jueves, 21 de mayo de 2015

DESCUBREN CÓMO UNOS MICROBIOS ADQUIEREN ELECTRICIDAD PARA PRODUCIR METANO

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Unos científicos han resuelto un misterio duradero sobre los metanógenos, microorganismos únicos que generan metano a partir de electricidad y dióxido de carbono. En este nuevo estudio, llevado a cabo por el equipo de Jörg Deutzmann y Alfred Spormann, de la Universidad de Stanford en California, Estados Unidos, se ha demostrado por primera vez cómo los metanógenos obtienen electrones de superficies sólidas. El descubrimiento podría ayudar a los científicos a diseñar electrodos para “fábricas” microbianas que produzcan de manera sostenible gas metano y otros biocombustibles y sustancias útiles.

Unas colonias de microbios producen gas metano y otros compuestos valiosos en el laboratorio del profesor Alfred Spormann. El objetivo de la investigación es crear fábricas microbianas que conviertan electricidad y dióxido de carbono en biocombustibles renovables y otras sustancias químicas útiles y sostenibles. (Foto: Mark Shwartz, Precourt Institute for Energy, Stanford University)


Esas factorías tendrían grandes biorreactores donde los microbios producirían combustibles renovables y otras sustancias valiosas, usando para ello dióxido de carbono atmosférico (ayudando así a mitigar su acumulación climáticamente peligrosa en la atmósfera) y electricidad limpia procedente de energía solar o eólica.
Todo el proceso tendría un balance neutro de emisiones de carbono. Cuando el metano microbiano se quemase como combustible, el dióxido de carbono liberado tan solo estaría regresando a la atmósfera de donde provino. La combustión del gas natural, en cambio, libera carbono que ha estado atrapado bajo tierra durante millones de años.
Durante mucho tiempo, se ha venido creyendo que los metanógenos toman electrones directamente del electrodo. Pero en un estudio previo, el equipo de Deutzmann halló pruebas de que ciertas enzimas microbianas y otras moléculas podrían desempeñar también un papel importante. Desde la perspectiva de la ingeniería, existe una gran diferencia si hay que diseñar un electrodo para acomodar células microbianas grandes en vez de enzimas. Como las enzimas son más pequeñas, una cantidad de moléculas mayor que la de células se podría acomodar en el electrodo, si el sistema se diseña con esto en mente.
Para los experimentos de la nueva investigación el equipo de la Universidad de Stanford utilizó una especie de metanógeno llamada Methanococcus maripaludis. Ésta se cultivó en matraces equipados con un electrodo de grafito, que proporcionó un suministro continuo de electrones. Los microbios también fueron alimentados con dióxido de carbono gaseoso.
Como se esperaba, se formó gas metano dentro de los matraces, una clara indicación de que los metanógenos estaban asimilando los electrones y metabolizando el dióxido de carbono. Pero los investigadores detectaron una acumulación de gas hidrógeno.
El equipo repitió el experimento usando una variedad modificada genéticamente de M. maripaludis. Estos metanógenos mutantes tenían seis genes borrados de su ADN, de manera que ya no podían producir la enzima hidrogenasa, que los microbios necesitan para generar hidrógeno. Aunque los mutantes fueron cultivados en las mismas condiciones que los metanógenos normales, su producción de metano era notablemente más baja. Sin la hidrogenasa, la producción de metano se redujo a una minúscula parte. Esta fue una indicación contundente de que las enzimas productoras de hidrógeno estaban muy implicadas en la asimilación de electrones.
Pruebas adicionales sin células metanógenas confirmaron que la hidrogenasa y otras enzimas toman los electrones directamente de la superficie del electrodo. La célula microbiana en sí misma no está implicada en la transferencia.
Ahora que se ha averiguado por fin cómo exactamente toman los metanógenos la electricidad, se podrán rediseñar los electrodos convencionales de manera que las nuevas versiones sirvan para proporcionar más electrones a más microbios y a un ritmo más alto.

LAS HIENAS SABEN QUE EL AMIGO DE UN AMIGO ES MÁS FIABLE QUE ALGUIEN SIN REFERENCIAS

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El amigo de un amigo es más fiable que alguien sin referencias. Lo sabemos los humanos, y ahora en una nueva investigación se ha comprobado que las hienas manchadas también lo saben y que ponen en práctica esa filosofía.

