sábado, 30 de junio de 2012

EL MAPA DE LA VIDA, EN INTERNET

noticiasdelaciencia.com

Un equipo de investigación ha desarrollado la primera versión de demostración pública de su "Mapa de la Vida", una ambiciosa iniciativa en forma de web, diseñada para mostrar la distribución de todos los animales y vegetales que viven en nuestro planeta.




La versión de demostración permite a cualquiera con una conexión a internet recorrer el mapa de la distribución global conocida de casi 25.000 especies de animales terrestres vertebrados, entre los que se incluyen peces de agua dulce de América del Norte, mamíferos, aves, anfibios y reptiles. La base de datos, que sigue creciendo, ya contiene cientos de millones de registros sobre la abundancia y distribución de la flora y la fauna del planeta.
El jefe del proyecto es Walter Jetz, profesor de biología evolutiva y ecología en la Universidad de Yale en New Haven, Connecticut, Estados Unidos. También cabe destacar, entre otros, a Robert Guralnick del departamento de biología evolutiva y ecología en la Universidad de Colorado en Boulder, y Jana McPherson de la Sociedad Zoológica de Calgary en Canadá.
Los científicos del proyecto están procesando 200 años de datos de diferentes tipos, procedentes de diversas fuentes y que documentan la ubicación de especies de todo el mundo, a fin de organizar la información de un modo que mejorará muchísimo el conocimiento sobre la biodiversidad.
Esa información podría ser usada por cualquier organización que necesite tomar decisiones bien informadas respecto a gestión de tierras, salud animal y vegetal, conservación de especies y efectos potenciales del cambio climático.
La versión inicial de esta herramienta está diseñada para que llegue al público en general. Ésta permite que los usuarios vean varios niveles de detalle para una especie determinada, como por ejemplo el tipo de entorno en el que vive y los lugares específicos en los que ha sido documentada la presencia de la especie.
El objetivo final es incluir a cientos de miles de especies animales y vegetales.
Al poner de relieve la abundancia y distribución conocidas de las especies, los investigadores esperan poder identificar y corregir lagunas de conocimiento, y también ofrecer una herramienta para detectar cambios que se produzcan con el paso del tiempo. Ellos esperan que este mapa sea útil para científicos profesionales, responsables de la gestión de espacios naturales y otros grandes terrenos, organizaciones ecologistas y el público en general.

La versión de demostración pública de este Mapa de la Vida es accesible aquí:

http://www.mappinglife.org/

viernes, 29 de junio de 2012

LA PARTICIPACIÓN DE TODAS LAS ESPECIES DE UN ECOSISTEMA ES ESENCIAL PARA SU RECUPERACIÓN

agenciasinc.es

Investigaciones realizadas en Asturias concluyen que la diversidad de aves es más importante que su cantidad para la conservación de ecosistemas forestales. Además, han observado episodios de comportamiento coordinado de todos los organismos implicados en la dispersión de semillas, incluidos los árboles, que se traducen en una mayor capacidad de recuperación de bosques degradados.

Algunos espinos (Crataegus monogyna) sobreviven en áreas deforestadas, actuando como legados del bosque original que atraen aves a consumir sus frutos. Imagen: Daniel Martínez.

Daniel García y Daniel Martínez, investigadores del departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo y de la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad, han demostrado que, cuanto más variado sea el gremio de especies consumidoras de frutos, mayor es la calidad de su función en el ecosistema , en este caso la dispersión de semillas.
“Una mayor calidad de la dispersión de semillas implica que las aves las depositan más frecuentemente fuera del bosque, lo que favorece la recuperación de zonas deforestadas”, explica García. Pero además, matiza el investigador, también se ven favorecidos los servicios que el ecosistema, en este caso el bosque, presta al ser humano, porque la regeneración natural del bosque también depende de la dispersión de semillas.
El investigador resume así uno de los resultados que ha publicado recientemente la revista científica Proceedings of the Royal Society B : “Es muchísimo más útil para recuperar el ecosistema forestal tener un ensamble de aves frugívoras con cinco especies diferentes que tener la misma cantidad de aves pero de una sola especie”, destaca el investigador. Esto es así, explica, debido al comportamiento diverso de cada una de las especies, que aumentará la variedad de localizaciones donde se depositan las semillas y que, por tanto, ayudará al bosque no sólo a renovarse, sino también a colonizar nuevas áreas.

