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jueves, 14 de enero de 2016

LOS DINOSAURIOS REALIZABAN JUEGOS PREVIOS AL SEXO

agenciasinc.es

Los dinosaurios tenían conductas de apareamiento similares a las aves modernas. Así lo prueban los raspones descubiertos en rocas de hace 100 millones de años en Colorado (EE UU) por el equipo del paleontólogo Martin Lockley. Es la primera evidencia física de ceremonias de cortejo entre estos reptiles.

Reconstrucción de dinosaurios durante su actividad de exhibición sexual. / Ilustración de Lida Xing y Yujiang Han

Un equipo de científicos de la Universidad de Colorado en Denver (EE UU) ha hallado grandes raspones realizados por dinosaurios en piedra arenisca de hace 100 millones de años, similares a los que realizan las aves modernas y que son conocidas como ‘cerenominas de raspado’. Los machos hacen estas marcas para mostrar sus capacidades realizando una especie de ‘nidos’ para parejas potenciales.
"Este es el primer yacimiento con evidencias de apareamiento de los dinosaurios en los que se visualizan rituales, y la primera evidencia física de comportamiento de cortejo", dice el paleontólogo Martin Lockley, autor principal del estudio, que añade: "Estas enormes marcas de rascaduras rellenan el hueco que faltaba en nuestra comprensión del comportamiento de los dinosaurios". El estudio se publica en la revista Scientific Reports del grupo Nature.
Los científicos encontraron evidencias de más de 50 de estas raspaduras, algunas tan grandes como una bañera, en una zona de Colorado donde también se han confirmado huellas de dinosaurios carnívoros y herbívoros.
Los comportamientos de selección sexual son comunes en los mamíferos y las aves, pero hasta ahora los científicos solo podían especular sobre como sería durante el apareamiento de los dinosaurios. Suponían que podría ser similar a la de sus parientes modernos, los pájaros.
"Esta es una evidencia física de los juegos previos que son muy similares a los de las aves actuales, que utilizan la ceremonia del cortejo de rascado generalmente cerca de sus lugares de nidificación finales –señala el paleontólogo–. Así que la evidencia de raspadura fósil ofrece una pista de que los dinosaurios pudieron estar reunidos aquí hace millones de años para reproducirse y luego anidar cerca".
Lockley y su equipo han sido capaces de eliminar las marcas de raspado de las losas gigantes de roca sin dañarlos. Para ello, crearon imágenes 3D de las raspaduras usando una técnica de capas fotográficas llamada fotogrametría. También hicieron copias en moldes de caucho y fibra de vidrio de los rasguños, que están siendo almacenados en el Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver.

Los investigadores Martin Lockley (derecha) y Ken Cesta posan junto a los grandes rasguños de dinosaurio que descubrieron en el oeste de Colorado / Universidad de Colorado

jueves, 31 de diciembre de 2015

EL ÚLTIMO ANCESTRO COMÚN DE NEANDERTALES Y HUMANOS ANATÓMICAMENTE MODERNOS

noticiasdelaciencia.com

Sabemos que compartimos un antepasado humano común con los neandertales, la especie extinta que fue para nosotros, los humanos anatómicamente modernos, nuestro pariente evolutivo más próximo en la prehistoria. Pero el aspecto de ese antepasado común sigue siendo un misterio, dado que los fósiles del período del Pleistoceno Medio, durante el cual se dividió el linaje original, son extremadamente escasos y parciales.

El “fósil virtual” del último antepasado común de humanos y neandertales. (Imagen: Aurélien Mounier)

Ahora, el equipo de Aurélien Mounier, del Centro Leverhulme para Estudios de la Evolución Humana, adscrito a la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, ha aplicado "morfometría digital" y algoritmos estadísticos sobre fósiles de cráneos pertenecientes a la historia evolutiva de ambas especies, y ha recreado por primera vez en 3D la calavera del último antepasado común del Homo sapiens y de los neandertales.
El “fósil virtual” se ha simulado esquematizando un total de 797 “puntos de referencia” sobre cráneos fosilizados procedentes de los casi 2 millones de años de historia de los Homo, incluyendo un fósil de 1,6 millones de años de Homo erectus, cráneos de neandertal encontrados en Europa e incluso calaveras del siglo XIX de la colección Duckworth de Cambridge.
Los puntos de referencia sobre estas muestras proporcionaron un marco evolutivo desde el cual los investigadores pudieron predecir una línea de tiempo para la estructura craneal, o progreso morfológico, de nuestros antepasados. Después introdujeron en la línea de tiempo una calavera moderna escaneada digitalmente, deformándola para que encajase con los puntos de referencia a medida que se movían a lo largo de la historia.
Esto permitió a los investigadores concretar cómo la morfología de ambas especies podría haber convergido en el cráneo del último antepasado común, durante el Pleistoceno Medio, una era que se remonta a hace entre 100.000 y 800.000 años.
El equipo generó tres posibles formas de cráneo ancestral que correspondieron a tres diferentes momentos pronosticados de división entre los dos linajes. Recrearon digitalmente cráneos completos y después los compararon con los pocos fósiles originales y fragmentos de huesos de la época del Pleistoceno.
Esto les permitió concluir qué cráneo virtual era el que encajaba mejor con el antepasado más reciente que compartimos con los neandertales, y qué intervalo fue el más probable para la existencia de ese último antepasado común.
Estimaciones anteriores basadas en ADN antiguo habían predicho que el último antepasado común vivió hace unos 400.000 años. Sin embargo, los resultados obtenidos mediante el “fósil virtual” muestran que la morfología del cráneo ancestral que se acerca más a los fragmentos de fósiles del Pleistoceno Medio encaja mejor con una división de linajes unos 700.000 años atrás, y que, si bien esta población ancestral también estaba presente en toda Eurasia, el último antepasado común se originó muy probablemente en África.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

EL MISTERIO DE UNA ESPECIE HUMANA DISTINTA AL HOMBRE ANATÓMICAMENTE MODERNO Y QUE VIVIÓ HASTA EL FIN DE LA ERA GLACIAL

noticiasdelaciencia.com

Tal como ya se estimó en un estudio de hace varios años, un fémur de hace 14.000 años encontrado en China sugiere que una especie arcaica de humanos que se creía se había extinguido hacía mucho pudo en realidad sobrevivir hasta tan tarde como el final de la última Edad del Hielo.

Reconstrucción de individuo típico de la especie humana extinta descubierta en la cueva del Ciervo Rojo. (Imagen: Peter Schouten)

El hueso, encontrado entre los restos humanos de la enigmática cueva del Ciervo Rojo, en China, ha resultado tener características que se parecen mucho a las de algunos de los miembros más antiguos del género humano (Homo), a pesar de su joven edad.
El descubrimiento fue hecho por un equipo internacional de científicos dirigido por Darren Curnoe, de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Australia, y Ji Xueping, del Instituto de Reliquias Culturales y Arqueología de Yunnan en China.
Todo apunta a la posibilidad de que una especie pre-moderna se solapó en el tiempo con humanos anatómicamente modernos en el sector oriental del territorio continental de Asia.
El fémur se parece mucho a los de especies como el Homo habilis y el Homo erectus, que vivieron hace más de 1,5 millones de años.
El descubrimiento está siendo acogido con gran controversia porque, antes de él, se asumía que los más jóvenes de los humanos premodernos en el continente euroasiático, el neandertal de Europa y Asia Occidental, y el denisovano del sur de Siberia, se extinguieron hace unos 40.000 años, poco después de que los humanos anatómicamente modernos entraran en la región.
Entre otras características, se estima que la masa corporal del individuo típico de la especie humana de la cueva del Ciervo Rojo era de unos 50 kilogramos.
En definitiva, el enigma de las personas de la cueva del Ciervo Rojo prosigue sin visos de resolverse: ¿quiénes eran esas personas misteriosas de la Edad de Piedra? ¿Por qué sobrevivieron hasta tan tarde? Y también, ¿por qué solo en el sudoeste tropical de China?
Los resultados de la investigación se han hecho públicos a través de la revista académica PLoS ONE. La referencia del trabajo es la siguiente: Curnoe D, Ji X, Liu W, Bao Z, Taçon PSC, Ren L (2015) A Hominin Femur with Archaic Affinities from the Late Pleistocene of Southwest China. PLoS ONE 10(12): e0143332. doi:10.1371/journal.pone.0143332

LOS PRIMEROS DINOSAURIOS APARECIERON POCO DESPUÉS DE SUS PRECURSORES

agenciasinc.es

La historia temprana de los dinosaurios continúa sin aclararse del todo debido a un registro fósil muy limitado en el tiempo y el espacio. Científicos de Argentina, Brasil y EE UU han datado –con un sistema radioisotópico de alta precisión– las secuencias del estrato terrestre que marcan la frontera entre el origen de los dinosaurios y sus predecesores, hasta determinar que los primeros aparecieron relativamente pronto después de sus parientes más cercanos.

