sábado, 5 de julio de 2014

DESCUBREN UNA NUEVA Y EXÓTICA ESPECIE DE INSECTO PALO

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Muchos animales poseen habilidades únicas de camuflaje, pero los insectos palo están entre los maestros del disfraz en el mundo animal. Durante un estudio de campo en Guangxi, China, Ho Wai-chun George, de la Sociedad Entomológica de Hong Kong, descubrió una nueva especie de este enigmático grupo de insectos, y recientemente ha completado la descripción científica de esta nueva especie.

Esta imagen muestra un macho, arriba, y una hembra, abajo, ambos de la nueva especie de insecto palo, llamada Sinophasma damingshanensis. (Fotos: Ho Wai-chun George. CC-BY 4.0)

El nuevo insecto palo, llamado Sinophasma damingshanensis, se distingue por tener un cuerpo peculiarmente alargado y una coloración marrón verdosa, que le hace asemejarse notablemente al tallo de una planta. Este camuflaje natural puede hacer que sea muy difícil detectarlos. Además, muchos también son capaces de moverse como lo haría una ramita mecida por el viento, para así pasar desapercibidos incluso mientras se mueven.
La nueva especie fue descubierta escondida en los frondosos bosques de hoja perenne de Damingshan, en la zona centro-sur de Guangxi, en China, durante un viaje de recolección. El trabajo de los científicos tuvo que afrontar la dificultad extra de tener que prescindir de la luz solar, ya que tuvieron que recolectar los insectos por la noche, que es cuando están activos. Afortunadamente, usando una linterna para detectarlos en las hojas de las plantas, lograron recolectar varios especímenes, que luego resultaron pertenecer a una nueva especie, la que ahora ha sido descrita.

LOS ANIMALES TAMBIÉN BAILAN

agenciasinc.es

Comienza la temporada de festivales de verano y cientos de personas se moverán al ritmo de sus grupos favoritos. Pero no solo los humanos son capaces de danzar al compás de la música. Algunas aves, las ballenas, los delfines, las focas, los murciélagos y los elefantes, entre otros, también pueden seguir el tempo de una melodía.

Algunas aves son capaces de aprender vocalizaciones y seguir el ritmo, es decir, moverse al tempo con un pulso, de una manera predictiva y flexible.

Durante tres años Wolfgang Amadeus Mozart tuvo de mascota a un estornino al que dedicó un poema burlesco cuando falleció. Comenzaba así: “Aquí yace un loco entrañable, un pájaro rígido”. Cuerdo o no –como su dueño– este pájaro de compañía tuvo la capacidad de aprender a silbar el último movimiento del concierto para piano en Sol mayor de Mozart, según relata el escritor estadounidense Gabriel Jackson en la biografía del compositor.
El estornino es uno de los seres vivos que tiene la habilidad de imitar en su canto aquello que escucha y, posiblemente, el genio de la música clásica lo escogió por esta razón.
Además de esta ave, otras, como los periquitos o las cacatúas, son capaces de aprender vocalizaciones y moverse al ritmo de una manera predictiva y flexible. La hipótesis científica que explica esta destreza es que solo los animales con capacidades vocales pueden seguir el compás.
“Este supuesto sigue vigente, aunque estudios con chimpancés y leones marinos –animales con aparente falta de aprendizaje vocal– la contradicen. Es necesaria una investigación sistemática de muchas especies que utilicen los mismos estímulos, pruebas conductuales y un análisis estadístico para tener una idea más clara del problema”, declara a Sinc Hugo Merchant, investigador del Instituto de Neurobiología de la Universidad Nacional Autónoma de México y autor de un estudio sobre primates y consonancia rítmica.
Otros seres vivos con aptitud para percibir el ritmo musical –además del ser humano–, son las ballenas, los delfines, las focas, los murciélagos y los elefantes, entre otros. Pero existen diferencias claras entre la percepción de la música por parte de los humanos y otros animales.
“El ser humano tiene una capacidad enorme para percibir y generar movimientos rítmicos, con una flexibilidad que no se ha visto en ninguna otra especie. Esta cualidad se ha observado en bebés recién nacidos, por lo que se sugiere como algo innato”, añade Merchant.
Los científicos están de acuerdo en que los animales capaces de aprender vocalizaciones tienen un aparato audiomotor muy sofisticado que les permite percibir el ritmo. “Se sabe que las especies que tienen este talento muestran proyecciones neuronales directas desde la corteza motora primaria hasta la siringe en las aves o la laringe en mamíferos”, asegura el experto.