Las hienas manchadas saben que el amigo de un amigo es más fiable que alguien sin referencias. (Foto: Amiyaal Ilany)

El hallazgo lo ha hecho el equipo de Amiyaal Ilany, un investigador que trabajó en este estudio desde el Instituto Nacional para la Síntesis Matemática y Biológica (NIMBioS), con sede en la Universidad de Tennessee en Knoxville, Estados Unidos, y que ahora está en la Universidad de Pensilvania, del mismo país.
Ilany y sus colegas recogieron más de 55.000 observaciones de interacciones sociales de hienas manchadas a lo largo de un período de 20 años en Kenia, haciendo de este estudio de dinámica de redes sociales uno de los más grandes hasta la fecha en especies no humanas.
Las hienas, que pueden alcanzar una edad de hasta 22 años, viven habitualmente en grupos grandes y estables conocidos como clanes, que están formados por más de 100 individuos.
Como animales socialmente sofisticados, estos depredadores son selectivos en sus elecciones sociales. Cuentan con amigos, y cuando necesitan la colaboración de alguien más prefieren a los amigos de sus amigos en vez de a cualquier otro miembro del clan, tal como han constatado los autores del estudio. También comprobaron que la agrupación del tipo en el que un individuo consigue lazos con amigos de amigos fue el factor que más a menudo influyó en la dinámica a largo plazo de la estructura social de las hienas manchadas.
Los rasgos individuales, como el sexo o el rango social, y los efectos medioambientales, como la cantidad de lluvia y la abundancia de presas, también importan, pero la capacidad de los individuos para formar y mantener lazos sociales en grupos que abarcan hasta los amigos de los amigos fue fundamental, según lo observado en la investigación.

¿QUÉ FORMA TENÍAN LAS PRIMERAS SERPIENTES?

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La serpiente primitiva probablemente era nocturna y depredadora silenciosa de vertebrados e invertebrados. Habitaba en los medios terrestres y contaba con una extremidad inferior formada por un par de patas con tobillos y pies con pequeños dedos. Así la describen científicos estadounidenses que han analizado 73 especies de serpientes y lagartos, vivos y extintos, para realizar un árbol genealógico completo que se remonta al primer antepasado de las serpientes.

Ilustración de la serpiente primitiva en la que aparecen sus extremidades inferiores. / BMC Evolutionary Biology

Con más de 3.400 especies en la actualidad, las serpientes muestran una gran diversidad en sus características y se encuentran en una amplia gama de hábitats tanto en la tierra como en el agua. Sin embargo, el origen de estos reptiles no estaba claro.
Ahora, investigadores de la Universidad de Yale (EE UU) demuestran en un estudio, que publica hoy la revista BMC Evolutionary Biology, que la anatomía de esta serpiente es una de las características que más llaman la atención: una extremidad inferior formada por un par de patas con tobillos y pies con pequeños dedos.
“No está clara la función de las extremidades posteriores que presentaba y que sus contemporáneas han perdido. Es probable que fueran poco más que restos vestigiales y no tuvieran ninguna función significativa de locomoción”, explica a Sinc Daniel Field, coautor del estudio.
Según los investigadores, el origen más probable de estos reptiles se encuentra en los ecosistemas forestales del antiguo supercontinente de Laurasia (que se dividió posteriormente en Eurasia y América del Norte), hace 128,5 millones de años. Este periodo del Cretácico Inferior coincide con una etapa de aparición rápida de muchas especies de aves y mamíferos.

Un animal nocturno

El trabajo recalca además otra característica importante: las primeras serpientes tenían hábitos nocturnos. Daniel Field subraya que mientras que muchos reptiles ancestrales eran más activos durante el día, la serpiente ancestral habría sido nocturna.
“Cuando hicimos las reconstrucciones basadas en la comparación de rasgos a través de fósiles y especies vivas descubrimos que las serpientes desarrollaban la mayor parte de su actividad durante la noche”, apunta el experto.
Los hábitos diurnos llegaron más tarde cuando las temperaturas más frías de la noche empezaron a limitar la actividad de las serpientes. Según el estudio, esto sucedió con la aparición de las colubroideas –la familia de serpientes que ahora representan a más del 85% de las especies vivas–  hace entre 50 y 45 millones de años. 
Los investigadores señalan que el éxito de la historia evolutiva de las serpientes se debe en parte a sus habilidades como dispersoras. Las serpientes pueden ocupar rangos 4,5 veces más grandes que los lagartos y en ambientes muy dispares. 