Representación artística de animales que escapan de un volcán en erupción hace 235 millones de años en el noroeste de Argentina. Entre estas especies, que se encuentran en el registro fósil de la Formación Chanares, incluye a los parientes de los mamíferos tempranos y los predecesores de los dinosaurios. / Victor Leshyk

Un nuevo estudio, liderado por la Universidad de Buenos Aires (Argentina), ha determinado que el tiempo transcurrido entre la aparición de los familiares de los dinosaurios tempranos y el origen de los primeros dinosaurios es mucho más corto de lo que se creía anteriormente.
"Descubrir que estos familiares de los dinosaurios tempranos eran geológicamente mucho más jóvenes de lo que antes se pensaba fue algo totalmente inesperado", dice Randall Irmis, profesor asociado de paleontología en el Museo de Historia Natural de Utah ( EE UU) y coautor del trabajo que publica la revista PNAS.
El equipo de Irmis fue el encargado de realizar las mediciones de isótopos radiactivos de los sedimentos de la Formación Chañares (Argentina), famoso por sus fósiles de familiares de dinosaurios tempranos.
Este hallazgo no solo coloca una nueva línea de tiempo en la conexión entre los familiares de los dinosaurios y su origen en la formación geológica argentina donde se realizó la datación de los estratos fósiles, sino también en otras formaciones de todo el mundo.
El equipo encontró que el yacimiento y, por tanto, los fósiles encontrados en el mismo, tenían una antigüedad de entre 234 a 236 millones de años, esto implica una estimación de entre cinco y diez millones más joven que la evaluación previa –se consideraban del Triásico Medio–.

Un cementerio de dinosauromorfos en La Rioja argentina

La Formación Chañares es una de formación geológica de aproximadamente 75 metros de espesor formada por sedimentos depositados por ríos, arroyos y lagos durante el período Triásico, en la actual provincia de La Rioja, al noroeste de Argentina.
"Entre las formaciones geológicas que contienen fósiles del Triásico, la Formación Chañares es un clásico. Contiene una variedad de especímenes fósiles completos de los primeros dinosauromorphs, que son esencialmente de tías, tíos y primos de los dinosaurios", añade Irmis.
En la actualidad, el paisaje de esta formación parece una reminiscencia del desierto del sur de Utah en EE UU. Antes, cuando los dinosauromorfos vagaban por estas tierras, eran más tropicales y exuberantes. En ese momento la Tierra estaba en un estado ‘invernadero’, extremadamente cálido, sin casquetes polares y con altos niveles de dióxido de carbono en la atmósfera.
"La Formación Chañares contiene tobas, o cenizas volcánicas, que se pueden fechar con gran precisión. Así que en esta cuenca, no solo hay muchos restos de alta calidad y fósiles completos que nos permiten identificar fácilmente los taxones, sino también hay tobas en el medio que nos permiten datar la columna completa", dice Claudia A. Marsicano, autora principal del estudio en la Universidad de Buenos Aires.

Dataciones de alta precisión

Las muestras de rocas que se recogieron incluyen ceniza volcánica de las erupciones que tuvieron lugar, al mismo tiempo, que se depositaban los sedimentos. Las muestras fueron trituradas para extraer cristales de circón de esta ceniza.
Si estos cristales formados durante el período Triásico solo incorporan uranio, con el tiempo, este se descompone en plomo en una tasa exacta que se conoce. Mediante la medición de la proporción de uranio y plomo en cada cristal de circón, gracias a espectrómetro de masas –un instrumento que separa los elementos e isótopos en masa y la concentración– los investigadores fueron capaces de determinar la edad precisa de los cristales.
"Si se desea restringir un evento evolutivo importante, como el comienzo de un grupo o la diversificación, la metodología tiene que tener un margen de error es mucho más pequeño. Para algo que sucede en el transcurso de unos 600 millones de años, un error de entre tres y cuatro millones de años no es estadísticamente significativo. Pero si algo sucede en el transcurso de entre 10 y 12 millones de años, como la diversificación de un grupo, un error de este tipo es un gran problema", añade Marsicano.

Referencia bibliográfica:

Claudia A. Marsicano, Randall B. Irmis, Adriana C. Mancuso, Roland Mundil y Farid Chemale. “The precise temporal calibration of dinosaur origins”, PNAS 6 diciembre de 2015

¿QUIÉN SE COMÍA A QUIÉN DURANTE EL PLEISTOCENO?

agenciasinc.es

Un estudio español ha permitido reconstruir por primera vez las interacciones entre diferentes especies de grandes mamíferos de 27 redes tróficas terrestres del Pleistoceno en Europa. En algunas de ellas los humanos eran un elemento clave y estaban conectados a muchas especies como predadores, carroñeros o presas. Los resultados del trabajo revelan también que en esa época había más interacciones, seguramente por el mayor número de especies carroñeras en el ecosistema.

Durante el Pleistoceno, los humanos eran predadores, carroñeros o presas. / Jesús Rodríguez

Las redes tróficas son representaciones gráficas de las relaciones alimentarias en una comunidad biológica o, dicho más sencillamente, un esquema que muestra “quién se come a quién”.
En el trabajo, publicado en Quaternary International, el equipo de científicos del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) y el IPHES ha aplicado una metodología muy habitual en el estudio de redes tróficas actuales, pero muy poco utilizada en paleontología.
Los autores han reconstruido las interacciones entre las diferentes especies de grandes mamíferos en 27 redes tróficas de entre 2,5 millones y 500.000 años de antigüedad, ocho de las cuales incluían a los humanos. A partir de estas reconstrucciones se han medido diferentes parámetros que describen la estructura y funcionamiento de la red.
Esto ha permitido a Jesús Rodríguez y Ana Mateos, investigadores del CENIEH, y a Sergi Lozano, del IPHES, mostrar la arquitectura de las redes tróficas terrestres del Pleistoceno.

Más carroñeros durante el Pleistoceno

Los resultados muestran que las redes del Pleistoceno compartían las características básicas de las redes actuales, como el número de interacciones entre las especies o por especie, pero también que presentaban algunas características distintivas.
Una muy clara es la "conectancia", que mide el número de conexiones en la red respecto al máximo teórico, es decir, si hay más o menos interacciones por especie. "En el Pleistoceno el número de interacciones era mayor, pero interpretamos que esto se debe al mayor número de especies carroñeras en el ecosistema”, afirma Rodríguez.
Según los expertos, las redes en las que estaban presentes, los humanos eran un elemento clave en la canalización de los flujos de energía. “Los homínidos estaban conectados a muchas especies como predador, carroñero o presa, por eso ocupaban un lugar central en la red y muchas de las ‘rutas’ por las que fluía la energía en la red pasaban por ellos”, declara el investigador.