Chimpancés que tocan el piano

El Instituto de Investigación de Primates de la Universidad de Kyoto (Japón) es uno de los centros que ha contradicho con sus experimentos la teoría general de que solo los animales con capacidad de aprendizaje vocal siguen el ritmo.
Yuko Hattori, científica de este instituto, jugó con chimpancés haciendo varios ejercicios con estímulos sonoros y los colocó frente a un teclado para observar sus movimientos.
“Al principio, entrenamos a los chimpancés para que tocaran dos teclas alternativamente a su tempo preferido. Una luz los dirigía a cada tecla, pero a un ritmo aleatorio que cambiaba rápidamente. Cada vez que los chimpancés pulsaban las teclas treinta veces recibían alimentos”, explica a Sinc Hattori.
Después, los científicos los expusieron al compás sencillo de un metrónomo para ver si su golpeteo coincidía de forma natural con el estímulo, e introdujeron también un sonido para distraerlos.
“Los resultados muestran que los chimpancés son capaces de sincronizar de forma espontánea sus movimientos con el sonido. Uno de tres tocó sobre el teclado el ritmo que escuchaba”, apunta Hattori, que publicó el experimento en la revista Nature.
Los investigadores desconocen en qué momento adquirieron esta habilidad los monos. Sin embargo, el ritmo es importante en la comunicación, tanto en chimpancés como en humanos, por lo que pudo haberse desarrollado a través de la comunicación con otros miembros del grupo. “Algunos investigadores creen que esta capacidad está relacionada con la del aprendizaje vocal complejo”, comenta la experta.

Loros pioneros en sincronización rítmica

En su libro El origen del hombre, Darwin ya especuló con que la capacidad humana para el ritmo musical reflejaba aspectos básicos de la función cerebral y que la compartiría con otros animales.
De hecho, se presume que el aprendizaje vocal en las aves y los seres humanos tiene una biología subyacente similar. “No lo sabemos a ciencia cierta, pero es una idea corriente entre algunos biólogos”, explica a Sinc Aniruddh Patel, profesor de la Universidad Tufts (EE UU).
El investigador publicó en la revista PlosOne una revisión sobre los métodos y estudios que se han realizado al respecto. “El estudio con loros ha proporcionado la primera evidencia experimental de que las especies no humanas pueden sincronizar los movimientos al ritmo de una manera similar a la nuestra”, asegura.
Pero la similitud de la conducta no es garantía de mecanismos subyacentes similares. “Por ejemplo, un loro puede decir ‘Polly quiere una galleta’, pero esta emulación del habla se produce por diferentes mecanismos articulatorios a los utilizados en el habla humana”, argumenta en el estudio. 
El científico investiga actualmente si existe esa sincronización también en el trote de los caballos domésticos, un hecho que solo se ha observado de forma informal.
“Aún desconocemos si son capaces de seguir una melodía sin las señales del jinete, que es una cuestión crucial. Por eso he diseñado un nuevo método, para poder probarlo”, señala.
Hasta ahora, los únicos mamíferos no humanos que han demostrado de forma más contundente ser bailarines con ritmo son los leones marinos. Investigadores del Laboratorio Long Marine de California publicaban a principios de año que una leona marina apodada Ronan era capaz de bailar con la cabeza al tempo, al oír ciertos ritmos.
Ronan nació en un hábitat salvaje en 2008 y la rescataron al año siguiente en el Centro de Mamíferos Marinos en Sausalito, después de su tercer varamiento. En enero de 2010 se unió al Laboratorio Pinniped de Cognición y Sistemas Sensoriales, donde aprendió a mover su cabeza al oír ciertos ritmos. Más tarde, observaron que era capaz de aplicar esta habilidad a melodías que nunca había escuchado antes.
Una vez más, la teoría general queda cuestionada ya que los leones marinos no se caracterizan por su capacidad vocal y tienen una flexibilidad limitada en los sonidos que emiten.
"El éxito de Ronan plantea un verdadero problema para la teoría de que la imitación vocal es una condición previa necesaria para la consonancia rítmica", recalcó Peter Cook, autor principal de este trabajo y becario posdoctoral en la Universidad de Emory.  
Y no solo eso; según Cook esta leona marina es mucho mejor bailarina que las aves, ya que estas encuentran pronto el ritmo pero no mantienen el compás de forma tan fiable como Ronan.
Ya lo decía el compositor francés Claude Debussy: “La música es una transposición sentimental de lo que es invisible en la naturaleza”. Algo inmaterial, que solo disciernen algunos seres afortunados del reino animal. Y, como pasa con los humanos, unos tienen más talento que otros.