El mayor árbol genealógico de las serpientes

Para conocer a la primera serpiente, los investigadores construyeron un árbol genealógico de las familias de serpientes y algunos lagartos cercanos evolutivamente a estas, identificando las similitudes y diferencias de 73 especies.
“Empleamos un enfoque de vanguardia, donde se analizaron las secuencias de ADN y los datos anatómicos de las serpientes vivas de forma simultánea con la anatomía de los fósiles de serpientes”, cuenta Field.
El resultado final es un árbol genealógico que ilustra las interrelaciones evolutivas entre los principales grupos de serpientes. El investigador estadounidense concluye que este estudio, además de ayudar a entender mucho más sobre el origen de las serpientes, “reabre la reflexión sobre el significado de que las serpientes sean tanto amadas como temidas por los humanos a lo largo de la historia”.

Referencia bibliográfica: 

Hsiang et al. “The origin of snakes: revealing the ecology, behavior, and evolutionary history of early snakes using genomics, phenomics, and the fossil record”.  BMC Evolutionary Biology (2015) 15:87 DOI 10.1186/s12862-015-0358-5

lunes, 18 de mayo de 2015

LA DIFERENCIA DE TAMAÑO ENTRE EJEMPLARES DE UNA MISMA ESPECIE, CLAVE DEL ÉXITO INVASOR


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Las especies de mamíferos cuyos ejemplares muestran entre sí más diferencias en su tamaño corporal en edad adulta tienen más probabilidades de persistir en una región nueva y convertirse en invasoras. Esta es una de las principales conclusiones de un trabajo liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en España, que aparece publicado en el último número de The American Naturalist. Los resultados son útiles para predecir y prevenir futuros problemas con la introducción de especies.


Variabilidad del tamaño en Oryctolagus cuniculus (conejo europeo, arriba) y Lepus europaeus (liebre europea, abajo). (Foto: Héctor Garrido)

Los científicos han tratado de identificar características generales que permitan clasificar especies como probables invasoras. “Para mejorar nuestra capacidad de detectar posibles invasoras es necesario ir más allá del estudio de características promedio y considerar también la variabilidad entre individuos”, explica la investigadora del CSIC en la Estación Biológica de Doñana Manuela González Suárez.
Desde el momento en que el hombre empezó a descubrir y conquistar nuevos continentes, llegaron animales y plantas a regiones donde no habían estado antes. “La mayoría de estas especies exóticas desaparecieron rápidamente, pero otras se establecieron e, incluso, se expandieron, convirtiéndose en especies invasoras que pueden ocasionar grandes daños económicos y ambientales. Por ejemplo, en Australia, los conejos fueron introducidos desde Europa y han devastado grandes áreas de tierras fértiles, causando millones de dólares en daños a cultivos cada año y la extinción de especies nativas. En Europa se conocen unas 13.000 especies invasoras, que generan más de 12 millones de euros en daños anualmente”, asegura González Suárez.
Según los investigadores, que han analizado más de 500 introducciones de mamíferos exóticos por todo el mundo (97 especies en total), la variabilidad puede ser sinónima de éxito a la hora de persistir porque significa mejor adaptación a distintos ambientes.
“Además, entender por qué algunas especies tienen más probabilidades de persistir que otras cuando son introducidas puede ayudar a mejorar las reintroducciones de especies en peligro de extinción”, señala la investigadora del CSIC. (Fuente: CSIC/DICYT)

EL PEZ LUNA REAL CALIENTA TODO SU CUERPO PARA NADAR MEJOR POR AGUAS FRÍAS

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La capacidad para calentar internamente todo el cuerpo es lo que distingue a mamíferos y aves de los peces. Hasta ahora, solo algunos depredadores, como el atún, habían demostrado la capacidad de calentar ciertos músculos y órganos durante la persecución de sus presas, pero tenían que volver a la superficie para aumentar la temperatura del resto de su organismo. Un nuevo estudio revela que el pez luna real genera calor en su interior para calentar todo su cuerpo de manera continuada, lo que le permite desplazarse de manera eficaz por aguas frías y profundas.