Aves prudentes, aves exploradoras

“Mientras algunas aves permanecerán dentro del bosque y desempeñarán ahí la función de regeneración o renovación del ecosistema, habrá otras con un comportamiento diferente, que vencerán el miedo a ser devoradas que les produce alejarse del refugio del bosque y se lanzarán a un claro o a un prado a comer los frutos de un árbol aislado, aun bajo el riesgo de sufrir el ataque de aves rapaces durante el trayecto”, afirma Daniel García.
Precisamente la actitud de las aves más arriesgadas llevará a zonas deforestadas las semillas de su última comida en el interior del bosque. Pero para ello, señalan los investigadores, estas aves necesitan una “tentación” que ofrezca buenos frutos: “Suele ser un árbol, habitualmente un espino, o grupo de árboles en medio de una zona deforestada”, explica Daniel García, que se refiere a estas “islas” de vegetación como “legados biológicos, una herencia o remanente del ecosistema original, que recuperan las funciones del bosque activando la memoria ecológica”.
Daniel García utiliza los conceptos de legado biológico y memoria ecológica como un ejemplo de la aplicabilidad general que tienen trabajos de este tipo: “Nos centramos en estudiar una zona que sufre una marcada deforestación resultado de la actividad humana como es Peña Mayor, en Asturias, pero en ella los procesos ecológicos se rigen por principios aplicables a muchos otros ecosistemas. De hecho, mi primer contacto con la idea de la memoria ecológica fue a través de un trabajo de otros investigadores sobre arrecifes de coral. Y, de la misma forma, las observaciones de las relaciones que se establecen entre los miembros de este ecosistema serán extrapolables a otros”.

Árboles aislados y bosque parecen confabularse

A lo largo de los 10 años de estudio de este ecosistema, los investigadores han observado un comportamiento en los árboles que se repite cada cierto tiempo. “Hay algunos años en que grupitos pequeños de árboles que quedan en zonas deforestadas son capaces de ofrecer una cosecha de frutos superior a la habitual, coincidiendo con años en que hay menor producción de frutos en el bosque”, señala Daniel García. Es entonces, explica el biólogo, cuando las aves vencen más frecuentemente el miedo a salir del bosque y dispersan más semillas procedentes de la masa forestal hacia las zonas degradadas.
Pero ¿qué mecanismos pueden estar detrás de esa suerte de coordinación entre árboles del bosque y árboles aislados? “Aún no sabemos muy bien qué hace variar la producción de cada especie, pero estos eventos de baja producción en el bosque y alta producción fuera del bosque no sólo coinciden, sino que se repiten en el tiempo, aunque no parece que sigan una periodicidad muy marcada”, destaca el investigador.
Por tanto, concluye García, la resiliencia del ecosistema forestal, es decir: su capacidad de recuperarse frente a las alteraciones, depende del comportamiento de todo el conjunto de especies implicadas en la función de dispersar las semillas del bosque. Y ello incluye el comportamiento de los árboles, a través de sus diferencias de producción, y de las aves, a través de su capacidad de rastrear frutos a escala de paisaje.
Los estudios que han llevado a los investigadores a estas conclusiones se han publicado a través de dos artículos complementarios, recogidos en las revistas Proceedings of the Royal Society B y Ecography. El trabajo publicado en esta última ha contado con la colaboración de José M. Herrera, investigador de la Universidad de Oviedo y de la UMI en Biodiversidad y de Juan M. Morales, del laboratorio Ecotono de la Universidad Nacional del Comahue en Argentina.

