domingo, 15 de junio de 2014

UN ESTUDIO ABORDA LAS ESTRATEGIAS DE LOS CETÁCEOS PARA EVITAR LAS ORCAS

agenciasinc.es

Una investigación liderada por la Universidad de Extremadura ha estudiado las diferentes estrategias de los cetáceos para evitar a sus depredadores. Según sus resultados, una estas tácticas consiste en mantener bajo el efecto Doppler –cambio de frecuencia de onda que ocurre cuando un animal se mueve y emite sonido al mismo tiempo– de sus emisiones acústicas para impedir que las orcas localicen su posición exacta. Este efecto puede ser utilizado también para impedir las colisiones de las orcas con los barcos.

Las orcas son auténticas centrales de escucha del sonido, ya que su oído capta un amplio intervalo de frecuencias. / Cristina Martín

En el mar, todos los días se libra una batalla por la supervivencia. Cetáceos como las ballenas, delfines, marsopas o zifios, utilizan auténticas estrategias para no ser detectados por su más temible depredador, la orca o ballena asesina.
Una de estas tácticas, investigada mediante modelos matemáticos por la Universidad de Extremadura, consiste en mantener muy bajo el efecto Doppler –cambio de frecuencia de una onda– de sus emisiones acústicas en función de su movimiento natatorio. De esta manera, sus depredadores no pueden así localizar su posición exacta ni calcular la distancia que les separa.
Los resultados del estudio, publicado en la revista Journal of Experimental Marine Biology and Ecology, apuntan, por tanto, a que existe un efecto Doppler muy bajo en el 85% de las especies de cetáceos de las 69 analizadas, como medida de protección frente a los depredadores.
“El efecto Doppler es el cambio de frecuencia de onda que ocurre cuando un animal se mueve y emite sonido al mismo tiempo. Por delante del animal las ondas se comprimen y el sonido es más agudo, mientras que por detrás, las ondas se alargan y el sonido es más grave”, explica Daniel Patón, profesor en la Universidad de Extremadura y coordinador de la investigación.
En un medio de escasa visibilidad, tridimensional y amplio como el mar, que un depredador localice a su presa es muy difícil. “Pero, las orcas son auténticas centrales de escucha del sonido, ya que su oído detecta un enorme intervalo de frecuencias, y captan desde infrasonidos por debajo de 200 Hz hasta sonidos superiores a los 20.000 Hz”, afirma Daniel Patón. 
Cualquier cambio en las múltiples frecuencias de sonido que hay en el mar advierte de la presencia de un animal. Por tanto, los cetáceos intentan minimizar su detección por las orcas y tiburones a base de adaptar su señal a la velocidad que tienen en ese momento.
Así, a partir del análisis matemático de las llamadas de ecolocalización de 69 especies de cetáceos, obtenidas de diversas fuentes internacionales, los investigadores han buscado un patrón común en la gran variabilidad de comunicación de estas especies, que constituyen, sin duda, el grupo animal de mayor complejidad acústica que existe.
El modelo matemático ha sido realizado teniendo en cuenta la temperatura del agua, su salinidad, profundidad, velocidad de natación y frecuencia fundamental de emisión de estos animales. Los investigadores han descubierto que la mayoría mantiene baja la frecuencia de onda de su movimiento y que sólo 15 especies tienen efecto Doppler alto.  
Para Daniel Patón, estas 15 especies no necesitan minimizar su efecto Doppler porque disponen de otros recursos alternativos para escapar a los depredadores. Así, las ballenas hocicudas o zifios permanecen mudas por encima de 200 m de profundidad, principal área de caza de las orcas. Estas ballenas serían detectadas por las orcas fácilmente si emitieran en superficie, ya que su efecto Doppler puede superar los 1.000Hz.
Los delfines del género Lagenorhynchus, para escapar de los depredadores, se desplazan a velocidades muy altas, en grupos muy numerosos y emiten en frecuencias de sonido muy variables.
Por último, las especies del género Cephalorhynchus nadan en grupos pequeños pero su velocidad es superior a la de las orcas. Es el caso de los Cephalorhynchus heavisii que se desplazan a más de 44 km/h por el agua y su efecto Doppler puede superar los 4.000Hz. Su velocidad, pequeño tamaño, maniobrabilidad, agilidad y los hábitats tropicales y costeros que frecuentan dificultan su captura por las orcas.
Según el investigador, los resultados de esta investigación pueden dar lugar a dos aplicaciones importantes para la preservación de estas especies: evitar las colisiones de las orcas y cetáceos con los barcos gracias a una mejor detección de estas especies y, ya desde un punto de vista científico, estudiar a través de la colocación en especies concretas de un localizador de GPS para observar cómo va modulando el efecto Doppler a lo largo del día.