¿COMER INSECTOS CONTRIBUYÓ AL DESARROLLO CEREBRAL DE LOS PRIMEROS HUMANOS?

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Cuando la comida escasea, los alimentos vegetales ya no dan más de sí, y las presas de buen tamaño son muy inferiores en número a las de tamaño minúsculo, comer insectos puede ser el único modo factible de nutrirse de carne. Sin embargo, los insectos, por su pequeño tamaño, no son fáciles de detectar y atrapar.

Un mono capuchino comiéndose un insecto. (Foto: A. Melin)

Hace tiempo que se reconoce a las dificultades asociadas a encontrar comida como algo importante en el proceso de modelar la evolución del cerebro y la cognición en primates, incluyendo humanos.
La necesidad de subsistir, durante largas temporadas, de una dieta rica en hormigas y otros insectos y animales diminutos podría haber espoleado el desarrollo de cerebros más grandes y funciones cognitivas de más alto nivel en los ancestros de los humanos actuales y de otros primates. Esta es la conclusión a la que ha llegado en una investigación el equipo de la antropóloga Amanda D. Melin de la Universidad Washington en San Luis de Misuri, Estados Unidos, así como la bióloga Hilary C. Young y las antropólogas Krisztina N. Mosdossy y Linda M. Fedigan, las tres últimas de la Universidad de Calgary, en Canadá.
Basándose en un estudio de cinco años sobre monos capuchinos en Costa Rica, la investigación apoya la teoría evolutiva que enlaza el desarrollo de las habilidades sensoriomotoras, tales como una destreza manual notable, el uso de herramientas, y la adopción de soluciones innovadoras para problemas, a los retos creativos inherentes a localizar insectos y otras fuentes de comida que se encuentren enterrados, ocultos bajo otras superficies o que sean difíciles de localizar y atrapar por cualquier otro motivo.
Este estudio es el primero que proporciona pruebas de campo detalladas sobre cómo los cambios estacionales en la disponibilidad de alimentos influyen en los patrones de búsqueda de comida de los monos capuchinos salvajes.
Las científicas comprobaron que los monos capuchinos comen insectos difíciles de encontrar todo el año, pero intensifican su consumo estacionalmente, durante la temporada en que su comida preferida, la fruta madura, es menos abundante.
Los monos capuchinos son modelos excelentes para examinar la evolución del tamaño del cerebro y la inteligencia ya que para su pequeño tamaño corporal, poseen cerebros impresionantemente grandes.  Saber acceder a los insectos ocultos y bien protegidos que viven en las ramas de los árboles y bajo las cortezas es una tarea cognitivamente exigente.