Preservar la danza de los ecosistemas

“Si lo que interesa es conservar un ecosistema y todos los servicios que puede prestar, es esencial que las funciones que lo mantienen se conserven también. Las especies que viven en un territorio y las relaciones entre ellas forman lo que podemos asimilar, respectivamente, al esqueleto y la musculatura de un bailarín, mientras que las funciones que realizan son la danza interpretada y el territorio es el escenario”, explica Daniel García.
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Referencias bibliográficas:

García, Daniel; Martínez, Daniel. “Species richness matters for the quality of ecosystem services: a test using seed dispersal by frugivorous birds” Proceedings of the Royal Society B .Doi: 10.1098/rspb.2012.0175

García, Daniel; Martínez, Daniel; Herrera, J. M.; Morales J. M. “Functional heterogeneity in a plant-frugivore assemblage enhances seed dispersal resilience to habitat loss” Ecography. Doi: 10.1111/j.1600-0587.2012.07519.x

LA MIGRACIÓN DE LOS ELEFANTES MARCA MEJOR LAS ESTACIONES DEL AÑO QUE EL CALENDARIO

agenciasinc.es

El comportamiento de los grandes herbívoros de la sabana africana se rige por la disponibilidad de comida, que depende a su vez de las lluvias. Un estudio, publicado en PLoS ONE, propone utilizar el movimiento de los paquidermos para determinar mejor el principio y el final de la época de precipitaciones y sequía en este ecosistema.


Elefantes en la sabana Africana. Imagen: cesargp

Hasta ahora los límites de las estaciones húmeda y seca de la sabana africana estaban marcados por un criterio arbitrario: los meses del calendario. Según una investigación llevada a cabo en el Parque Nacional Kruger (Sudáfrica) el patrón de movimiento de los elefantes podría usarse como marcador biológico de cambio de estación. Los resultados de este trabajo los publica esta semana la revista PLoS ONE.
Patricia Jane Birkett, investigadora de la Universidad de KwaZulu-Natal en Durban (Sudáfrica), y sus colegas analizaron el patrón de migración de 14 hembras de elefante (Loxodonta africana) de distintas manadas. El movimiento de los animales fue seguido a diario mediante la colocación de un collar con tecnología de GPS de 2007 a 2009.
Los investigadores descubrieron que todos los grupos de elefantes cambiaban su patrón de comportamiento en dos momentos del año muy concretos: “al final de la estación seca –justo antes del comienzo de las primeras lluvias–, y al final de la temporada húmeda –cuando el promedio de precipitación es el mayor de año–”, explica a SINC Patricia Birkett, primera autora del estudio.
De forma general, los paquidermos se desplazan más y con mayor rapidez durante la estación húmeda (en los meses de verano), y alcanzan la velocidad máxima de desplazamiento justo cuando empieza la sequía.
Durante la época seca, “el valor nutricional de la comida disminuye y esto estresa a las hembras”, apuntan los expertos. Su velocidad de desplazamiento se reduce para “conservar energía y, probablemente, para explotar áreas más pequeñas de manera más intensa”. La mínima velocidad de desplazamiento de los elefantes se da cuando vuelven las lluvias.

El importante papel del elefante en el ecosistema

“En la sabana africana los recursos como la vegetación y el agua varían en función de las lluvias y la temperatura, y los animales responden a estos cambios alterando su patrón de movimiento a lo largo del tiempo”, subrayan los investigadores. Por ello, la distribución de los animales no solo responde a las variedades del paisaje, sino también a factores climatológicos.
El equipo de Birkett escogió al elefante como modelo porque “es una especie clave en la sabana africana y su comportamiento de búsqueda de comida afecta a muchos de los procesos del ecosistema”, aclara el grupo internacional de investigación.
Según los científicos, es importante conocer los límites de las estaciones para entender muchos de los aspectos del medioambiente y el ecosistema africano.