Referencia bibliográfica:

Daniel Patón, Roberto Reinosa, María del Carmén Galán, Gloria Lozano, Margarita Manzano (2014). “Maintaining of low Doppler shifts in cetaceans as strategy to avoid predation”. Journal of Experimental Marine Biology and Ecology 455 (2014) 50–55. DOI:http://dx.doi.org/10.1016/j.jembe.2014.02.016. 

miércoles, 11 de junio de 2014

MÁS MISTERIO SOBRE EL ORIGEN DE LOS ANIMALES MÁS ANTIGUOS EXISTENTES

noticiasdelaciencia.com

Las esponjas son consideradas habitualmente los animales vivos más antiguos, habiendo aparecido en la historia evolutiva antes que cualquier otro grupo. La simplicidad de la estructura de su cuerpo y de la organización de sus tejidos ha parecido avalar durante muchos años su condición de grupo ancestral de animales, y han sido señalados desde hace tiempo como la mejor ilustración del aspecto que habrían tenido los animales más primitivos. Esto ha sido apoyado en estudios previos por análisis genéticos, que sugieren que las esponjas se ramificaron a partir de otros animales hace mucho tiempo, en el lejano Precámbrico. Hasta hace poco, la mayoría de los zoólogos creían que las esponjas eran poco más avanzadas que un protista colonial, con tejidos y órganos nunca totalmente desarrollados.

Una parte de uno de los nuevos especímenes fósiles del género Metaxyspongia con simetría tetrarradial, y la reconstrucción, a la derecha, de todo el animal. (Imágenes: © Science China Press)

Sin embargo, en años recientes ha aumentado el reconocimiento científico de la complejidad de la genética y la bioquímica de las esponjas, y esto ha proyectado dudas sobre la impresión de simplicidad. Ahora, nuevas pruebas procedentes del registro fósil confirman que las primeras esponjas eran, en algunos aspectos, más complejas que sus descendientes vivos, lo que plantea numerosos interrogantes y aumenta el misterio sobre su origen.
Estas evidencias llegan en la forma de nuevos y sorprendentes fósiles de esponjas de hace unos 520 millones de años, que han sido encontrados en la provincia de Anhui, del sur de China, por Joseph Botting y sus colegas del Instituto de Paleontología de Nanjing en China.
Estos fósiles son sorprendentes porque muestran una clase de simetría corporal inesperada. Los fósiles, que están clasificados en el género Metaxyspongia, tenían un contorno someramente circular, pero también un esqueleto simétrico con cuatro columnas de grandes espículas extendiéndose por toda la altura de la esponja.
Si las esponjas tenían originalmente una simetría tetrarradial, entonces ello mostraría que estaban demasiado organizadas como para haber evolucionado directamente a partir de protistas coloniales. La simetría sugiere también una relación directa con uno de los otros grupos primitivos de animales, los Cnidarios (animales del filo Cnidaria, entre los que figuran corales y medusas). Estos son el único otro grupo de animales que incluye una configuración corporal tetrarradial. Más importante aún, esta complejidad inesperada de las primeras esponjas significa que ya no tenemos una idea clara del aspecto que tenía el último antepasado común de los animales, pues pudo no parecerse en nada a una esponja.

lunes, 9 de junio de 2014

LA CAUSA DE LA EXTINCIÓN DE LA MEGAFAUNA MILES DE AÑOS ATRÁS

noticiasdelaciencia.com

El final de la última edad de hielo fue también el de una era dominada por grandes bestias terrestres, muchas de las cuales probablemente inspiraron a criaturas de la mitología humana. Durante un periodo de unos cien mil años que culminó con el citado fin de la era glacial, esos mamíferos gigantes se extinguieron. ¿Por qué?