Referencia bibliográfica:

S. Lozano et al. "Exploring paleo food-webs in the European Early and Middle Pleistocene: A network analysis" Quaternary International Noviembre de 2015

miércoles, 11 de noviembre de 2015

TRAS EL RASTRO DE UN DINOSAURIO COJO EN LA RIOJA

agenciasinc.es

Un dinosaurio ornitópodo que vivió hace unos 120 millones de años en lo que es hoy La Rioja tenía una patología en el pie izquierdo. Gracias al estudio de las 31 huellas fosilizadas encontradas en el yacimiento de El Barranco de la Canal, investigadores del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont revelan que este animal caminaba de forma irregular probablemente debido al dolor que le provocaba una lesión.

Icnitas analizadas en el yacimiento de El Barranco de la Canal, en La Rioja. / Novella Razzolini (ICP)

Las huellas fósiles –también llamadas icnitas– que los dinosaurios dejaron impresas en el sedimento proporcionan mucha información sobre estos dinosaurios: el tamaño, el desplazamiento, la velocidad, el comportamiento (si eran gregarios o solitarios, por ejemplo), el grupo al que pertenecían e, incluso, detectar si alguno de ellos presentaba una patología.
Un estudio, liderado por Novella Razzolini, investigadora del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont (ICP), analiza un rastro formado por 31 huellas que dejó un dinosaurio ornitópodo en el yacimiento de El Barranco de la Canal, cercano al municipio de Munilla (La Rioja).
Los ornitópodos constituyen un extenso grupo de dinosaurios herbívoros. Las huellas encontradas en este yacimiento probablemente pertenecen a un ornitópodo iguanodóntido, que pudo llegar a los once metros de longitud y los dos metros de altura.
Mediante técnicas láser y fotogrametría 3D (una técnica que permite determinar las características geométricas de un objeto a partir de fotografías), el equipo de científicos determinó que el dinosaurio sufría una lesión en el segundo dedo del pie izquierdo, lo que le hacía caminar de forma irregular, posiblemente para evitar el dolor que le causaba esta patología.
"Observamos que los pasos izquierda-derecha son significativamente más cortos que los pasos derecha-izquierda, lo que nos hace pensar en una cojera provocada por la lesión", explica Razzolini.

Pies con formas distintas

Además de analizar la anchura de los pasos, la investigación, publicada en Cretaceous Research, apoya la hipótesis de la lesión al demostrar que las huellas del pie izquierdo tienen una morfología distinta de las del pie derecho.
Las de la derecha tienen una forma que ya era conocida en esta especie de ornitópodos del Cretácico inferior, llamada Caririchnium lotus porque la distribución uniforme de los dedos recuerda vagamente a los pétalos de la flor del loto. Sin embargo, en el pie izquierdo se observa como el segundo dedo casi se solapa sobre el tercero. "A pesar de esta afectación, también vemos que la velocidad de desplazamiento del animal no estaba alterada", comenta la investigadora principal del estudio.
Tradicionalmente los estudios de este tipo se centraban sólo en la morfología de las icnitas. En este caso, los expertos cuantificaron las diferencias entre huellas mediante un nuevo parámetro llamado "ancho interdigital", que ha permitido certificar estadísticamente las diferencias entre las huellas de un pie y del otro. Las icnopatologias (alteraciones en las huellas producidas por lesiones) son difíciles de distinguir de las huellas irregulares causadas por la deformaciones del terreno.
Hace 120 millones de años, durante el Cretácico inferior, esta zona de la Rioja era un terreno lacustre con presencia de agua salada. El tipo de suelo, formado por arenas y limos, favoreció la conservación de los rastros de los animales que vivieron allí. Además de dinosaurios ornitópodos, se han encontrado huellas producidas por dinosaurios carnívoros, placas de tortugas y escamas de peces, entre otros restos.

Referencia bibliográfica: 


Razzolini, N.L., Vila, B., Diáz-Martínez, I., Manning, P.L. & Galobart, À. (2015). "Pes shape variation in an ornithopod dinosaur trackway (Lower Cretaceous, NW Spain): New evidence of an antalgic gait in the fossil track record" Cretaceous Research 58: 125-134. DOI: 10.1016/j.cretres.2015.10.012

sábado, 24 de octubre de 2015

CÓMO LA EVOLUCIÓN CONDUJO A LAS JIRAFAS HASTA SU LARGUÍSIMO CUELLO

noticiasdelaciencia.com

El cuello llamativamente largo de las jirafas siempre ha llamado la atención de los científicos y del público en general. ¿Cómo llegaron estos animales a través de la evolución hasta este rasgo anatómico tan peculiar? Los científicos hace mucho que teorizan que el largo cuello de las jirafas actuales evolucionó para permitirles acceder a más vegetación de la que alimentarse o para desarrollar un método especializado de lucha.

Ilustración de la prolongación y acortamiento del cuello dentro de la familia de las jirafas. Se indican el nombre, y los millones de años atrás. El okapi y la jirafa son los actuales. (Imagen: Nikos Solounias y Melinda Danowitz)

Un nuevo estudio de vértebras cervicales fósiles, realizado por el equipo de Nikos Solounias, especialista en anatomía de las jirafas y paleontólogo del Instituto Tecnológico de Nueva York en Estados Unidos, revela que la evolución sucedió probablemente en varias etapas, dado que una de las vértebras del cuello del animal se alargó primero hacia la cabeza y luego hacia la cola, un millón de años después. La investigación muestra, por primera vez, los detalles específicos de la transformación evolutiva en especies extintas dentro de la familia de las jirafas.
Solounias y Melinda Danowitz estudiaron 71 fósiles de nueve especies extintas y dos vivas en la familia de las jirafas. Los huesos, descubiertos a finales del siglo XIX y principios del XX, estaban guardados en museos de todo el mundo, incluyendo algunos del Reino Unido, Austria, Alemania, Suecia, Kenia y Grecia.
También han encontrado que la jirafa más primitiva ya comenzó con un cuello ligeramente alargado. El alargamiento se inició incluso antes de que la familia de las jirafas se hubiera creado hace 16 millones de años.
Pero el principal descubrimiento vino después de que los investigadores analizaran las características anatómicas de los diversos fósiles y los compararan con el árbol evolutivo. Mientras el cuello de la jirafa ya reconocible como tal se estaba haciendo más largo, el cuello de otro miembro de su familia se estaba acortando.
Tras millones de años de evolución, el okapi, que se encuentra en África Central y es el otro miembro superviviente de la familia de las jirafas, difiere por completo de la jirafa en cuanto a longitud del cuello.

miércoles, 21 de octubre de 2015

UN PEQUEÑO MAMÍFERO DE CUENCA REVELA LOS PRIMEROS RASTROS EVOLUTIVOS DEL PELO

agenciasinc.es

Los restos de un mamífero de hace 125 millones de años, encontrados en el yacimiento de Las Hoyas (Cuenca), han revelado las primeras pruebas evolutivas del pelaje en mamíferos. Este hallazgo fósil, llamado Spinolestes, lucía una melena de pelos largos y la espalda cubierta por espinas finas, como los actuales erizos.