Referencia bibliográfica:

Birkett P.J.; Vanak A.T.; Muggeo V.M.R.; Ferreira S.M.; Slotow R. “Animal Perception of Seasonal Thresholds: Changes in Elephant Movement in Relation to Rainfall Patterns” PLoS ONE 6 (7), junio de 2012. DOI: 10.1371/journal.pone.0038363

miércoles, 27 de junio de 2012

ESOS EXPRESIVOS NEANDERTALES

agenciasinc.es

Robustos, resistentes y de mediana estatura. Así definen a los Homo neanderthalensis los huesos fósiles hallados desde el siglo XIX. Pero cada vez más evidencias demuestran que los neandertales pudieron ser algo más. Por su probable comportamiento artístico y comunicativo, el apellido ‘sapiens’ que identifica a los humanos modernos podría no ser tan exclusivo como se pensaba.

Réplica de un Homo neanderthalensis. Imagen por Fuzzyraptor.

El Homo sapiens comparte con el Homo neanderthalensis entre un 1% y un 4% de su ADN. Sus destinos se cruzaron en Oriente Próximo hace unos 80.000 años, cuando los humanos modernos salieron de África. Pero sapiens y neandertales comparten más que un puñado de genes.
Según una investigación, publicada hace pocos días en la revista Science, algunas pinturas de las cuevas de Altamira, El Castillo y Tito Bustillo son 10.000 años más antiguas de lo que se pensaba, por lo que las poblaciones neandertales pudieron ser las autoras de las primeras pinturas rupestres que se dibujaron, en este caso, en la cueva de El Castillo (Cantabria) –hasta ahora atribuidas a poblaciones de sapiens–.
Las nuevas dataciones de 50 pinturas en 11 cuevas del norte de España, logradas gracias a la técnica de la serie del uranio, han demostrado, por ejemplo, que grandes puntos rojos de la cueva de El Castillo datan de hace al menos 40.800 años, lo que las convierte en las pinturas rupestres más antiguas de toda Europa.
En ese momento los humanos modernos no habían llegado aún, o iniciaban su andadura hacia Europa, donde coexistieron con los neandertales hasta que estos últimos se extinguieron hace 30.000 años.
El arte podría llevar la firma de los neandertales, nuestros parientes evolutivos más cercanos, que surgieron hace cerca de 400.000 años y se extendieron a lo largo de Europa y Asia Occidental. Pero para los científicos esta vena artística de los neandertales no es nueva.

Primeras pinturas rupestres

“Desde hace algunos años se defiende la capacidad simbólica de las poblaciones neandertales”, explica a SINC Marcos García Diez, uno de los autores del estudio publicado en Science e investigador en el Departamento de Geografía, Prehistoria y Arqueología la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).
Las primeras imágenes de arte rupestre, “muy posiblemente” realizadas por poblaciones neandertales, corresponden al menos a puntos, discos, líneas y formas; y “no debería descartarse la atribución a esta fase de manos en negativo y algunas formas geométricas, todo ello en color rojo”, señala García Diez, quien añade que los motivos figurativos, como animales y referencias a la figura humana, no corresponderían a esa primera fase creativa gráfica.
Como demuestran los datos arqueológicos contrastados en la Península Ibérica, las primeras figuras animales y humanas no pudieron tener más de 32.000 años, por lo que, para el investigador, la recreación artística de formas tangibles y reales es una capacidad propia de las poblaciones sapiens.
En cuanto al uso de materias colorantes, sobre todo de color rojo –óxidos de hierro–, las excavaciones arqueológicas en diferentes sitios señalan que su uso no estaba vinculado a actividades de ámbito doméstico o de subsistencia, como la conservación de alimentos o el enmangado de puntas a astiles, sino a la decoración corporal, “una actividad estrechamente vinculada a la estructura social de estos grupos”, indica el doctor en Prehistoria de la UPV/EHU.
A esto se añaden las pruebas de que estas poblaciones neandertales fabricaban y usaban colgantes. “Este tipo de evidencias están relacionadas con el adorno personal, indicando de nuevo un significado social relevante”, subraya el investigador. Además, hace 60.000 años en Europa los neandertales grababan huesos y piedras con motivos muy sencillos, como líneas simples, series y aspas. Son las primeras manifestaciones del llamado ‘arte mueble’, relacionado con un concepto artístico y gráfico.

