martes, 14 de abril de 2015

LAS SEQUÍAS ALTERAN LA DIVERSIDAD MICROBIANA DEL SUELO AUMENTANDO EL CO2

agenciasinc.es

Han analizado en Doñana cómo el decaimiento de los bosques, provocado por las sequías asociadas al cambio climático, afecta a la composición microbiana de los suelos y modifica el ciclo del carbono aumentando las emisiones de CO2. Una de las mayores aportaciones de dióxido de carbono que recibe la atmósfera proviene de las comunidades microbianas del suelo. 

Ejemplo de los suelos en zonas de sabinar y matorral estudiados en Doñana. / Francisco Lloret. 

Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y del CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales) han analizado cómo el decaimiento de los bosques, provocado por las sequías asociadas al cambio climático, afecta a la composición microbiana de los suelos y modifica el ciclo del carbono aumentando las emisiones de CO2.
Los microorganismos del suelo descomponen la hojarasca y ramas muertas de la vegetación. De esta forma, aparte de reciclar los nutrientes, devuelven a la atmósfera parte del carbono que las plantas asimilan con la fotosíntesis sobre todo en forma de CO2. De hecho, las emisiones de las comunidades microbianas del suelo son una de las mayores aportaciones de CO2 que recibe la atmósfera y pequeños cambios en su ecología pueden suponer grandes diferencias en la emisión total de este gas de efecto invernadero.
El decaimiento de los bosques, que en los últimos años se ha multiplicado en la península ibérica, es consecuencia del incremento de las sequías y se caracteriza por la defoliación y mortalidad de los árboles y los matorrales.
En este trabajo de investigación han analizado cómo la sequía de 2005 en Doñana, espacio que alberga una enorme biodiversidad asociada a su vegetación mediterránea, afectó a la diversidad de los microorganismos del suelo.
“Ese año fue excepcionalmente seco y además tuvo un invierno muy frío lo que se tradujo en una defoliación masiva de la vegetación, especialmente en las zonas de matorral y sabinar”, contextualiza Francisco Lloret, investigador del CREAF. “A partir del ADN extraído del suelo hemos estudiado tres ambientes: el sabinar, el matorral y el pasto y hemos analizado la relación entre la diversidad de la vegetación y las bacteriasy hongos presentes en el suelo”, continua el investigador.

Ejemplos de los suelos en zonas de sabinar y matorral estudiados en Doñana. / Francisco Lloret

En las zonas de pasto la diversidad de bacterias es más alta, porque hay mayor variedad de plantas que generan diferentes ambientes para las bacterias. Por el contrario, en los suelos de los sabinares hay más hongos por la abundancia de especies micorrícicas, asociadas a las raíces leñosas del sabinar.

Elequilibrio entre bacterias y hongos en los suelos de Doñana

El episodio de sequía de 2005 aumentó el número de especies herbáceas que sustituyeron a las sabinas muertas. El aumento de la hojarasca que produjo la defoliación de las sabinas modificóla diversidad microbiana del suelo.
“El resultado que detectamos, y que se mantiene en el tiempo, fue un incremento de la diversidad de bacterias en las zonas con más vegetación herbácea, frente a la disminución de la diversidad de hongos en el sabinar seco, probablemente debido a que desaparecieron los hongos micorrícicos”, explica el investigador del MNCN Jorge Curiel Yuste.
“Las bacterias y los hongos tienen estrategias para el reciclado de nutrientes y carbono muy diferentes. Las bacterias son más rápidas, pero también emiten más CO2. Este cambio en el equilibrio entre bacterias y hongos puede suponer enormes variaciones tanto en las tasas de reciclaje de nutrientes como en  las emisiones de CO2 en estos sistemas afectados por la sequía", aclara el investigador
“El estudio pone de manifiesto cómo la ecología del suelo, que afecta al ciclo del carbono (vital para el mantenimiento de la vida en el planeta) se ve alterada por el cambio climático, favoreciendo las emisiones de dióxido de carbono”, concluyen los investigadores.

Referencia bibliográfica:

Lloret, F., Mattana, S. y Curiel Yuste, J. (2014) Climate-induced die off affects plant-soil microbe ecological relationship and functioning. FEMS Microbiology Ecology. DOI: http://dx.doi.org/10.1093/femsec/fiu014 1-12.

domingo, 12 de abril de 2015

RECOMPENSA MILLONARIA A QUIEN DERROTE A LAS BACTERIAS SUPERRESISTENTES

agenciasinc.es

El mal uso de los antibióticos y la aparición de bacterias resistentes preocupan cada vez más a las autoridades sanitarias. Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud alerta de que las consecuencias ya se empiezan a notar, y pueden ser muy graves. Dos premios millonarios recompensarán a los investigadores que consigan aportar soluciones.