miércoles, 2 de julio de 2014

DESCIFRAN EL PATRÓN DE VUELO DEL PICUDO ROJO

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Un estudio, publicado en el Bulletin of Entomological Research yllevado a cabo en los laboratorios del Instituto Agroforestal Mediterráneo (IAM) y con la colaboración del departamento de Informática de Sistemas y Computadores (DISCA) de la UPV, ha analizado el comportamiento del picudo rojo(Rhynchophorus ferrugineus)en una cámara equipada con un molino de vuelo conectado a un ordenador. Evaluaron parámetros como distancia recorrida, duración del vuelo, velocidad media y máxima.



Entre sus conclusiones, el estudio señala que la mayoría de insectos analizados –un 54%- recorre distancias cortas, de menos de 100 metros; el 36% voló entre 100 y 5.000 metros; y un 10% fue capaz de volar más de 5.000 metros.
“Comparando los resultados con otros trabajos que hemos realizado en campo, podemos concluir que cuando se detecta un insecto, todas aquellas palmeras que están hasta 500 metros de distancia corren grave riesgo de ser infestadas”, apunta Antonia Soto, investigadora del Instituto Agroforestal Mediterráneo de la UPV.
Respecto al sexo, determinaron que no incide en el potencial de vuelo del insecto, mientras que en el caso de la edad, observaron que en los insectos de entre 8 y 23 días el porcentaje de insectos que vuela es mayor que en los recién emergidos.
“Las conclusiones que hemos obtenido respaldan los estudios que hemos realizado en campo y aportan importantes claves sobre la movilidad del insecto. Este tipo de información ayuda a mejorar el manejo de esta plaga y encontrar medidas de control más eficaces. Por ejemplo, en un nuevo foco detectado de palmeras con picudo, ahora podemos saber hasta qué distancia hemos de aplicar medidas de control de la plaga para evitar, o al menos disminuir, su dispersión o podemos conocer cuál sería el perímetro de seguridad que se debe aplicar en una zona con presencia de picudo”, añade Juan Antonio Ávalos, investigador del Instituto Agroforestal Mediterráneo de la UPV.

Ensayos de campo

En los ensayos de campo, los investigadores de la UPV han comprobado que la mayoría de los adultos de Rhynchophorus ferrugineus se dispersan volando distancias cortas, menos de 500 metros, coincidiendo con los resultados obtenidos en laboratorio.
Por otra parte, la distancia máxima a la que se recapturaron los adultos fue de 7 kilómetros desde el punto de suelta, obteniendo en laboratorio un potencial de vuelo muy superior, de casi 20 kilómetros.

Referencia bibliográfica:

Ávalos, J.A., Martí-Campoy, A., Soto, A. Study of the flying ability of Rhynchophorus ferrugineus (Coleoptera: Dryophthoridae) adults using a computer-monitored flight mill. Bulletin of Entomological Research, 2014, volume 104, issue 04, pp. 462-470. (DOI: 10.1017/S0007485314000121).

ATACAR EN VEZ DE HUIR, RASGO FEMENINO DE CONDUCTA EN LOS ESCORPIONES

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En una investigación se ha explorado un intrigante rasgo de conducta en escorpiones, al menos en los del tipo estudiado, del género Centruroides: Cuando se sienten en peligro, los escorpiones machos tienden más a huir que las hembras, las cuales más a menudo optan por atacar a la fuente de la amenaza, picándola.

