martes, 29 de octubre de 2013

AROMAS QUE DEJAN HUELLA

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El olfato es el sentido capaz de capturar en el aire la más sublime de las esencias para evocar un recuerdo o una emoción. Así como los seres humanos, las abejas tienen un desarrollado sentido del olfato que les permite comunicarse con otras abejas de la misma colmena, e incluso detallar la ubicación de sus fuentes de alimento a través del aprendizaje del olor.


Una abeja polinizando un dragoncillo. (Foto: CSIC)

Las abejas son insectos sociales que conviven en una colmena, en la cual se encuentran la reina, las obreras y los zánganos; son las segundas las encargadas de buscar alimento en el polen y el néctar de las flores y por eso procuran dejar una huella inconfundible para sus compañeras de labor.
“Comunicación química en abejas nativas: feromonas y aprendizaje”, fue el título de la conferencia magistral impartida por Stefan Jarau, de la Universidad de Ulm de Alemania, en el marco del VIII Congreso Mesoamericano sobre abejas nativas, organizado por el Centro de Investigaciones Apícolas de la Universidad Nacional (CINAT-UNA), en Costa Rica.
De acuerdo con el investigador, durante un estudio se determinó que la comunicación química a través del uso de feromonas es indispensable para que las abejas aprendan a diferenciar olores característicos en ciertas situaciones cotidianas. “Las abejas utilizan un olor específico para saber si en una flor hay alimento o no, eso facilita que otras abejas ubiquen esa fuente. Asimismo, las abejas dejan un rastro característico de feromonas en hojas y flores que indica el camino para hallar alimento”, detalló Jarau.
De acuerdo con el especialista, el olor del alimento también se adhiere al insecto, y por eso, cuando llega al nido, las otras abejas lo huelen y lo aprenden para salir a buscar ese alimento específico. “El olor no necesariamente es igual, pero impregna la atmósfera y es más fácil ubicarlo en el campo”, explicó Jarau.
Para el investigador y su grupo de trabajo, si bien el compuesto químico era depositado a través de la lengua, era importante determinar si provenía de las glándulas mandibulares o la glándula labial. “Colocamos un sendero con el extracto del solvente depositado por ambas glándulas; el 35 por ciento siguió el sendero con el extracto de la glándula labial”, dijo Jarau.
El estudio también determinó que si bien el olor es muy atrayente para abejas de una misma especie, no lo era para las abejas de otro nido. “Los compuestos son los mismos, pero la composición cambia, de ahí que sea más atractivo para unas u otras. Esta comunicación específica se aprende y es determinante para evitar la competencia por alimento, principalmente cuando las rivales son agresivas”.
Los resultados también mostraron que las feromonas cambian de acuerdo con la alimentación seleccionada, así como tiene influencia la época del año en que se busque alimento. “También hay cambios si la abeja reina muere. Hay un periodo de transición y las obreras cambian su olor por el de la nueva reina”, puntualizó Jarau.
En el VIII Congreso Mesoamericano sobre abejas nativas, se presentaron 50 ponencias y 30 carteles relacionados con biología y biodiversidad, polinización y ecología, crianza y manejo de abejas nativas, usos y productos, saber local e indígena sobre las abejas nativas sin aguijón en la cultura actual y prehispánica, conservación, educación y experiencias productivas de grupos comunitarios organizados. Además, hubo puestos de exhibición y participaron cerca de 150 personas relacionadas con el sector apícola. (Fuente: UNA/DICYT)

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