Reconstrucción de mamut lanudo. (Imagen: NPS)

La causa de su extinción es un misterio sobre el que se ha debatido mucho. A través de los años, van sucediéndose estudios que respaldan a alguna de las teorías más aceptadas.
Una de las dos teorías principales es que esas bestias desaparecieron porque no lograron adaptarse a los cambios ambientales provocados por el cambio climático global natural de aquella época.
La otra es que fueron cazados hasta la extinción por el Ser Humano, en lo que reflejaría su paulatino ascenso a la categoría de Depredador Supremo del planeta, gracias a su inteligencia y a sus avances tecnológicos, y en el marco de su lucha por la supervivencia. Tener que cazar para comer y sobrevivir en épocas y lugares donde apenas había otras alternativas de alimentación acabó convirtiendo a nuestros antepasados en depredadores consumados y más peligrosos que esas propias bestias. E incluso su acción depredadora pudo extenderse a las aguas marinas costeras, tal como sugirió un estudio sobre el cual los redactores de NCYT hablamos en un artículo (http://www.amazings.com/ciencia/noticias/020801a.html) publicado el 2 de agosto de 2001. Según las conclusiones de aquella investigación, nuestros ancestros no sólo cazaron hasta la extinción a muchos animales de tierra firme, sino que acabaron asimismo con buena parte de la megafauna marina.
También se ha defendido la idea de que ambas presiones, la ambiental y la de depredación, son culpables a partes iguales de la extinción de la megafauna.
Ahora, un nuevo estudio apunta, de forma inequívoca según sus autores, a la caza ejercida por el Hombre como la causa principal de la extinción en masa de grandes animales por todo el mundo durante ese periodo de cien mil años que esencialmente terminó al mismo tiempo que lo hizo la Era Glacial.
Christopher Sandom, Søren Faurby, Jens-Christian Svenning y Brody Sandel, de la Universidad de Aarhus en Dinamarca, han llevado a cabo el primer análisis global de la extinción de los grandes mamíferos terrestres, y la conclusión es clara: Los humanos del pasado, a través de la sobrecaza, tienen la culpa.
Los seres humanos anatómicamente modernos se expandieron desde África hacia el resto del mundo durante el transcurso de los poco más de 100.000 años últimos, y eso concuerda con la desaparición de la megafauna de cada continente, culminando esencialmente con el fin de la era glacial pero prolongándose hasta hace unos mil años en aquellas zonas del planeta a las que el Ser Humano llegó tardíamente. Dicho de forma simple, nuestros antepasados exterminaron muchas de las especies de grandes animales a su llegada a los nuevos continentes o islas.
En su estudio, los investigadores realizaron un minucioso análisis global, pionero en muchos aspectos, de todos los mamíferos con un peso corporal de al menos 10 kilogramos que existieron durante el período que va de 132.000 a 1.000 años atrás.
Los investigadores encontraron que un total de 177 especies de grandes mamíferos desaparecieron durante este período, una pérdida enorme en la escala evolutiva del tiempo. África perdió “sólo” 18 especies, y Europa 19, mientras que Asia perdió 38, Australia y su zona circundante 26, Norteamérica 43 y Sudamérica 62.
La extinción de grandes animales ocurrió en prácticamente todas las zonas climáticas, y afectó a especies adaptadas al frío como los mamuts lanudos, a especies de zonas templadas como el elefante de bosque y el ciervo gigante, y a especies tropicales incluyendo perezosos gigantes y búfalos gigantes. La extinción de especies se registró en casi cada continente, si bien un número especialmente grande de se extinguió en América del Norte y del Sur, donde desaparecieron animales como los tigres Dientes de Sable, los mastodontes, los perezosos gigantes y los armadillos gigantes, y en Australia, que perdió animales como el canguro gigante, el wombat gigante y el león marsupial. Hubo asimismo pérdidas bastante graves en Europa y Asia, incluyendo especies de elefantes, rinocerontes y ciervos gigantes.
Los resultados muestran que la correlación entre el cambio climático natural (es decir, la variación de la temperatura y la precipitación por la alternancia entre eras glaciales y periodos interglaciales) y la pérdida de megafauna es débil, y que sólo puede verse con alguna relevancia en una subregión: Eurasia. La importante pérdida de megafauna en todo el mundo no puede por tanto explicarse por el cambio climático.
Por otro lado, los resultados muestran una correlación muy estrecha entre la extinción y la historia de la expansión humana. Los autores del nuevo estudio han encontrado reiteradamente índices de extinción muy grandes en áreas donde no había habido contacto entre la fauna y el Ser Humano, y que de pronto se vieron colonizadas por humanos anatómicamente modernos (Homo sapiens) del todo desarrollados como tales.
En definitiva, el análisis geográfico de los investigadores señala claramente a los humanos como la causa principal de la pérdida de la mayor parte de los mamíferos de la megafauna.

viernes, 6 de junio de 2014

LO QUE PERMITE A LOS CUERVOS RECONOCER FOTOGRAFÍAS QUE YA HAN VISTO

noticiasdelaciencia.com

Un importante requisito previo para la inteligencia es disponer de una buena memoria de corto plazo, que permita almacenar y procesar la información que se necesita para los procesos en marcha. Esta “memoria de trabajo” es una especie de cuaderno de notas mental; sin ella, no podríamos seguir una conversación, hacer cálculos mentales, ni jugar a juegos simples.