Comunicar a través del arte

Esos huesos y piedras grabadas del arte mueble son también reflejo de capacidades comunicativas gráficas, con independencia de las sonoras. “Lo artístico, lo gráfico, más allá de la sensibilidad estética, es forma, y en consecuencia, símbolo de comunicación”, sugiere García Diez.
En Europa las evidencias más antiguas de comunicación artística asociadas a grupos neandertales son de hace unos 100.000 años, y unos 40.000 años más tarde ese tipo de manifestaciones ya empezaron a ser abundantes. “Son elementos de transmisión de información basados en la percepción visual y el reflejo de un comportamiento de comunicación y de interacción social”, asegura el científico.
Según Carles Lalueza-Fox, investigador del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF) de Barcelona, el uso del fuego también podría implicar algún tipo de comunicación, así como la industria lítica compleja que exige una planificación de la herramienta de piedra. “Pero también está el tema de la lateralidad, la evidencia de que se utilice una mano de forma preferente sobre la otra. Esto solo se encuentra en humanos y está asociado al lenguaje”, explica a SINC Lalueza-Fox.
En niños, por ejemplo, el hecho de ser diestros o zurdos surge en el aprendizaje cuando empiezan a hablar. “La lateralidad se puede rastrear en el registro fósil mediante señales de corte en los dientes, cuando los individuos sujetaban la carne con la boca y la cortaban con instrumentos líticos. Dependiendo de si eran zurdos o diestros dejaban unas líneas hacia un sentido u otro”, añade el antropólogo.

Hablar o no hablar

Pero los neandertales también compartían con los humanos modernos los mismos cambios funcionales de un gen implicado en el lenguaje. En 2007, un grupo internacional de científicos publicó en la revista Current Biology el hallazgo de FOXP2, un gen muy conservado y capaz de activar o desactivar la expresión de muchos otros genes.
“En el resto de animales, la función de este gen es de tipo cerebral. Pero en sapiens ha habido dos mutaciones funcionales que hacen que el rango de genes que regula sea diferente. Y estos son los cambios que se han descubierto también en neandertales”, informa el experto del CSIC-UPF.
En 2009, la revista Nature publicó la lista completa de unos 100 genes que FOXP2 activa o no. Como este gen está implicado en el lenguaje y en funciones cerebrales importantes, lo poseen todos los vertebrados, y en humanos tiene dos variantes únicas, los investigadores sugieren que “la capacidad del lenguaje estaría presente en al menos tres especies humanas (sapiens, neandertales y denisovanos) y obviamente en sus antepasados comunes hace entre 600.000 y 800.000 años”, subraya Lalueza-Fox.
Sin embargo, no basta con poseer este gen. Para que haya comunicación entre individuos se requiere una estructuración neurológica y cognitiva, un aparato fonador para la emisión de un rango de sonidos, un aparato auditivo que permita entenderlo y, por último, un entorno social en el que se desarrolle el lenguaje. “Aunque se tengan todas las condiciones, si no existe el entorno social integrado en el que desarrolle esta capacidad, no se hablará”, asegura el experto. Y cada vez los científicos tienen más claro que los neandertales tenían ese entorno social.

¿Capacidades cognitivas inferiores?

Desde el siglo XX, a las poblaciones neandertales se les atribuía una “inferioridad” cultural respecto a las sapiens. En la actualidad, “las capacidades vinculadas a comportamientos socialmente complejos y a la esfera ideológica están plenamente presentes y desarrollados en las poblaciones neandertales”, afirma Marcos García Diez.
Para Lalueza-Fox, “nuestra especie no es tan diferente de otras especies humanas del pasado y no parece que biológicamente sea extraordinariamente diferente”. Además, por unas cualidades cognitivas cada vez más demostradas, el tradicionalmente considerado comportamiento sapiens no parece ser exclusivo de poblaciones sapiens, sino que podría ser compartido por neandertales.
“Se ha de romper definitivamente con la consideración tradicional de que el desarrollo biológico está estrechamente vinculado a un desarrollo cultural concreto y específico. Las capacidades operativas y cognitivas de poblaciones neandertales y sapiens presentaron vínculos de desarrollo muy estrechos”, concluye García Diez.
Al extinguirse, los Homo neanderthalensis dejaron un legado genético, cultural y social que no siempre es reconocido, pero que posiblemente contribuyó en parte a convertirnos en lo que somos hoy nosotros.