Los restos de un mamífero de hace 125 millones de años, encontrados en el yacimiento de Las Hoyas (Cuenca), han revelado las primeras pruebas  evolutivas del pelaje en mamíferos. Esta imagen es una reconstrucción del mamífero Spinolestes, que, al igual que los modernos erizos, tiene una piel espinosa en su espalda como dispositivo de protección. / Óscar Sanisidro

En el yacimiento de Las Hoyas, en Cuenca, se preservan detalles excepcionales de todo tipo de organismos del Cretácico Inferior que permiten descifrar la evolución, no solo del esqueleto, sino también de los tejidos blandos que caracterizan a las especies modernas. 
Un equipo internacional, liderado desde la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), presenta esta semana en la revista Nature el único mamífero hallado hasta ahora en este ecosistema de hace 125 millones de años. La extraordinaria preservación del fósil revela las primeras evidencias evolutivas del pelo en mamíferos. Tenía en la espalda diminutas espinas, de una décima parte de un milímetro de diámetro, similares a las de erizos actuales.
La nueva especie se llama Spinolestes xenarthrosus y pertenece a un grupo primitivo de mamíferos extintos, los triconodontos. El pequeño animal, de tamaño similar a una zarigüeya, se ha presentado en una rueda de prensa en el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha (Cuenca).    
“Se trata de la primera especie fósil que revela de modo inequívoco la estructura microscópica del pelo que recubre la piel de los actuales mamíferos”, afirmó Ángela D. Buscalioni, directora del proyecto I+D Las Hoyas y miembro de la Unidad de Paleontología de la UAM.

Pequeño excavador

Spinolestes xenarthrosus vivió hace 125 millones de años en lo que por entonces era uno de los primeros humedales tropicales del planeta, alimentándose posiblemente de insectos y larvas.
Pesaba entre 50 y 70 gramos y se caracterizaba por tener el oído medio desarrollado, vértebras lumbares con múltiples articulaciones y molares con tres cúspides. También tenía melena en el cuello y una corta cresta que le recorría la espalda. Las manos, propias de los animales que se han adaptado 
a la excavación, sugieren un estilo de vida similar al de las actuales musarañas acorazadas.
“El hallazgo demuestra que, contrario a lo que se creía, la evolución del pelo, junto con otras estructuras de la piel, no ocurrió gradualmente, sino que tuvo lugar simultáneamente en el origen del linaje”, detalló la investigadora durante la presentación en Cuenca.
Además, los tejidos blandos fosilizados en el tórax y el abdomen forman lo que los autores creen que es un diafragma muscular. Jesús Marugán-Lobón, del mismo equipo de trabajo, resaltó que “Spinolestes conserva los bronquiolos pulmonares y el contorno del hígado, demarcando la ubicación del diafragma, lo que ​proporciona la huella más antigua del sistema respiratorio en mamíferos”.
“Las impresiones de piel ofrecen además la primera evidencia de pabellones auriculares en el registro fósil de este grupo biológico”, destacó Hugo Martín-Abad, también de la Unidad de Paleontología de la UAM.
Los investigadores españoles firman el trabajo junto a paleontólogos de las Universidades de Bonn (Alemania), Rennes (Francia) y Chicago (EE.UU.).

Restos fósiles de Spinolestes xenarthrosus. / UAM

Técnicas de microscopía electrónica de barrido (SEM), tomografía computarizada (TC) y análisis de composición mineral por energía dispersiva de rayos X (EDAX), han permitido obtener imágenes a nivel celular del tejido blando y el pelo de este pequeño excavador.

Un humedal primigenio

En más de 30 años de investigación, el yacimiento de Las Hoyas ha revelado el registro completo de un humedal del Cretácico Inferior compuesto por más de 250 especies, entre las que se encuentran importantes fósiles de dinosaurios (Pelecanimimus, Concavenator) y aves primitivas con dientes y garras (Iberomesornis, Concornis).
Los suelos anegados, charcas y lagunas de agua dulce que dominaron el lugar, sumado a un fino y poco frecuente proceso de fosilización atribuido a algas y bacterias, han terminado por ofrecer un escenario privilegiado para el estudio de importantes hitos evolutivos, como el momento en el que aparecieron las primeras plantas con flores y la diversificación de muchas de las especies animales que hoy conocemos.

Referencia bibliográfica:

A Cretaceous eutriconodont and integument evolution of early mammals. Doi:10.38/Nature14905.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

LA PEOR EXTINCIÓN MASIVA DE LA TIERRA COMENZÓ EN SIBERIA

noticiasdelaciencia.com

En una nueva investigación se ha determinado que el mecanismo más probable para la extinción masiva más grande en la historia de la vida animal, sufrida hace unos 252 millones de años, se puso en marcha muy probablemente en Siberia

(Imagen: Jose Luis Olivares / MIT)

En aquella aciaga época, la vida en la Tierra se derrumbó de una forma espectacular y sin precedentes, cuando más del 96 por ciento de las especies marinas y el 70 por ciento de las especies terrestres desaparecieron en un instante geológico. La, así llamada, Gran Extinción de finales del periodo Pérmico sigue siendo el suceso de extinción más grave de la historia de nuestro planeta.
Ya se sospechaba desde hace tiempo que el inicio de la catástrofe tuvo lugar en una zona siberiana caracterizada por una sucesión de raras colinas que parecen grandes escalones o terrazas, y que son conocidas como las Traps Siberianas. El término "Traps" deriva de la palabra sueca "Trapp", que significa escalón. Esas raras estructuras geológicas, como se ha ido descubriendo en tiempos recientes, fueron generadas por colosales erupciones volcánicas que aumentaron las temperaturas de la atmósfera y del mar y liberaron cantidades tóxicas de gases de efecto invernadero en el medio ambiente durante un corto período de tiempo. Sin embargo, había dudas sobre si la actividad del magma fue la principal culpable, o si simplemente agravó una catástrofe ya en marcha.
El equipo de Sam Bowring, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en la ciudad estadounidense de Cambridge, y Seth Burgess, del USGS (U.S. Geological Survey, el servicio estadounidense de prospección geológica), ha logrado ahora determinar con mayor precisión la fecha del afloramiento del magma, y de ese modo ha podido establecer que las Traps Siberianas entraron en erupción en el momento propicio, y durante el tiempo adecuado, para tener la capacidad de provocar la extinción de finales del Pérmico.
Según la cronología confeccionada por el grupo, las erupciones explosivas empezaron unos 300.000 años antes del comienzo de la Gran Extinción. Cantidades enormes de lava corrieron sobre la tierra y fluyeron también bajo la superficie, creando inmensas capas de roca ígnea en la corteza superficial. El volumen total de erupciones e intrusiones fue suficiente para cubrir una región del tamaño de Estados Unidos con un manto de magma de un kilómetro de espesor. Unos dos tercios de este magma probablemente surgieron antes y durante el período de la extinción masiva; el último tercio lo hizo en los 500.000 años posteriores al final del episodio de extinción. Esta nueva cronología señala a las Traps Siberianas como el principal sospechoso de la muerte de la mayoría de las especies del planeta a fines del Pérmico.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

DESCUBREN UNA NUEVA ESPECIE DE HOMÍNIDO

noticiasdelaciencia.com

Un equipo internacional de científicos, con colaboración del Museo Nacional de Ciencias Naturales, en España, describe una nueva especie de homínido, llamada Homo naledi, cuya morfología se sitúa entre los géneros Australopithecus y Homo. Los científicos, que desconocen aún cuándo vivió este homínido, hallaron los restos de al menos 15 individuos de esta especie en el yacimiento Dinaledi en Sudáfrica.