Un ejemplar Lampris guttatus, capturado durante el estudio en aguas de California (EE UU). / NOAA Fisheries/Southwest Fisheries Science Center

Con un tamaño similar a la de un gran neumático, el pez luna real (Lampris guttatus) habita en todos los océanos del mundo a más de 45 metros de profundidad en frías y oscuras aguas, en las que se mueve agitando rápidamente sus aletas pectorales. Los peces que nadan en estas aguas deberían ser lentos e inactivos para conservar su energía y tender emboscadas a sus presas en lugar de perseguirlas.
Un equipo de científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) revela que el pez luna real calienta su cuerpo entero con el aleteo constante, acelerando su metabolismo, sus movimientos y sus tiempos de reacción. Para los investigadores se trata del primer pez con sangre caliente circulando por todo su cuerpo, como ocurre con mamíferos y aves.
“El hecho de descubrir un pez capaz de calentarse a pesar de la temperatura de su medio cambia nuestra manera de pensar sobre la habilidad de los peces y otros organismos para mantener el calor en sus cuerpos”, señala a Sinc Nicholas Wegner, biólogo en el Southwest Fisheries Science Center de la NOAA y autor principal del estudio que publica Science.
Según Wegner, Lampris guttatus aumenta principalmente la temperatura de su cuerpo a través del constante aleteo de sus aletas pectorales.
“Los músculos usados para mover estas aletas generan calor”, indica el investigador estadounidense, quien añade que este pez posee unos vasos sanguíneos especializados en sus branquias que forman intercambiadores de calor a contracorriente que minimizan la pérdida de este calor al agua cuando el pez respira.
El científico se percató de que el diseño del tejido de las agallas era inusual. El pez luna real logra calentarse gracias a la presencia de una red de vasos sanguíneos sumamente compactos, que usa la sangre de las venas una vez caliente tras el funcionamiento muscular para aumentar la temperatura de la sangre arterial oxigenada en las agallas.
Este mecanismo, apilado en capas que intercambian calor y a su vez aislado con tejido conectivo graso dentro de los arcos de las agallas, protege así al sistema contra la pérdida de calor. Equipado con un corazón y cerebro calientes, el pez puede desplazarse por aguas frías y profundas de forma semejante a la de los depredadores muy eficientes, como el atún.

El pez ve mejor y nada más rápido

El equipo de investigación recogió los datos de las temperaturas del pez luna real capturado durante el estudio. Los resultados revelan que las temperaturas del cuerpo del pez estaban de manera regular más calientes que las de las aguas de su entorno.
Además, la monitorización de la temperatura durante la sumersión del pez demostró que el calor se mantenía, incluso si la temperatura del agua descendía bruscamente. Según el trabajo, el pez tenía de media una temperatura muscular de unos 5 ºC por encima de las aguas mientras nadaba de 45 a 300 metros de profundidad.
Una de las ventajas del calentamiento constante del pez se aprecia en una mejora de su rendimiento. “Una región craneal caliente le permite incrementar las tasas de reacción y la resolución visual. Esto es importante cuando estos peces buscan comida en las frías y profundas aguas, donde pasan la mayoría de su tiempo”, recalca Wegner.
Muy pocos peces son capaces de calentar ciertas partes de cuerpo, como la musculatura o el cerebro y los ojos. Es el caso del atún, el pez espada o algunos tiburones que usan estas adaptaciones para sumergirse en frías aguas y cazar presas. “Sin embargo, estos peces tienen que volver a la superficie para calentar el resto de su cuerpo, incluido el corazón, que queda a temperatura ambiente”, subraya el biólogo.
El pez luna real es el único pez conocido capaz de mantener su corazón caliente para mantenerse en las profundidades evitando así los viajes regulares hasta la superficie para calentarse. Al poder calentar todo su cuerpo, el pez se convierte en un predador muy activo que caza presas ágiles como los calamares. Además, puede migrar durante largas distancias.
“Este tipo de hallazgos nos permiten entender el papel que desempeñan diferentes especies en el medio marino, y cómo sus adaptaciones fisiológicas únicas les ayudan a sobrevivir”, concluye Wegner.

Referencia bibliográfica:

N.C. Wegner et al. “Whole body endothermy in a mesopelagic fish, the opah, Lampris guttatus” Science 348(6236) 15 de mayo de 2015

miércoles, 13 de mayo de 2015

RECONSTRUYEN LA VIDA DE UNO DE LOS ‘HOMO SAPIENS‘ MÁS ANTIGUOS DE ASIA

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¿Cómo era la vida de un hombre solitario hace 40.000 años? Esto es lo que revela el estudio de los restos óseos de uno de los Homo sapiens más antiguos encontrados en Asia oriental. En concreto, la investigadora del Museo Nacional de Ciencias Naturales, Yolanda Fernández Jalvo, ha reconstruido cómo vivió y murió el hombre de Tianyuandong.