NUEVOS INDICIOS DE QUE LOS DINOSAURIOS ERAN REPTILES DE ‘SANGRE CALIENTE’

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Aunque los huesos de los dinosaurios tengan líneas de paro de crecimiento propias de los animales de sangre fría, investigadores del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont concluyen que pudieron ser de sangre caliente por el estudio óseo de un centenar de mamíferos rumiantes actuales.


Reconstrucción de un dinosaurio del Prepirineo catalán, hace unos 70 millones de años. Imagen: Oscar Sanisidro (ICP)

Después de 40 años de discusión paleontológica, Nature ha publicado un trabajo que concluye que los dinosaurios tenían la sangre caliente. “Al ser reptiles siempre se había pensado que eran animales de sangre fría”, dice a SINC Meike Köler, investigadora del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP) y primera autora del estudio.
Hace un año, un equipo de científicos del Instituto Tecnológico de California publicó en Science que los saurópodos tenían una temperatura corporal de entre 36 ºC y 38 ºC a partir del estudio del esmalte de los dientes fosilizados. Sin embargo, los científicos no podían concluir si estos dinosaurios de grandes dimensiones compartían mecanismos de regulación interna con los mamíferos, o por el contrario, necesitaban condicionantes externos para regular su temperatura, como los reptiles modernos.
En los animales conocidos como ‘de sangre fría’, o ectotérmicos, la temperatura de su organismo depende de la ambiental. Durante las estaciones frías y secas, su ritmo metabólico se ralentiza para aprovechar las fuentes de calor externas. En los períodos favorables, “no tienen un mecanismo interno que les permita acelerar el crecimiento”, explica Köler. Por eso, el tamaño de algunas especies de dinosaurios ha hecho dudar a los científicos de que estos animales, considerados ‘de sangre fría’, pudieran crecer tanto y tan rápido. Ahora, los científicos del ICP han descartado la hipótesis sobre la cual se sustentaba la ectotermia de los dinosaurios.

‘Líneas de paro del crecimiento’

El trabajo infiere el metabolismo de los dinosaurios a partir del análisis de 115 fémures derechos de especies de mamíferos rumiantes actuales. Hasta ahora, se pensaba que las llamadas ‘líneas de paro del crecimiento’ (LAGs) en los huesos eran exclusivas de los animales de sangre fría. En cambio, los resultados muestran estas huellas en los animales analizados.
“Nadie había estudiado los huesos de los mamíferos a fondo, no existe ningún estudio consistente y exhaustivo sobre este tema”, destaca a SINC Köler.
El tejido óseo de los dinosaurios siempre había sido una contradicción. Sus huesos presentaban LAGs pero aun así existieron especies de grandes dimensiones, como un diplodocus. Otros animales de sangre fría con estas marcas, como los cocodrilos, crecen muy lentamente durante los meses más favorables a su organismo. “Un cocodrilo necesitaría un siglo para medir cuatro metros porque su capacidad de crecimiento es treinta veces menor que la de un animal de sangre caliente”, dice Köler.
La investigadora describe las marcas en los huesos de los dinosaurios como líneas de paro del crecimiento muy delgadas y oscuras, que siempre se alternan con otros anillos más anchos y ligeros por la perforación de la vascularización –por donde circulaba su sangre–. Las marcas más holgadas del hueso indican la capacidad de su metabolismo para crecer rápidamente, de donde los científicos deducen que tenían una alta tasa metabólica, propia de los animales de sangre caliente.
El comunicado del ICP señala que el hallazgo se hizo por casualidad: “No diseñamos un estudio para encontrar la respuesta a la termofisiología de los dinosaurios, solo pretendíamos conocer mejor la fisiología de los mamíferos actuales y queríamos entender cómo les afecta el ambiente”, confiesa Köhler.