Reconstrucción de Homo naledi por el paleoartista John Gurche, que pasó más de 700 horas para recrear la cabeza a partir de los escáneres de los huesos. (Foto: Mark Thiessen/National Geographic)

Con una capacidad craneal de alrededor de 500 cm3, mucho menor que la de humanos actuales, Homo naledi tenía características muy cercanas al género Homo en cuanto a masticación, manipulación y locomoción se refiere. Sin embargo por la estructura de su torso y el juego del tórax con la pelvis, aparte de la capacidad craneal, se acercaría más a Australopithecus, un género de primates homínidos que desapareció hace unos dos millones de años.
“No disponemos todavía de dataciones así que, de momento, no podemos saber cuándo vivió, pero, morfológicamente, los análisis sitúan a la nueva especie en el origen del género Homo”, explica Markus Bastir, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).
“Además, estos fósiles indican que la evolución de aspectos tan importantes como la manipulación y la locomoción se produjo independientemente de la encefalización, es decir, del aumento del tamaño cerebral”, continúa Bastir.
Según los resultados de la descripción de Homo naledi, realizada por científicos de la Universidad de Witwatersrand de Johannesburgo (Sudáfrica), la Universidad de Nueva York (EE UU) y el MNCN-CSIC y publicada hoy en la revista eLIFE, la morfología de la nueva especie de homínido se sitúa entre los géneros Australopithecus y Homo. Los investigadores analizaron los restos de 15 individuos en diferentes etapas de desarrollo hallados en el yacimiento Dinaledi, encontrado en la cueva Rising Star (Sudáfrica) en 2013.
En el yacimiento no se ha excavado más de un metro cuadrado, pero ya han encontrado más de 1.550 fósiles, el mayor número de restos asociados jamás encontrados en el continente africano.
La importancia de este descubrimiento radica en que estos individuos no sólo pertenecieron a la misma especie, sino que eran una misma población, algo no muy frecuente en paleoantropología. En España en yacimientos como El Sidrón (Asturias) o en Atapuerca se ha encontrado algo parecido.
Además, están representados la mayoría de los elementos del esqueleto. “Estamos ante una estupenda oportunidad para obtener información que nos permita reconstruir nuestra compleja historia evolutiva”, apunta el investigador.
Un aspecto importante es la hipótesis que sugiere que los cuerpos fueron colocados deliberadamente por sus congéneres en la cámara Dinaledi. “Aunque las condiciones de sedimento impiden por ahora una datación, los datos apuntan a que esta especie de Homo, morfológicamente primitiva, podría haber tenido unos patrones de comportamiento más complejos de los que le atribuimos en un principio”, contextualiza Bastir. 
”Al no tener la referencia de la edad geológica, el significado evolutivo es difícil de determinar”, aclara el experto. Si la edad de los fósiles fuera más antigua de 2,6 millones de años (datación del fragmento de mandíbula descrito recientemente en la revista Science), los fósiles de H. naledi serían la representación esquelética más completa de un grupo de homínidos y la más antigua del género Homo.
Pero "si su cronología fuera menor de un millón de años, los restos encontrados serían la prueba de la coexistencia en África de especies del género Homo muy diferentes entre sí”, continúa el investigador.
Para analizar los restos, la Universidad de Witwatersrand junto con el gobierno de Sudáfrica organizó en Johannesburgo en mayo de 2014 un taller denominado “Rising Star Workshop”. Financiado en gran medida también por National Geographic, se invitó a científicos especializados en las diferentes regiones anatómicas a compartir sus datos y su experiencia, para que cada especialista pudiera hacer un análisis exhaustivo relacionado con su área concreta de trabajo.
Los investigadores del MNCN-CSIC, Markus Bastir y Daniel García Martínez, se centraron en el estudio del tórax de la nueva especie. A partir del análisis de los fósiles de diferentes fragmentos vertebrales y costales, han determinado cómo era la estructura del tórax de H. naledi. Los resultados detallados están en fase de publicación en el Journal of Human Evolution.
El tórax es un sistema anatómico complejo compuesto por más de 30 huesos entre costillas y vértebras. Los paleoantropólogos casi nunca cuentan con todos los elementos del tórax, muchas veces las costillas están fragmentadas y nunca disponen de los tejidos blandos que lo componen.
“Averiguar cómo se articulan las costillas a las vértebras y las vértebras entre sí, así como deducir la curvatura de la costilla a partir de un simple fragmento del hueso, forma parte de una reconstrucción muy compleja”, explica Bastir. “Eso es precisamente lo que hemos desarrollado en el laboratorio de morfología virtual de MNCN, una metodología que permite proponer reconstrucciones de una estructura tan compleja como el tórax a partir de alguna de sus partes”, continúa Daniel García Martínez.
El desarrollo de este proyecto comenzó en 2011, cuando iniciaron los trabajos para modelizar un tórax neandertal. Ahora no solo saben cómo era el tórax de un neandertal sino que han logrado hacer predicciones cuantitativas de cómo ha evolucionado esta parte del cuerpo.
Con una base de datos que contiene información de la estructura del tórax de Homo sapiens, así como de algunos de los grandes simios y otros primates no humanos, los investigadores pudieron comparar los datos de las especies actuales con los de los fósiles encontrados para estimar cómo era el tórax de H. naledi. Además, han determinado que, morfológicamente, su tórax era más próximo al de los individuos del género Australopithecus que a los de humanos modernos.
Este mismo grupo ya descubrió en 2013 que la parte superior del tórax crece de forma independiente de la parte inferior, lo cual encaja con las teorías de otros investigadores que proponen que la evolución de estas dos partes del cuerpo se produce de forma independiente. Esto es debido a que la parte superior se vincula con los brazos mientras que la parte inferior está en coordinación con la pelvis y las extremidades inferiores. (Fuente: MNCN-CSIC)

martes, 8 de septiembre de 2015

DESCUBREN UN ‘ESCORPIÓN MARINO’ GIGANTE

agenciasinc.es

Hace 460 millones de años, en las profundidades marinas de lo que hoy es el estado estadounidense de Iowa vivía una especie de euriptérido o gigantostráceo, también conocido como ‘escorpión marino’. Pero este artrópodo no pertenecía a la familia de los escorpiones porque carecía de glándula venenosa. En realidad estaba más emparentado con las arañas modernas. Lo sorprendente de Pentecopterus decorahensis es que medía más de metro y medio.

Ilustración de Pentecopterus decorahensis. / Patrick Lynch (Universidad de Yale)

Los euriptéridos fueron unos monstruosos predadores que nadaron en los mares más antiguos de hace cientos de millones de años. El descubrimiento de una nueva especie extinta de estos ‘escorpiones marinos’ permite datarla en 460 millones de años de antigüedad, lo que la convierte en la más antigua hasta ahora conocida.
Según el estudio, que se publica en la revista BMC Evolutionary Biology, los restos fósiles de Pentecopterus decorahensis –denominado así por su semejanza en cuanto a movimientos con el pentecóntero, un barco de guerra griego– se encontraron en Iowa (EE UU) y miden más de un metro y medio.
“La nueva especie es increíblemente rara. La forma de la pata, que debió de servir para nadar, es única, así como la forma de su cabeza. Además era muy grande”, describe James Lamsdell, investigador en la Universidad de Yale (EE UU) y autor principal del trabajo.
Pero sin duda, lo que más ha sorprendido a los científicos es su estado de conservación: el exoesqueleto está comprimido en la roca pero ha podido ser retirado para estudiarlo bajo microscopio. “Esto muestra una asombrosa cantidad de detalles como las marcas de pequeños pelos sobre las patas”, detalla Lamsdell quien recalca que es como analizar la piel mudada de un animal actual.

Pata de Pentecopterus. / James Lamsdell

Monstruos marinos gigantes, al detalle

Los investigadores hallaron más de 150 fragmentos fósiles de la nueva especie al excavar la capa superior del conjunto sedimentario de Winneshiek al noreste de Iowa –un esquisto de arena de 27 metros de espesor localizado en el cráter de un antiguo impacto de meteorito en su mayoría sumergido por el río–.
Algunos segmentos corporales sugieren que el artrópodo pudo medir hasta 1,7 metros de largo, convirtiéndose en el mayor euriptérido de su era. Pero sus fósiles también han permitido detallar partes de anatomía. Ejemplo de ello es que la extremidad trasera incluye una pata con una gran superficie y articulaciones que parecen estar bloqueadas para reducir la fuerza. Pentecopterus decorahensis pudo usar estas patas para nadar o cavar.
Las otras dos extremidades de la parte trasera parecían estar implicadas en la captura de presas más que en la locomoción. Los autores constataron además que estos tres miembros traseros eran más cortos que los delanteros, por lo que sugieren que el ‘escorpión marino’ anduvo sobre seis patas en lugar de ocho.