Un escorpión macho de la especie Centruroides vittatus. (Foto: Matthew Rowe, coautor del estudio, publicado en la revista PLOS ONE. CCAL)

¿Por qué? ¿Simplemente porque son más agresivas y temerarias? El equipo de Bradley Carlson y Shannen McGinley, de la Universidad Estatal de Pensilvania, y Matthew P. Rowe, de la Universidad Estatal Sam Houston, en Huntsville, Texas, ambas entidades en Estados Unidos, ha descubierto una explicación alternativa, más lógica, y avalada por datos biológicos.
Las hembras de estos escorpiones recurren antes que los machos a picar a su atacante para compensar su mermada capacidad de huir de la amenaza, según se desprende de los resultados del nuevo estudio.
La diferencia entre los cuerpos masculino y femenino de los escorpiones, y entre la conducta de los machos y la de las hembras, pueden ser el resultado de ciertas presiones ambientales o sexuales. Por ejemplo, las hembras de los escorpiones Centruroides están preñadas el 80 por ciento del año y, como resultado, deben afrontar las amenazas en unas circunstancias personales muy distintas de las que son típicas en los machos.
Para investigar esto a fondo, los científicos comprobaron el efecto del sexo y el de la forma del cuerpo, en la conducta de picar y en la de huir. Después, evaluaron las diferencias entre los sexos en la tendencia a picar ante una amenaza simulada.
Los científicos constataron que las hembras de estos escorpiones suelen tener una pobre capacidad para correr, quizás debido a su alta masa corporal mientras se encuentran preñadas, y parecen compensar esa dificultad en beneficiarse de una huida veloz, con la estrategia de picar de inmediato a todo aquello que crean que les amenaza. De hecho, todas las hembras picaron, al menos una vez, a su “oponente” durante las pruebas para medir la velocidad de picar, mientras que solo el 64 por ciento de los machos lo hicieron. Por otro lado, los escorpiones machos Centruroides tienen patas más largas, lo que contribuye a su mejor capacidad de salir corriendo, una capacidad que probablemente les resulta muy útil para evadir depredadores o que incluso puede ayudarles a encontrar pareja.

martes, 1 de julio de 2014

LA GRAN BIODIVERSIDAD DE LOS SERES MULTICELULARES MÁS ANTIGUOS CONOCIDOS DE LA TIERRA

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Los resultados de un meticuloso análisis ratifican que unos fósiles descubiertos en sedimentos de arcilla cerca de Franceville, en Gabón, en un antiguo lecho acuático, corresponden a los organismos multicelulares más antiguos que se hayan encontrado hasta hoy, y revelan en toda su magnitud la gran importancia de este abundante yacimiento paleontológico, al sacar a la luz una amplia biodiversidad compuesta de organismos micro y macroscópicos de tamaños y formas muy variados, que se desarrollaron en un ecosistema marino. En total, se han recolectado y examinado más de 400 fósiles de hace 2.100 millones de años, incluyendo docenas de nuevos tipos.

Dos macrofósiles del conjunto de restos estudiados. (Foto: © Abderrazak El Albani)

Antes del hallazgo de este conjunto asombroso de fósiles, los de los organismos complejos más antiguos conocidos tenían unos 600 millones de años (los Vendobionta de Ediacara en Australia) y se asumía que, antes de ese período, la vida en nuestro planeta estaba integrada exclusivamente por organismos unicelulares (bacterias, algas unicelulares, y otras formas por el estilo). Con el descubrimiento en Franceville, la aparición de las primeras formas de vida compleja ha dado un espectacular salto de 1.500 millones de años hacia atrás en el tiempo.
En definitiva, el hallazgo de los fósiles, y el extenso análisis de los mismos realizado por un equipo que incluye a expertos del CNRS (Centro Nacional francés para la Investigación Científica), la Universidad de Poitiers en Francia, y otras instituciones francesas, han cambiado drásticamente la cronología de la evolución de la vida en la Tierra.
Las excavaciones llevadas a cabo desde 2008 por parte del equipo de Abderrazak El Albani han desenterrado hasta la fecha unos 400 fósiles.
La rápida fosilización de estos especímenes conservó muy bien sus formas originales, lo que aumenta el valor científico del yacimiento.
Los investigadores han catalogado algunos nuevos morfotipos, como, por ejemplo, circulares, alargados, lobulados, cada uno incluyendo individuos de diferentes tamaños. Sus análisis revelan organismos con textura radial y cuerpos gelatinosos blandos. Sus formas pueden ser lisas o con pliegues, su textura puede ser uniforme o por el contrario nudosa, y su material corporal puede estar esencialmente en una sola pieza o dividido en partes. Las estructuras corporales con un muy alto nivel de organización, así como los tamaños diversos de los especímenes macroscópicos (de hasta 17 centímetros) resultan sorprendentes para una época tan antigua y supuestamente tan primitiva. La diversidad y las estructuras altamente organizadas de los especímenes estudiados sugieren que ya llevaban un tiempo bastante largo evolucionando. Hay datos suficientes para determinar que este complejo ecosistema marino estuvo compuesto por organismos micro y macroscópicos, muy variados en cuanto a formas, que vivían en un entorno marino de escasa profundidad.