Referencia bibliográfica:

Köler, M.; Marin, N.; Jordana, X.; Aanes, R. “Seasonal bone growth and physiology in endoterms shed light on dinosaur physiology”. Nature 7404 (486): 1-4, 28 de junio de 2012. DOI:10.1038/nature11177

LA IMPORTANCIA DE LAS ALGAS MARINAS PARA MANTENER FUERA DE LA ATMÓSFERA AL CARBONO

noticiasdelaciencia.com

Las algas marinas son una parte vital de los recursos naturales aún disponibles para combatir al cambio climático, y, por unidad de área, los prados de algas marinas pueden almacenar hasta el doble de carbono que los bosques templados y tropicales.


Lecho de algas marinas. (Foto: Florida Coastal Everglades LTER Site)

Así se ha comprobado en una reciente investigación internacional, que constituye el primer análisis global de carbono capturado por las algas marinas.
Los resultados de esta investigación demuestran que los lechos costeros de algas marinas almacenan hasta 83.000 toneladas de carbono por kilómetro cuadrado, principalmente en el subsuelo marino.
A modo de comparación, un bosque terrestre típico almacena aproximadamente 30.000 toneladas por kilómetro cuadrado, y la mayor parte del carbono está en la madera.
El equipo de James Fourqurean, de la Universidad Internacional de Florida, también estima que, aunque los prados de algas marinas ocupan menos del 0,2 por ciento del fondo marino del mundo, son responsables de más del 10 por ciento de todo el carbono sepultado anualmente en el mar.
Las algas marinas sólo constituyen un pequeño porcentaje del área costera global, pero la nueva investigación demuestra que son un ecosistema muy dinámico para la transformación del carbono.
Las algas marinas tienen la singular habilidad de continuar guardando carbono en sus raíces y en el subsuelo de los fondos marinos costeros. Fourqurean y sus colaboradores encontraron lugares donde los lechos de algas marinas han estado almacenando carbono durante miles de años.
En la investigación han trabajado especialistas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, el Instituto del Océano de la Universidad de Australia Occidental, la Universidad de Bangor en el Reino Unido, la Universidad del Sur de Dinamarca, el Centro Helénico de Investigación Marina en Grecia, la Universidad de Aarhus en Dinamarca, y la Universidad de Virginia en Estados Unidos.

sábado, 23 de junio de 2012

AÚN ES POSIBLE DESCUBRIR 10 MILLONES DE ESPECIES EN MENOS DE 50 AÑOS

agenciasinc.es

Describir 10 millones de especies en menos de 50 años es todavía factible. Esta ha sido la conclusión de un estudio internacional, con participación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), que se ha basado en la solidez de 250 años de progreso científico, en excepcionales colecciones a lo largo del mundo, en reconocidos especialistas, y en la innovación tecnológica para llegar a estos resultados. Pero se necesitan 2.000 taxónomos para cartografiar la biodiversidad del planeta.

Los taxónomos proponen crear un catálogo con todos los nombres de las especies descritas hasta la fecha. Imagen: MNCN.

Cada año se descubren 18.000 nuevas plantas y animales. Hasta la fecha se han descrito cerca de 2 millones de especies, pero las estimaciones más fiables incrementan el número total de especies hasta 10 o 12 millones. Sin embargo, y por primera vez en la historia de la humanidad, la tasa de extinción de las especies puede superar a la de su descubrimiento.
En noviembre 2010, científicos de todo el mundo se reunieron en el Jardín Botánico de Nueva York (EE UU) en el seminario ¿Qué sostener? Misión para explorar las especies de la tierra y conservar la biodiversidad para responder a la pregunta de si es posible aún descubrir, describir y cartografiar las especies que constituyen la biosfera.
La respuesta unánime fue que sí. Los especialistas allí reunidos, entre los que se encontraban investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), formularon unas recomendaciones que se han publicado ahora en la revista Systematics and Biodiversity.
"Existe muy poca gente que sea consciente de lo poco que conocemos sobre la vida en la Tierra. Cartografiar la biosfera es tremendamente complejo, pero los beneficios para la sociedad serían profundos, inmediatos y duraderos; desde la detección temprana de la respuesta de la flora y la fauna al cambio climático, hasta el acceso abierto a diseños evolutivos que podrían solucionar innumerables problemas prácticos", señala Antonio G. Valdecasas, uno de los autores del estudio e investigador del MNCN-CSIC.