Referencia bibliográfica:

James C. Lamsdell, Derek E. G. Briggs, Huaibao P. Liu, Brian J. Witzke and Robert M. McKay . “The oldest described eurypterid: a giant Middle Ordovician (Darriwilian) megalograptid from the Winneshiek Lagerstätte of Iowa” BMC Evolutionary Biology 2015 doi 10.1186/s12862-015-0443-9

CUATRO GRANDES ETAPAS MARCARON LA EVOLUCIÓN DEL CUERPO HUMANO

agenciasinc.es

Un grupo de investigadores de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca –encabezados por Juan Luis Arsuaga, director científico del Museo de la Evolución Humana de Burgos– ha analizado los fósiles de la Sima de los Huesos y propone un modelo de la evolución del cuerpo humano en cuatro grandes fases o diseños anatómico-funcionales.

Representación de Homo erectus junto a un Homo sapiens. / Fotolia

Investigadores de diferentes centros españoles, liderados por el Centro Mixto Universidad Complutense de Madrid e Instituto de Salud Carlos III de Evolución y Comportamiento Humanos, han analizado con todo detalle la colección de fósiles del esqueleto postcraneal (del cuello para abajo), recuperados durante los últimos 20 años en el yacimiento de la Sima de los Huesos (Atapuerca), datado en unos 430.000 años.
El análisis de los restos de la Sima de los Huesos –el mayor conjunto de huesos del cuerpo jamás hallado, que representa una parte muy importante del registro fósil del esqueleto (excluido el cráneo) anterior a los neandertales y a los humanos modernos–  ha permitido establecer cuatro grandes patrones sucesivos en la evolución del cuerpo humano.
Según los resultados, que se publican en la revista PNAS, las cuatro etapas incluyen la de los ardipitecos (arborícola y tal vez ocasionalmente bípedo); la de los australopitecos (bípedo obligado pero con notables capacidades arbóreas); la del humano “arcaico” al que pertenecen Homo erectus y la población de la Sima de los Huesos (de cuerpo alto en comparación con los tipos somáticos anteriores, ancho y robusto, y locomoción exclusivamente terrestre); y la del humano moderno (de tipo alto, estrecho y esqueleto grácil).
"Se ha realizado una investigación global del esqueleto (forma del cuerpo, peso, altura, dimorfismo del tamaño corporal) y un análisis detallado de cada parte anatómica para poder establecer la evolución de la forma del cuerpo en el género Homo que ahora se propone”, aclara Carlos Lorenzo, uno de los coautores del estudio e investigador del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES).

El caso de los neandertales

En cuanto al somatotipo de los neandertales, los autores concluyen que pertenecería al tercer tipo, “aunque estos humanos habrían desarrollado ciertas características propias, algunas de las cuales ya se insinúan en la población de la Sima de los Huesos, que ayuda así a entender mejor el origen de los rasgos neandertales”, declara el equipo, encabezado por Juan Luis Arsuaga, director científico del Museo de la Evolución Humana de Burgos.
El trabajo señala que los humanos de la Sima de los Huesos eran relativamente altos –una estatura media de 1,63 metros–, con anchos y musculosos cuerpos –con una masa corporal media de unos 69 kilos– pero menos masa cerebral que la de los neandertales. Estos compartieron muchas características con los neandertales que no están presentes en los humanos modernos, según indican los análisis de los restos postcraniales.
Para los investigadores, este modelo arroja luz sobre el tamaño y anatomía general de los primeros humanos que vivieron durante el último millón de años antes de la aparición de los humanos modernos.

Referencia bibliográfica:

Juan-Luis Arsuaga et al. “Postcranial morphology of the middle Pleistocene humans from Sima de los Huesos, Spain” PNAS 31 de agosto de 2015

lunes, 31 de agosto de 2015

UN LAGARTO FÓSIL HALLADO EN BRASIL DA UN VUELCO A LA EVOLUCIÓN DE ESTOS REPTILES

agenciasinc,es

Una nueva especie de lagarto fósil descubierta en la región de Paraná (Brasil) y bautizada como Gueragama sulamericana, desafía las teorías actuales sobre la evolución de estos reptiles. El animal tiene una edad aproximada de unos 80 millones de años, y remonta a esas fechas el origen del grupo de los acrodonta, cuyos dientes se fusionan en la parte superior de sus mandíbulas.


domingo, 16 de agosto de 2015

LA COMPETICIÓN CON LOS PREDECESORES DE LOS FELINOS MODERNOS CONDUJO A LA EXTINCIÓN A MUCHAS ESPECIES CÁNIDAS ANTIGUAS

noticiasdelaciencia.com

Los resultados de una nueva investigación indican que para la familia de los cánidos (Canidae, a la cual pertenecen animales modernos como el perro, así como lobos, zorros y otros), la rivalidad con los ancestros de los felinos (subfamilia de la que un miembro actual muy abundante y conocido es el gato, tradicionalmente visto como enemigo del perro) tuvo un papel más importante en la extinción de diversas especies cánidas antiguas que el ejercido por los cambios del clima en el pasado. La influencia evolutiva ulterior que esa competición tuvo sobre la familia del perro fue igualmente importante.

La competición con los predecesores de los felinos modernos condujo a la extinción a muchas especies cánidas antiguas. (Foto: Michele Silvestro)

El equipo internacional de Daniele Silvestro, de la Universidad de Gotemburgo en Suecia, analizó más de 2.000 fósiles, constatando que la llegada de los félidos (Felidae, familia de la que forman parte los felinos) a América del Norte, procedentes de Asia, tuvo un impacto letal sobre la diversidad de la familia de los cánidos, lo que contribuyó a la extinción de hasta 40 de sus especies.
La familia a la que pertenecen los perros se originó en América del Norte hace unos 40 millones de años y alcanzó su diversidad máxima hace alrededor de 22 millones de años, cuando más de 30 especies habitaban el continente. Hoy en día, solo viven 9 especies de esta familia en Norteamérica. Aumentaron progresivamente su tamaño corporal y se especializaron en convertirse en grandes depredadores. Algunos de ellos excedieron los 30 kilogramos (66 libras) y estaban entre los mayores carnívoros en Norteamérica.
El éxito evolutivo de los animales carnívoros está conectado de forma inevitable a su capacidad de obtener comida. La cantidad limitada de recursos (presas) impone una fuerte competición entre los carnívoros que comparten la misma área de distribución geográfica. Por ejemplo, los carnívoros africanos como perros salvajes, hienas, leones y otros félidos están constantemente compitiendo entre sí por la comida. Los carnívoros de América del Norte podrían haber seguido primitivamente dinámicas similares. Mientras que los félidos del pasado tuvieron según parece un impacto muy negativo sobre la supervivencia de los cánidos antiguos, estos no lo tuvieron sobre los félidos. Esto sugiere que los félidos debieron ser depredadores más eficientes que la mayoría de las especies extintas de la familia de los cánidos.

ESPAÑA, TIERRA DE DINOSAURIOS

agenciasinc.es

Durante las últimas décadas, España ha disfrutado de un auténtico boom paleontológico, un fenómeno que ha captado la atención de expertos y aficionados, y ha permitido hallar nuevas especies de dinosaurios desconocidos en el territorio nacional. Para acercarse un poco más a este mundo, cualquier turista puede recorrer los museos y parques temáticos que se distribuyen por toda la Península, una ruta solo comparable con las zonas más 'dinomaníacas' del planeta.