Los cuervos pudieron seleccionar la fotografía que acababan de ver de entre varias imágenes. Los investigadores descubrieron qué células eran activadas para almacenar la información durante un corto tiempo y permitir procesarla. (Foto: LS Tierphysiologie)

Los mamíferos, y sobresaliendo de entre ellos el Ser Humano, destacan por su inteligencia. Pero las aves son también muy inteligentes, y de entre ellas destacan los córvidos. Los cuervos tienen fama de listos y cuentan con una sólida memoria de trabajo. Sin embargo, su telencéfalo, que está muy desarrollado pero tiene una estructura fundamentalmente diferente de la del humano, no cuenta con la corteza cerebral por capas que sí es típica de nosotros los humanos y que es la parte del cerebro que en los mamíferos produce la memoria de trabajo. ¿Cómo consiguen pues los córvidos almacenar información importante de un instante a otro?
Para responder a esa pregunta, tres investigadores del Instituto de Neurobiología de la Universidad de Tubinga en Alemania enseñaron a unos cuervos a jugar a una versión de un juego infantil de asociación de imágenes. Utilizando un monitor de ordenador, Lena Veit, Konstantin Hartmann y Andreas Nieder mostraron durante un corto espacio de tiempo una imagen aleatoria a los cuervos. Éstos tenían que recordarla durante un segundo antes de elegir la misma imagen de entre una selección de cuatro, tocándola con sus picos. Para poder elegir la imagen correcta, tenían que haberla almacenado en una memoria de trabajo, lo que hicieron al parecer sin ningún problema.
Mediciones simultáneas de los potenciales eléctricos en los cerebros de los cuervos mostraron que unas células nerviosas en un área particular del telencéfalo eran las responsables de su capacidad de recordar. Aunque la imagen había desaparecido de la pantalla, esas células permanecieron activas durante el corto período empleado en mantenerla memorizada, reteniendo la información sobre la imagen hasta que el cuervo la recuperaba para poder realizar la elección correcta. Si un cuervo no podía recordar y seleccionaba una imagen incorrecta, estas células concretas del telencéfalo estaban apenas activadas. Una activación prolongada de tales células aseguraba que la información importante pudiera ser almacenada, y que el animal lograse más tarde acceder a ella.
La conclusión es obvia. Por raro que nos pueda parecer, la corteza cerebral no es imprescindible para poseer una inteligencia de un nivel comparable a la humana en algunos aspectos. Claramente, una buena memoria de trabajo, una característica importante de los seres humanos, puede existir también sin una corteza cerebral por capas. El telencéfalo de los córvidos, estructurado de forma sumamente diferente a como lo está el humano, muestra que la evolución ha encontrado varias soluciones independientes para un mismo reto.

jueves, 5 de junio de 2014

LAS CLAVES DE LA PRIMERA GUERRA ENTRE CHIMPANCÉS

esmateria.com

Hace 40 años se desató un sangriento conflicto entre dos clanes de chimpancés, el primero conocido entre primates no humanos. Nuevos análisis de los trabajos de Goodall descubren cómo se gesto aquel enfrentamiento.

Imagen inédita de archivo, con el chimpancé Humphrey en el centro y un grupo de machos en la época de los asesinatos. / Geza Teleki 

