteria Escherichia coli desde hace unos 25 años. Comenzó con su experimento en 1988 y vio cómo se sucedían unas 55.000 generaciones de estos seres. Se trata, por mucho, del experimento de “síntesis evolutiva” más largo encarado hasta la fecha. Y los resultados, parece, han valido la pena.

El cuerno de un unicornio

“Hemos descubierto cómo puede surgir el cuerno de un unicornio,” afirma Lenski en un articulo que acaba de publicar Nature. La frase viene a cuento por que el científico ha encontrado que una de las poblaciones de bacterias que está estudiando “mutó” allá por la generación número 31.000, desarrollando un nuevo rasgo. Los integrantes de esa colonia son ahora capaces de asimilar citrato en condiciones aeróbicas (es decir, en presencia de oxígeno), algo que los integrantes originales de la colonia eran incapaces de hacer.
Para que esto ocurra, explica Lenski, un rasgo nuevo ha tenido que evolucionar mediante el “reordenamiento” y “amplificación” de algunos genes preexistentes. Es decir, no ha aparecido ningún gen nuevo, pero sí se ha modificado parte del código genético existente. Este experimento demuestra claramente que los denominados “cambios microevolutivos graduales” ocurren y que pueden producir innovaciones en el fenotipo. Según el autor, esto desarma uno de los argumentos más importantes esgrimidos por los creacionistas.
En realidad, no es la primera vez que un experimento de estas características encuentra algún cambio microevolutivo pero, hasta donde sabemos, ninguno ha hallado uno tan grande ni ha dejado registrado todos los pasos previos que conducen al cambio. En efecto, el equipo de Lenski ha sido lo suficientemente constante como para cada día, durante 25 años, transferir una a una las 12 poblaciones a un nuevo matraz para que den lugar a una nueva generación y, de paso, almacenar a 80 ºC bajo cero una muestra de cada una. Esto permite el análisis posterior de las mismas, convirtiendo el experimento en una suerte de “mapa” que muestra la forma en que los genes se fueron modificando.

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