Detalle del exterior de la cueva donde se aprecia la estructura laminada de la caliza. / MNCN-CSIC

A través del análisis tafonómico –rama de la paleontología que estudia los proceso formación de los fósiles–, un artículo liderado por la  investigadora del Museo Nacional de Ciencias Naturales, Yolanda Fernández Jalvo, reconstruye qué le pasó al hombre de Tianyuandongo, un Homo sapiens de hace 40.000 años.
Según la científica, “investigar y contar la vida y la muerte de alguien que habitó el planeta hace 40.000 años, además de ser una labor detectivesca, nos ayuda a comprender cómo vivieron nuestros antepasados”. El artículo lo publica la revista Journal of Human Evolution.
El hombre de Tianyuandong fue descubierto en una cueva cercana a un curso de agua. Los huesos han revelado que este hombre, que tenía alrededor de 50 años, sufría lesiones patológicas en las manos, además de problemas en las cervicales, que muy posiblemente le impedían tallar piezas líticas. De hecho, pese a que a menos de 6 km hay rocas de cuarzo y sílex, este hombre ni las buscó ni las llevó a la cueva.
“Sin embargo, los problemas motores que sufría no le impidieron sobrevivir gracias a la carroña y a la caza de pequeños animales que pudo descarnar usando la roca madre de la cueva donde vivía. Aún hoy puede verse que la caliza rompe por meteorización dando lugar a lascas naturales, muchas de ellas con un filo útil”, explica Fernández Jalvo.
La base de la investigación ha sido la asociación entre los huesos de la fauna encontrados en la cueva, la mayoría ciervos de unos 60 kilos, y de los restos humanos. Los primeros están muy rotos frente a la escasa fragmentación que muestra el esqueleto humano. “En los huesos de los ciervos hemos detectado cortes de filos de piedra caliza para separar la carne y roturas para extraer la médula”, continua Fernández Jalvo.

Una muerte accidental

La ubicación del esqueleto, en un recodo de la cueva, los golpes y contusiones en la superficie del esqueleto humano y el hecho de que muchas de las fracturas sean post-mortem, indica que, muy probablemente, la muerte del individuo se produjera por caídas de bloques que además mantuvieron los restos ocultos a los carroñeros.
El hombre de Tianyuandong fue encontrado en 2001 en una pequeña cueva cercana al complejo kárstico de Zhokoudian, un referente en paleoantropología que ha proporcionado abundantes restos humanos de diferentes edades. Durante unos trabajos de prospección que llevaba a cabo la compañía china Tianyuan Tree Farm, los trabajadores descubrieron un esqueleto humano oculto bajo lo que parecían derrumbes de rocas, en un recodo de la cueva.
El análisis de los fósiles determinó que se trataba de un Homo sapiens que, según la datación por carbono 14, vivió hace unos 40.000 años, es decir, uno de los fósiles más antiguos de nuestra especie encontrados en Asia oriental.
“Descubrir el fósil  de un individuo aislado, junto a  abundantes restos de fauna y ubicado en un recodo de una cueva en la que tampoco se encontraron herramientas líticas, dio pie a diversas teorías. Se planteaba desde que hubiera sido víctima de prácticas caníbales o comida de carnívoros, hasta que se tratara de un rito funerario”, comenta la investigadora del MNCN. “Nuestra investigación dio un giro a todas estas hipótesis y mostró otra historia, da pruebas de cómo logró sobrevivir a pesar de sus problemas para moverse y de que su muerte fue accidental”, concluye.

Referencia bibliográfica:

Fernández-Jalvo Y., Andrews P. y Tong H. (2015) Taphonomy of the Tianyuandong human skeleton and faunal remains. Journal of Human Evolution. DOI: 10.1016/j.jhevol.2015.03.010.

DESCUBREN NUEVOS ORGANISMOS COLONIALES MARINOS EN MADEIRA

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La isla portuguesa de Madeira es considerada un punto caliente de diversidad de briozoos, organismos coloniales principalmente marinos. Sin embargo, no se había empezado a documentar la fauna de estos pequeños animales hasta hace poco. Ahora, un equipo de científicos españoles y portugueses ha descubierto dos nuevas especies de briozoos y otra que, hasta el momento, solo se había encontrado en aguas de Rio de Janeiro (Brasil).