Se acaban de cumplir 40 años desde el inicio de aquella guerra y, sin embargo, aún estamos entendiendo lo que pasó entre los árboles del Parque Nacional de Gombe, en Tanzania. Dos clanes rivales de chimpancés, surgidos tras dividirse un grupo mayor, se enfrentaron violentamente en la primera guerra conocida entre primates no humanos y que terminaría con el cruel y sangriento exterminio de uno de los bandos. Siete machos y dos hembras aniquilados en horripilantes palizas que llenaron de pesadillas las noches de la primatóloga Jane Goodall, como ella misma recordaría después, abrumada por el descubrimiento del terror que eran capaces de desatar.
Sin embargo, no se entiendía por completo lo que ocurrió en aquella selva en la década de 1970. Goodall llevaba ya unos años observando a estos chimpancés con los que había establecido una relación empática. A comienzos de esa década, el grupo comenzó a dividirse hasta que finalmente se crearon dos clanes independientes, uno al norte y otro al sur. Y en 1974 llegó el cruel asesinato de Godi, que se convertiría en el primero de muchos, hasta que todos los machos de su grupo fueron aniquilados.
Ahora, investigadores de la Universidad de Duke han metido toda la información disponible en el ordenador para tratar de arrojar luz sobre este trágico episodio gracias al análisis algorítmico de las redes sociales que allí se establecieron. Todo lo que sucedía por aquellos días quedaba escrito en los cuadernos de notas de Goodall y su equipo. Habían establecido un puesto de alimentación en el que a veces entregaban plátanos a los chimpancés para ganarse su confianza. Ellos se acercaban por allí en grupos o parejas, compartiendo el rato. Los investigadores apuntaban que tal o cual chimpancé había acudido y con quién y qué hacían.
Joseph Feldblum está al frente de este trabajo que se ha servido de 13 años de anotaciones para estudiar qué llevó a esta violenta división entre los chimpancés. Según explica a Materia, tres tipos de algoritmos aplicados a los datos de Goodall muestran que en 1972, un año antes de la división, se hacen visibles dos subgrupos claros que coinciden perfectamente con las comunidades que surgirían después. Además, la red que formaban los chimpanchés empezaba a dar muestras de división ya en el 1971, pero es que ya en 1968 había “tendencias evidentes de subagrupamiento”.
“Fue una combinación de varios acontecimientos lo que llevó a la división. Sin embargo, los datos muestran que la muerte de un macho mayor (Leakey) en diciembre de 1970 coincidió estrechamente con el aumento de la modularidad a partir de 1971, y poco después hubo una lucha por el poder entre el macho alfa Humphrey (del norte) y dos machos del sur de alto rango, Charlie y Hugh”, sugiere Feldblum, que acaba de presentar los resultados provisionales de su trabajo en la reunión anual de la Asociación Estadounidense de Antropólogos Físicos.

Rivalidad entre tres machos alfa

El análisis de las notas de los primatólogos muestra que Humprhey y Charlie y Hugh comenzaron a evitarse entre ellos cada vez más y más hasta que, finalmente, cristalizó la división en dos comunidades distintas. “Por eso creemos que las causas de la división fueron primero la muerte del macho de mayor edad y luego la lucha por el poder entre los tres machos de alto rango”, explica Feldblum. El anciano Leakey habría funcionado como último puente entre dos grupos que tendían a dividirse en una lucha por el poder que finalmente coronaría a Humphrey, jefe del norte y líder de las incursiones que uno a uno acabaron con todos los machos rivales.
Humphrey no solo aniquiló a sus rivales directos Charlie y Hugh, también se encargó de que murieran Dé, Godi, Willy Wally y Goliath hasta que en 1977 caía en otra emboscada Sniff, el último de los machos del sur. Los salvajes asesinatos respondían a un patrón similar: los machos del norte realizaban sigilosas incursiones en busca de un miembro del grupo rival que anduviera solo, contra el que descargaban una furia inusitada, con dentelladas, pedradas y desmembramientos. En enero de 1974, Humphrey se sentó sobre la cabeza de Godi, con la cara hundida en el barro, mientras sus siete secuaces le golpeaban con saña.
El hallazgo de Goodall se puso en entredicho en su día, como explicaba a esta redacción el primatólogo Josep Call, por considerar que al entregarles plátanos habían adulterado su convivencia, provocando ese nivel de violencia entre ellos. Ahora ya sabemos que las guerras entre chimpancés se suceden aunque no haya humanos de por medio. Feldblum cuenta que en este momento la revista Nature está revisando un importante estudio del primatólogo Mike Wilson, que tras analizar los datos de todos los puntos de estudio de chimpancés en África no ha encontrado ninguna relación entre la presencia de humanos o el aprovisionamiento artificial y las tasas de asesinatos entre comunidades de chimpancés. Además, las investigaciones de John Mitani han demostrado que los chimpancés se atacan entre sí por territorialismo y luchas por los recursos y las hembras.
El trabajo de Feldblum y el resto de investigadores de la Universidad de Duke permite entender, y ahora incluso predecir, las divisiones en grupos de primates, que no son en absoluto distintas de como se producen entre humanos. En New Scientist mencionan un importante estudio antropológico que mostraba una pauta similar entre dos facciones dentro de un club de kárate. Por ejemplo, los datos del estudio de Duke muestran que, en la división, los chimpancés eligieron grupo siguiendo las afinidades que ya se habían mostrado antes de que hubiera diferencias irreconciliables.
No obstante, Feldblum nos advierte sobre sacar conclusiones de este episodio, ya que es el único que se conoce en que un grupo de chimpancés acabara partido y enfrentado. “Esta es la única división de una comunidad que se haya observado nunca en chimpancés en su hábitat natural, por lo que estamos, básicamente, analizando una anécdota. Por eso no debemos sacar conclusiones universales sobre el comportamiento de los chimpancés a partir de este análisis”, concluye.