LA MÚSICA QUE MÁS LES GUSTA A LOS CHIMPANCÉS

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Aunque la música tal como la entendemos es un arte creado por humanos para humanos, algunos animales lo bastante inteligentes muestran a veces agrado hacia ella, pero no hacia cualquier tipo de música. Una investigación revela ahora qué tipo de música les gusta más a los chimpancés, al menos a los observados durante los experimentos.

Estudios psicológicos con chimpancés como Tara, aquí retratada, han mostrado que éstos prefieren el silencio a la música occidental. La nueva investigación revela que a los chimpancés les gustan otros tipos de música del mundo, como la africana o la hindú. (Foto: Cortesía del Centro Nacional Yerkes de Investigación sobre Primates)

El equipo de Frans de Waal, de la Universidad Emory en Atlanta, Georgia, Estados Unidos, empleó estilos musicales con fuerte base geográfica. La idea no era tanto buscar preferencias de los chimpancés hacia el folclore musical de ésta o aquella cultura humana, sino más bien hacia las propiedades acústicas, muy típicas de cada estilo.
Muchas investigaciones anteriores se han venido centrando sólo en música occidental, sin tener en cuenta las características acústicas tan distintas de la música no occidental. Si bien en experimentos anteriores con primates no humanos se constató que estos mostraban preferencias evidentes entre diversas opciones musicales, en muchos de tales experimentos escogieron reiteradamente el silencio sobre diversos tipos de música occidental. La inclusión de música tradicional de África, India y Japón en el nuevo estudio amplió sustancialmente la diversidad acústica ofrecida a los animales, y ha conducido a resultados bastante claros y un tanto llamativos.
Participaron en los experimentos 16 chimpancés adultos en dos grupos, en el Centro Nacional Yerkes de Investigación sobre Primates, dependiente de Universidad Emory. A lo largo de 12 días seguidos, durante 40 minutos cada mañana, a los grupos se les daba la oportunidad de escuchar música africana, hindú o japonesa, reproduciéndose cada una de éstas en un aparato estéreo portátil, cerca del amplio terreno cercado al aire libre en el que viven estos primates. Se colocó otro reproductor estéreo portátil que no tocaba ninguna música en un lugar distinto, cerca del terreno cercado, para descartar comportamientos que pudieran estar asociados con el objeto en vez de con la música.
Los diferentes tipos de música se tocaron con el mismo volumen pero en orden aleatorio. Cada día, los investigadores observaron los chimpancés y registraron su posición cada dos minutos, mediante notas manuscritas. También grabaron en video la actividad en el terreno vallado. El comportamiento de los chimpancés cuando se tocaba cada tipo de música se comparaba con su conducta sin música, a fin de detectar eventuales diferencias significativas.
Y las hubo: Los chimpancés preferían música tradicional africana o hindú. Cuando se tocaba música de estas dos clases cerca del terreno vallado, los chimpancés pasaban bastante más tiempo en áreas donde podían escucharla mejor. Cuando se tocaba la música japonesa, era más probable encontrarlos en lugares donde resultaba más difícil o imposible oírla.