Cien especies al año por taxónomo

Para lograr los objetivos en el plazo de 50 años se necesitarían al menos 2.000 taxónomos y la colaboración de otros expertos profesionales y aficionados. Para alcanzar los 10 millones de especies descritas, la tasa de descripción de especies debería aumentar hasta 200.000 especies al año, lo que equivaldría a la descripción de 100 especies al año por taxónomo.
SIn embargo, uno de los principales obstáculos para un progreso rápido en la exploración de la biodiversidad es el cuello de botella del proceso. Los miles de museos, jardines botánicos y universidades que existen en todo el mundo, albergan en torno a 3.000 millones de especímenes de un total de dos millones de especies. Por ello, a partir de ahora "los ejemplares que se añadan a las colecciones tienen que servir para avanzar y no para acumular trabajo atrasado", indican los científicos en el estudio.
Entre las acciones prioritarias destaca la necesidad de crear un catálogo con todos los nombres de las especies descritas hasta la fecha. Este registro nomenclatural facilitaría notablemente el trabajo de los taxónomos. Para los hongos está prevista su puesta en marcha a partir del 1 de enero de 2013.
Para los taxónomos, también es necesaria una estrategia global para priorizar determinadas campañas y hacer un seguimiento del progreso del proyecto. "De este modo se puede evitar el avance desigual en el conocimiento de los principales taxones, tal y como ha ocurrido hasta ahora", recalcan.

Las ventajas de descubrir especies

Un mayor conocimiento de las especies es importante para entender mejor cómo funcionan los ecosistemas, ya que los sistemas diversos son más resilientes frente a cambios imprevistos que los sistemas con menor diversidad. Igualmente, integrar y sintetizar todas las evidencias sobre la historia evolutiva contribuirá a responder a las cuestiones fundamentales sobre la diversidad biológica.
Además, según los taxónomos hay que considerar que la prosperidad económica y el bienestar humano dependen de decenas de miles de especies, por lo que conforme se descubran nuevas especies, podremos disponer de más productos, materiales y modelos. Finalmente, hay que recordar que los seres humanos tienen una curiosidad innata sobre la diversidad de la vida y su lugar en el planeta.
"Nadie duda de la complejidad del empeño que requiere la colaboración de una pléyade de especialistas en ámbitos muy diferentes: biólogos, ingenieros, sociólogos, gestores, etc", señalan los autores. Pero es una tarea intrínsecamente ligada a la biología, y más concretamente a la taxonomía: la ciencia especializada en descubrir, caracterizar y nombrar a las especies.
Según los científicos, la taxonomía debe madurar y dejar de ser una industria artesanal y convertirse en una ciencia moderna, altamente eficiente y con una tasa de transferencia de la información muy elevada.
Esto requiere un cambio cultural para que esta disciplina sea reforzada en las carreras de biología y que se modifiquen los incentivos al trabajo taxonómico. Los investigadores proponen por ejemplo establecer un "índice de impacto nomenclatural". "Hay que buscar vías que pongan en valor la contribución imprescindible de los taxónomos al conocimiento de la biodiversidad", concluyen.

Referencia bibliográfica:

Wheeler, Q. D. et al. (2012). "Mapping the biosphere: exploring species to understand the origin, organization and sustainability of biodiversity". Systematics and Biodiversity, 10(1): 1-20.