miércoles, 4 de junio de 2014

ABEJAS OBRERAS QUE ABANDONAN LA COLMENA, UN PROBLEMA EN AUMENTO CON IMPORTANTES IMPLICACIONES

noticiasdelaciencia.com

El fenómeno denominado “colapso de la colmena” –consistente en el abandono, por parte de las abejas obreras, de sus “casas”–, puede parecer sencillo y localizado; no obstante, podría tener un espectro de acción muy amplio y poner en peligro el porvenir de muchas especies en el planeta. “Su impacto va más allá del dinero, unos apicultores o unos simples insectos”, advirtió Alejandro Córdoba Aguilar, investigador del Instituto de Ecología (IE) de la UNAM, en México.

(Foto: DICYT)

El integrante del Laboratorio de Ecología de la Conducta de Artrópodos de esa entidad señaló que aunque el problema se ha detectado desde el siglo antepasado, en los últimos 20 años ha cobrado enorme relevancia. “Los productores ven sus apiarios abandonados; sin el trabajo de las obreras, la colmena, con el resto de sus integrantes: la abeja reina y las larvas, muere”.
Más allá de la producción de miel, hay problemas asociados “que nos deben aterrar”, insistió el científico. El papel de esos himenópteros en el planeta es la polinización; en términos prácticos, “hacen que se produzcan los frutos que consumimos”.
Hay frutos cuya producción depende estrictamente de polinizadores y, en especial, de las abejas. Tanto así que en Estados Unidos hay empresas dedicadas a alquilarlas, por ejemplo, para los cultivos de fresas.
Apis mellifera ha sido el polinizador por excelencia, pero hay evidencia de que también otras especies de abejas sufren este problema. Si las obreras mueren, como ocurre, habrá graves dificultades en la producción de frutos, que ni siquiera se han evaluado. Esto último “debe ser cuantioso, terrible, pero no lo conocemos”, explicó el investigador.
Aunque el fenómeno es más común en Europa y Estados Unidos, México no está exento. Una manera de medirlo ha sido mediante la apicultura: en el viejo continente la producción de miel ha descendido alrededor de 40 por ciento y en la Unión Americana hasta 30 por ciento. En México, el efecto negativo es menor y quizás no llega al 20 por ciento. De ahí la importancia de tomar medidas correctivas y preventivas en todos lados.
Córdoba Aguilar recordó que las colmenas son “casas comunitarias”, donde vive una gran familia. Adentro existe un sistema de división del trabajo preciso: la reina produce los huevos que permiten que la población se incremente; las obreras se dedican a traer comida, a producir miel, así como a cuidar y alimentar a los huevos y larvas; y los zánganos, a inseminar a la reina.
Varía el número de individuos que la habitan, de acuerdo con la especie, pero una colonia de Apis mellifera puede contener desde unas decenas, hasta varios miles.
Si se presentan enfermedades, las abejas reducen su adecuación, es decir, mueren más pronto, y esto parece ser sólo una de las causas del colapso de la colmena.
El fenómeno es más común en Europa y EU, reiteró, porque sus causas prevalecen más que en otros sitios: además de las enfermedades causadas por patógenos como ácaros, bacterias, hongos y virus, se halla el uso de pesticidas. “En el fondo, están muy relacionadas”, consideró el científico,
En el polen y en las colmenas se han encontrado, en tasas muy altas, restos de pesticidas; es decir, las abejas se contaminan directamente de esos productos químicos y los llevan a las colmenas. Además, están enfermas, pues son atacadas por ácaros, bacterias y hongos.
Ambas causas están emparentadas porque se ha descubierto que si esos insectos se exponen a los pesticidas, su sistema inmune se debilita y eso hace que sean más susceptibles a los patógenos, que “siempre han estado ahí. Se habían detectado, pero no a niveles tan altos como ahora”.
Por eso, la acción prioritaria debe ser la disminución del uso de esas sustancias químicas. Las medidas para lograrlo en Europa continental y EU no han tenido éxito debido a los intereses económicos de muchas empresas. En Gran Bretaña han habido avances, “pero el problema sigue”.
En México, donde la regulación no es tan estricta, el problema no ha crecido porque la agricultura no está tan tecnologizada, la producción se lleva a cabo de manera más “artesanal” y el uso de pesticidas podría ser menor. Incluso, se desconoce cuánta gente se dedica a la apicultura o cómo se ha visto afectada la producción de miel debido al colapso de la colmena.
Es momento de abordar el tema del uso y regulación de pesticidas para abatir su utilización indiscriminada. “Es necesario dar un paso legal y cerciorarnos de que se aplique la ley”, puntualizó.
Las autoridades no son ajenas al problema, por el contrario, están alertas y conscientes. Empero, el problema de fondo es financiero, estimó Alejandro Córdoba.
Mientras tanto, se pueden tomar medidas como evitar los monocultivos. Con la siembra de diferentes tipos de plantas los patógenos tienen menos oportunidad de especializarse y compiten entre ellos, se hacen menos comunes y las abejas se enferman menos, finalizó el universitario. (Fuente: UNAM/DICYT)