Algunas de las principales especies de dinosaurios, reptiles voladores y lagartos que vivieron en la Península hace más de 50 millones de años / José Antonio Peñas / Sinc

Hubo una época en la que dinosaurios, reptiles voladores y otras especies ‘de película’ campaban a sus anchas por la Tierra. Más de 65 millones de años después, el territorio que ocupa hoy España todavía conserva los restos de su paso, un testimonio en gran parte oculto hasta el boom de la paleontología española de los últimos 25 años. Huesos, pisadas y esqueletos que han sacado a la luz nuevas especies desconocidas en España y, en algunos casos, en el mundo.
"Estos hallazgos han incentivado la curiosidad del público en general y de los niños en particular, favoreciendo que nuestro país tenga una densidad de museos, parques y rutas solamente comparable a la de las zonas más ‘dinomaníacas’ del planeta”, según explica a Sinc el paleontólogo de la UNED Francisco Ortega. Estas son algunas de las propuestas para seguir los pasos de los dinosaurios por España.

Territorio Dinópolis (Teruel)

La provincia de Teruel es el mejor ejemplo del impulso de la paleontología en las últimas décadas. Podría decirse que comenzó cuando a finales de los ‘80 se encontraron en la localidad de Galve los huesos de Aragosaurus ischiaticus, el primer dinosaurio definido en España.
Desde entonces, en la provincia se han encontrado numerosos restos, muchos pertenecientes al Jurásico Superior, de hace entre 160 y 145 millones de años. Entre ellos destaca otra nueva especie, Turiasaurus riodevensis, “que era el dinosaurio más grande de Europa, con 30 metros de largo y entre 20 y 40 toneladas de peso”, asegura Rafael Royo, paleontólogo de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel. 
Las autoridades aragonesas han sabido aprovechar el potencial turístico de los dinosaurios de la provincia con la creación del parque temático Dinópolis, en el que se combina la exhibición de los restos y la divulgación paleontológica con atracciones como recorridos en coche, trayectos en barca, cine en 3D o un teatro con el cameo de un Tyrannosaurus rex. 
La constante afluencia del parque –que ya ha superado los dos millones de visitantes– posibilita financiar las numerosas investigaciones de la zona, así como seguir efectuando hallazgos como el descubrimiento hace pocos meses de otra nueva especie: Iguanodon galvensis, que tenía una ‘guardería’ en la zona.

Espectáculo con un t-rex en Dinópolis / Dinópolis Teruel

Museo Paleontológico de Castilla–La Mancha (Cuenca)

Cuenca es –junto a Teruel– la provincia donde se han realizado los descubrimientos de mayor trascendencia internacional. Los dos yacimientos de la zona –Las Hoyas y Lo Hueco– siguen siendo muy activos en la producción de información del Cretácico tanto Inferior (entre hace 145 y 99 millones de años) como Superior (desde hace 99 millones de años hasta hace 65).
El dinosaurio más famoso de los encontrados en la provincia es el llamado ‘Pepito’ o Concavenator corcovatus (‘cazador jorobado de Cuenca’) por el peculiar bulto que sobresale de su espalda. Una protuberancia cuya utilidad se desconoce, pues podía servir “para regular la temperatura interna, como acúmulo de grasas e incluso para atraer a las hembras”, cuenta Mercedes Llandrés, coordinadora del Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha.
Este Museo presenta un recorrido por las distintas épocas en la que los dinosaurios estuvieron sobre la Tierra, con especial atención a los dinosaurios hallados en la zona. Además, también ofrece la reconstrucción a tamaño real de una Titanosaurius, un Velocirraptor, un Mantellisaurus y, por supuesto, el propio ‘Pepito’.

Museo Jurásico de Asturias (Colunga)

Desde Gijón y hasta Ribadesella se extiende la costa de los dinosaurios de España. Son más de 60 kilómetros de litoral en el que se ha encontrado un gran número de huellas y huesos de especies marinas y terrestres del Jurásico (hace entre 199 y 145 millones de años), ya que durante la primera parte de esta período la zona estuvo bajo las aguas.
Aunque en esta costa también se han encontrado varios esqueletos de dinosaurios. El último, el más completo conocido de un ictiosaurio. “La zona destaca por su colección de huellas, la tercera mejor del mundo”, asevera José Carlos García, director científico del Museo Jurásico de Asturias.
Entre las más de 500 pisadas halladas en esta zona destacan las de los pterosaurios –reptiles voladores– y los estegosaurios, unos dinosaurios caracterizados por las placas de su espalda.
Para contemplar algunas de estas pisadas in situ, basta con acercarse a cualquiera de los nueve yacimientos que pueblan el recorrido costero. Además, los turistas también pueden acercarse al Museo del Jurásico de Asturias, donde los niños tendrán la oportunidad de participar en los diversos talleres de excavación de huesos o de búsqueda y clasificación de huellas.

Huellas de dinosaurios en el yacimiento de la Playa de la Griega (Asturias) / Museo Jurásico de Asturias

Museo de dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos)

Al igual que posteriormente los humanos, los dinosaurios también vivían cerca de los ríos, que les proporcionaban la humedad y la vegetación ausente en otras zonas más áridas. "En el Cretácico Inferior, varios de estos ríos se dirigían al mar atravesando la provincia de Burgos", describe Fidel Torcida, director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes.
Esto ha permitido que en torno a la localidad se hayan podido encontrar restos de especies como Demandasaurus darwini (bautizado así en honor a Darwin y a la Sierra de la Demanda burgalesa), Arcanosaurus ibericus (literalmente, ‘reptil misterioso de Iberia’) o la tortuga terrestre y ‘chepuda’ Larechelus Morla (nombrada en recuerdo de la congénere de “La Historia Interminable”).
Para guiar a los curiosos a través de todos estos hallazgos se encuentra el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes. Allí también se puede conocer el paisaje y el hábitat de la zona hace más de 100 millones de años gracias a una completa serie de ilustraciones y audiovisuales.  

Temps de Dinosaures (Morella)

La localidad de Morella, en Castellón, presume de ser –junto a Utrillas (Teruel)– el lugar donde se encontraron los primeros huesos de dinosaurio hallados en España. Estos restos fueron identificados, en 1872, como pertenecientes a Iguanodon bernissartensis, uno de los dinosaurios más conocidos del Cretácico Inferior Europeo.
“Medía hasta 14 metros y tenía un cráneo parecido al de un caballo, con una dentadura potente que les permitía masticar las plantas y la vegetación como un rumiante”, describe José Miguel Gasulla, paleontólogo que ha realizado varios de los últimos descubrimientos de la zona. “Para defenderse, también tenían un afilado espolón defensivo –parecido a un cuerno– en las manos”, añade el investigador.
Una espectacular réplica a tamaño natural de Iguanodon es el principal atractivo del Museo Temps de Dinosaures en Morella. Esta galería también enseña algunos de los más de 6.000 restos encontrados en la zona, entre los que destacan las vértebras de plesiosaurios, dientes de pterosaurius y huesos de cocodrilos y tortugas carnívoras de la época.

El primer esqueleto original de dinosaurio montado en España, perteneciente a la especie Proa valdearinnoensis / Fundación Dinópolis

Museo de la Conca Dellà i Parc Cretaci (Lleida)

Junto a la Cordillera Ibérica, los Pirineos son la otra gran zona donde han emergido mayor cantidad de restos, que pertenecen sobre todo a la última época de los dinosaurios –el Cretácico maastrichtiense­–, entre hace 145 y 65 millones de años.
Solo en Lleida existen más de 100 yacimientos registrados donde, pese a que también se han encontrado huesos y pisadas, “destacan por ser los terceros en importancia del mundo respecto a la puesta de huevos”, asegura Albert Vidal, geólogo del Servicio de Arqueología y Paleontología del departamento de Cultura de la Generalitat de Cataluña. 
Varios de estos huevos pueden contemplarse en el Museo de la Conca Dellà de Isona, aunque también existe la oportunidad de hacer visitas guiadas en tren por el Parc Cretaci, viendo las zonas donde se encontraron.   