Favosipora purpurea, una de las nuevas especies de briozoos descubierta en la isla de Madeira. / Javier Souto et al.

En la actualidad, en Madeira se conocen unas 140 especies de briozoos, por lo que algunos autores consideran la isla como un punto caliente de diversidad de este grupo zoológico. Pero la mayor parte del conocimiento que se tiene de los animales de esta zona proviene de trabajos realizados por investigadores ingleses de finales del siglo XIX y principios del XX.
En los últimos años, la aplicación de técnicas de estudio más modernas, así como el uso de microscopía electrónica, han permitido un análisis más detallado de la diversidad de estos organismos al distinguir mejor entre especies. Con esta tecnología los investigadores son capaces de comparar en la mayoría de los casos el material recogido ahora con material de colecciones antiguas.
Gracias a estos nuevos métodos, científicos de diversos centros españoles y portugueses han analizado las muestras de rocas colonizadas por estos organismos a 11 metros de profundidad y recogidas en agosto de 2013 al sur de la isla. Los resultados, publicados en la revista Zootaxa, revelan el hallazgo de dos nuevas especies: Favosipora purpurea y Rhynchozoon papuliferum.
“En este trabajo, no solo se describen dos especies de briozoos nuevas para la ciencia, sino que también se vuelve a describir seis especies ya conocidas en la isla de Madeira, y una especie que se consideraba endémica del Brasil y ha sido encontrada por primera vez fuera de estas aguas”, informa a Sinc Javier Souto, investigador asociado a la Universidad de Viena y al departamento de Zoología y Antropología Física de la Universidad de Santiago de Compostela (USC).
Para llegar a estas conclusiones, el equipo estudió material recolectado por los propios investigadores y muestras recogidas a finales del siglo XIX y conservadas en el Museo de Manchester (Reino Unido). “Así pudimos comprobar que todo este material correspondía a una especie nunca descrita anteriormente, a la que llamamos Rhynchozoon papuliferum”, indica Souto.
Según el biólogo, el nombre está relacionado con la morfología de las avicularias (zooides especializados en la defensa) en forma de papilas, “detalle que el científico británico A. W. Waters –y que da nombre a la colección de briozoos en el museo inglés– ya había detectado en 1909 pero esta característica no le llevó a describir una nueva especie”, explica el investigador español.
Por otro lado, Favosipora purpurea, que adopta el nombre por el color de las colonias, representa la primera especie perteneciente a este género descrita en el océano Atlántico, y que antes solo se conocía del Pacífico e Índico. En cuanto a sus características, es más o menos circular con un diámetro de dos centímetros.

Redescubriendo los briozoos

“Los briozoos son uno de los organismos incrustantes más importantes del bentos marino, y que muchas veces pasan desapercibido por su pequeño tamaño”, destaca el autor. Actualmente se conocen unas 6.000 especies en el mundo, pero se estima que pueden existir alrededor de 11.000 especies.
Estos animales forman colonias que van desde los pocos milímetros a grandes colonias de hasta un metro y pueden estar formadas desde unos pocos zooides hasta miles de ellos, con una morfología y función dentro del grupo muy variable de unas especies a otras.
“Esta variabilidad morfológica es la que se usa para distinguir unas especies de otras. Para observar esta variabilidad se hace necesario trabajar con microscopía electrónica de barrido, lo que permite su correcta identificación”, señala Souto. La investigación ha permitido además volver a describir seis especies previamente registradas en la isla portuguesa, de las que la tecnología ofrece nuevos datos e imágenes.
Este trabajo se ha llevado a cabo en el marco de un proyecto de monitorización de especies, cuyo objetivo es conocer la diversidad y detectar las especies introducidas por la actividad humana en la isla de Madeira. La iniciativa se inició en 2013 por Joao Canning Clode, investigador en la Estación de Biología Marina de Funchal (Madeira), entre otros centros.

Referencia bibliográfica:

Souto, Javier; Kaufmann, Manfred J.; Canning-Clode, Joao. “New species and new records of bryozoans from shallow waters of Madeira Island” Zootaxa 3925(4): 581-593 Marzo de 2015