martes, 3 de junio de 2014

LOS LLAMATIVOS Y FRECUENTES CAMBIOS DE SEXO DE ALGUNOS PECES

noticiasdelaciencia.com

No solo hay peces capaces de cambiar de sexo de manera rutinaria, sino que de hecho la cantidad de especies de peces con esa asombrosa capacidad supera ampliamente a la cantidad de especies de primates, entre las que figura el Ser Humano.

Hay peces capaces de cambiar de sexo de manera rutinaria. (Imagen: Amazings / NCYT / JMC)

Matthew Grober, profesor de biología en la Universidad Estatal de Georgia, Estados Unidos, ha dedicado décadas de trabajo estudiando el fenómeno de cambio de sexo en peces, enfocándose en el gobio de bandas azules (Lythrypnus dalli), un pequeño pez rojo con rayas de ese color. En su última investigación, Grober está estudiando diferentes patrones de expresión genética para determinar cómo estos gobios evitan anclarse en uno u otro sexo a temprana edad.
Aunque otros peces también cambian de sexo, el gobio de bandas azules es un campeón haciéndolo, por eso Grober se concentró en este intrigante animal. Los peces de esta especie pueden cambiar de sexo a conveniencia y repetidas veces, con una facilidad pasmosa.
La investigación se ha centrado en la población de peces de este tipo existente en aguas de la Isla Catalina, frente a la costa del sur de California. Estos peces viven en pequeños grupos con un macho como líder de un harén de varias hembras. Si el macho fallece o desaparece, la hembra dominante cambia de sexo para convertirse en el nuevo macho del grupo.
La facilidad para cambiar de sexo da una gran ventaja reproductiva a estos animales, en comparación con las oportunidades de apareamiento de que disponen otras especies.
Se ha comprobado que bastan 20 minutos de ausencia del macho, para que la hembra dominante, si se ha dado cuenta de dicha ausencia, comience a comportarse como el macho del grupo. En tres semanas, e incluso antes si el agua es cálida, la hembra dominante se transforma físicamente en macho, desarrollando órganos sexuales masculinos y produciendo hormonas masculinas en las cantidades adecuadas. La forma del cuerpo también experimenta cambios evidentes, con un ensanchamiento de la cabeza en el fondo.
En esta línea de investigación, también se ha profundizado en la actividad de dos genes involucrados en la diferenciación sexual. Uno de ellos permite que los andrógenos, un tipo de hormonas que controlan el desarrollo y mantenimiento de las características masculinas, puedan ejercer sus efectos en el cuerpo. El otro gen interviene en la producción de los testículos.
Observando los cambios de expresión de estos genes, el equipo de Grober está reuniendo datos que permitirán conocer mejor cómo los genes típicamente masculinos regulan la transformación desde el sexo femenino al masculino.