Museo de los Dinosaurios de Arén (Huesca)

Arén (Huesca) es junto a Galve (Teruel) la única localidad española en la que se han encontrado huesos que han permitido definir a dos especies nuevas de dinosaurios, que vivieron poco antes de la llegada del meteorito.
El primero de ellos, Arenysaurus ardevoli, “tenía cientos de dientes en las mandíbulas, treinta de ellos funcionales mientras que los otros se iban reemplazando con el tiempo”, explica José Ignacio Canudo, paleontólogo de la Universidad de Zaragoza que halló estos restos. Precisamente el apellido de este investigador inspiró el nombre de la segunda especie encontrada, Blasisaurus canudoi, “el primo-hermano de Arenysaurus”.     
Para conocer mejor la época a la que pertenecen estos ejemplares, el Museo de Dinosaurios de Arén centra su atención en los últimos dinosaurios que vivieron en Europa.

Otros museos

lunes, 3 de agosto de 2015

NUEVOS FÓSILES REVELAN CÓMO SE REPRODUCÍAN LOS ORGANISMOS DE EDIACARA

agenciasinc.es

La fauna del periodo Ediacárico está formada por una colección de extraños organismos con forma tubular y de hoja que habitaron la tierra hace más de 540 millones de años.



Un estudio publicado en la revista Nature, indica que estas formas de vida complejas –las más antiguas conocidas– pudieron tener un modo de reproducción muy sofisticado.
A partir del análisis de fósiles de Fractofusus, un organismo marino e inmóvil similar en su forma a los helechos actuales, procedentes de la isla de Terranova (Canadá), un equipo de científicos británicos ha determinado que podría utilizar dos modos de reproducción asexual.
Emily G. Mitchel, investigador de la universidad de Cambridge (Reino Unido) y líder del estudio, señala que esta especie podría producir propágulos de los que transcurrido un tiempo crecería  un nuevo organismo capaz de desplazarse por el agua y colonizar otras zonas.
Además, de forma a similar a las plantas de la fresa, Fractofusus generaría estolones para dar lugar a clones genéticos idénticos para extenderse por los fondos marinos

jueves, 30 de julio de 2015

LA ESTRUCTURA DENTAL ÚNICA QUE HIZO TAN TEMIBLES AL TIRANOSAURIO REX Y A ALGUNOS OTROS DINOSAURIOS

noticiasdelaciencia.com

El tiranosaurio rex y algunos otros dinosaurios terópodos que campearon en el pasado de la Tierra y en la ficción de películas como “Jurassic World” (“Mundo Jurásico”) eran depredadores de tanto éxito debido en parte a la estructura dental exclusiva, caracterizada entre otros rasgos por su forma parecida a dientes de sierra, que les permitía desgarrar con facilidad la carne y los huesos de sus presas. Este es el dictamen sobre la importancia de dicha estructura al que se ha llegado en un nuevo estudio.

Recreación artística de un Gorgosaurus empleando su dentadura especializada para atacar y devorar a un ejemplar joven de Corythosaurus en la provincia canadiense de Alberta, hace 75 millones de años. (Imagen: Danielle Dufault)

El equipo internacional de la investigadora Kirstin Brink, del Departamento de Biología de la Universidad de Toronto en Mississauga (UTM), Canadá, ha determinado que esta estructura dental similar a dientes de sierra es exclusiva de terópodos carnívoros como el T. rex y el Allosaurus, y también de uno de los primeros terópodos, el Coelophysis.
Otros animales extintos tenían dientes que eran superficialmente similares a estos tan especiales, pero la singular configuración de los tejidos dentro de cada diente fortalecía a este y mejoraba su función de un modo que solo estuvo al alcance de los citados terópodos carnívoros.
Equipadas con dientes tan eficientes en su función de desgarrar carne e incluso huesos, estas bestias fueron capaces de cazar presas de muchos tipos y hasta de enfrentarse con éxito a animales más grandes que ellas. Esto les permitió perdurar, y de hecho prosperar, durante unos 165 millones años, llegando a ocupar en la cadena alimentaria el puesto de depredadores supremos.
El único reptil que aún vive y que tiene la misma estructura dental superficial es el dragón de Komodo, originario de Indonesia. Esta bestia, al igual que aquellos dinosaurios, también es capaz de alimentarse de animales que le superan en tamaño corporal.

lunes, 27 de julio de 2015

LA SERPIENTE PRIMITIVA TENÍA CUATRO PATAS Y VIVÍA EN MADRIGUERAS

agenciasinc.es

La aparición de un nuevo fósil en Nova Olinda (Brasil) confirma que, en su origen, las serpientes tenían cuatro extremidades ­–dos anteriores y dos posteriores– con dedos. Tetrapodophis amplectus vivió durante el Cretácico Inferior (hace entre 146 y 100 millones de años) en las madrigueras del antiguo bloque continental llamado Gondwana.

Ilustración de la serpiente de cuatro patas Tetrapodophis amplectus./  Julius T. Cstonyi

Los descubrimientos recientes de algunos fósiles de serpientes apuntaban a que las serpientes primitivas poseían dos pequeñas extremidades al final de su alargado cuerpo sin una función específica.
Ahora, en un estudio que se publica en Science, un equipo internacional de científicos presenta un nuevo fósil descubierto en Brasil que tiene cuatro patas y ofrece una visión más clara de cómo evolucionaron estos reptiles.
“Tetrapodophis amplectus tiene un cuerpo largo y una cola muy corta, como las de un animal excavador”, indica a Sinc Nicholas R. Longrich, investigador de la Universidad de Bath (Reino Unido) y coautor del estudio, quien recalca que el hábitat de estas primeras serpientes era terrestre.
El fósil presenta características similares a las que aún tienen las serpientes modernas: colmillos, hocico corto o ausencia de párpados y de aberturas en los oídos. "Estos rasgos apuntan a que esta especie y por tanto el origen de las serpientes se produjo en madrigueras”, explica Longrich.
A través del análisis de ADN y de las características morfológicas de Tetrapodophis amplectus que se compararon con el de otras especies, los autores sugieren que la criatura de cuatro patas es un antepasado de las serpientes actuales.

Imagen de las patas traseras del fósil de Tetrapodophis. / Dave Martill

Cuatro patas para agarrar presas y reproducirse

“La nueva especie se desplazaba arrastrándose sobre el vientre como el resto de sus parientes, lo que indica que las piernas no se utilizaron para caminar si no para agarrar a sus presas o a otros ejemplares para aparearse”, comenta el experto.
Según el estudio, la mandíbula alargada y flexible, junto a la estructura de sus vértebras, que le aportan una gran flexibilidad, pudieron haberse utilizado para atrapar presas grandes. De hecho, en el vientre del fósil se han encontrado restos de otro animal.
“Tetrapodophis tenía un pequeño animal en su vientre, posiblemente un lagarto o una rana, lo que demuestra que las primeras serpientes eran carnívoras y no insectívoras como se había sugerido. Eran grandes depredadoras”, subraya el investigador británico.

El origen geográfico de estos animales

Además, el descubrimiento del nuevo fósil ha permitido a los científicos esclarecer el origen geográfico de las más de 3.000 especies de tetrápodos que conforman estos reptiles.
“Muchas otras especies fósiles como Najash y Dinilysa, descubiertos en Argentina, y otros ejemplares hallados en África, pertenecieron a la misma región de donde procede Tetrapodophis, Gondwana”, destaca el científico.
“Esto significa que el origen de las primeras serpientes se produjo hace unos 115 millones de años en el hemisferio sur actual, cuando África y América del Sur estaban unidas”, concluye Longrich.

Referencia bibliográfica:

David M. Martill et al. “A four-legged snake from the Early Cretaceous of Gondwana”. Science. Doi: 10.1126/science.aaa9208. 23 de julio de 2015.