El mal uso de los antibióticos y la aparición de bacterias resistentes preocupan cada vez más a las autoridades sanitarias. / Fotolia

A finales del siglo XVII, media Europa buscaba una solución para el que era entonces uno de los problemas científicos de mayor interés: el de la longitud. En aquellos tiempos de largas travesías marítimas, la determinación precisa de la posición de un barco en alta mar cobraba vital importancia. La latitud podía medirse con facilidad observando el Sol o las estrellas, pero para calcular la longitud era necesario utilizar un reloj muy preciso, y los aparatos de péndulo de la época no eran efectivos por culpa del movimiento de las naves.
Los reinos español y holandés ofrecieron recompensas a quien lograra resolverlo, pero nadie fue capaz. En 1714, la corona británica creó el premio Longitud dotado con 20.000 libras para aquel que encontrara una solución. Hubo que esperar unos 50 años hasta que el relojero británico John Harrison fabricó un reloj portátil de gran precisión que le hizo merecedor de la recompensa.
El pasado año, con motivo del 300 aniversario de la creación del premio, la fundación británica Nesta rescató aquella idea y decidió premiar con 10 millones de libras (14 millones de euros) a quien solucione el problema científico más importante de nuestra época.
Lo primero ha sido escoger el reto entre seis: volar sin dañar el medio ambiente, acabar con la resistencia a antibióticos, mejorar la vida de personas con demencia, asegurar el acceso de todos al agua potable y garantizar a todos una alimentación nutritiva y sostenible. En el verano de 2014 se eligió, por votación de los ciudadanos británicos, la lucha contra la resistencia a antibióticos. En este momento los candidatos están pasando una primera fase de evaluación, proceso que se repetirá cada cuatro meses hasta dar con el ganador. El plazo para resolver un problema de tal calibre es largo: finales de 2019.
También la Comisión Europea ofrece, dentro de su programa Horizonte 2020, premios a la innovación. Uno de ellos, dotado con un millón de euros, tiene como objetivo acabar con la resistencia provocada por el mal uso de los antibióticos. El plazo para participar está abierto hasta el 17 de agosto de 2016.

Bacterias resistentes

Los antibióticos se utilizan para acabar con infecciones producidas por bacterias, pero su abuso puede provocar un proceso de selección natural, haciendo que sobrevivan las que gracias a alguna mutación genética sean inmunes al fármaco. Esas bacterias resistentes se multiplicarán, transmitirán esa ventaja evolutiva a sus descendientes y darán lugar a grupos de microorganismos contra los que el antibiótico se vuelve inútil.
La comunidad científica coincide en señalar este fenómeno como uno de los grandes problemas de la actualidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el pasado año el primer informe en el que alertaba de la gravedad de la situación. “En ausencia de medidas urgentes y coordinadas por parte de muchos interesados directos, el mundo va hacia una era en la que infecciones comunes y lesiones menores que han sido tratables durante decenios volverán a ser potencialmente mortales”, dijo Keiji Fukuda, subdirector general de la OMS para la Seguridad Sanitaria.
El documento advertía que esta amenaza es ya una realidad que puede afectar a cualquier persona de cualquier edad en cualquier país. En la misma línea, Bruno González Zorn,  investigador del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria de la Universidad Complutense y experto en resistencia a antibióticos, señala a Sinc que la resistencia a antibióticos “mata”, y destaca que, “aunque no es fácil de cuantificar, genera unas 30.000 muertes al año en Europa, más que el sida”.
La resistencia es tal que incluso se ha recuperado para las unidades de cuidados intensivos un antibiótico, la colistina, que en el pasado fue descartado por sus efectos secundarios adversos. “Ahora estamos dispuestos a asumir la toxicidad de moléculas rechazadas en los años 60 para poder curar a la gente”, explica.
Pero el problema de las bacterias resistentes no es solo el aumento de la mortalidad, sino que puede alargar las estancias hospitalarias, lo que multiplica el riesgo de nuevas infecciones y el gasto  económico, que en Europa se estima en unos 1.500 millones de euros anuales por esta razón.

Los antibióticos se utilizan para acabar con infecciones producidas por bacterias, pero su abuso puede provocar un proceso de selección natural / Fotolia

Abuso de antibióticos

Aunque la aparición de bacterias resistentes es inevitable, y se produce aun cuando el uso de los medicamentos es adecuado, las malas prácticas, tanto de los pacientes como del personal sanitario, aceleran el proceso. Prescribir antibióticos cuando no son necesarios –por ejemplo en infecciones que son causadas por virus, como la gripe o el resfriado– , tratar de adquirirlos sin receta en farmacias, usar en exceso antibióticos de amplio espectro o no cumplir con las dosis y duraciones de los tratamientos prescritos son las malas costumbres más habituales.
La administración preventiva, excesiva o incorrecta de antibióticos a animales contribuye a la aparición de cepas de bacterias resistentes. Esas bacterias pueden acabar transmitiendo los genes que les otorgan la resistencia, mediante un proceso de transferencia horizontal, a otros microorganismos potencialmente infecciosos para el ser humano y convertirlas en resistentes.
“El mal uso genera resistencia en plazos muy cortos, debido a la gran capacidad de replicación de las bacterias” señala a Sinc Rafael Cantón, jefe del Servicio de Microbiología del Instituto Ramón y Cajal de Investigación Sanitaria. “La antibioterapia moderna arranca durante la Segunda Guerra Mundial y, 70 años después, hemos sido capaces de crear muchos antibióticos de solo unas pocas familias. Hoy en día ninguno de ellos escapa a los mecanismos de resistencia, incluso algunos han dejado de utilizarse”, añade.
Cómo abordar el problema
Tanto el nuevo premio Longitud, que mantiene el nombre original, como el premio de la Comisión Europea, recompensarán a quien desarrolle una prueba para diagnosticar infecciones que se pueda utilizar en el punto de atención al paciente. “La prueba debe ser precisa, rápida, asequible, fácil de usar y disponible para cualquiera en cualquier parte del mundo. Debe identificar cuándo es necesario el uso de antibióticos y, en caso de serlo, indicar cuáles usar”, tal y como indican las normas del certamen organizado por Nesta.
“Los premios de estímulo tienen que ser cuidadosamente diseñados para que tengan una meta clara y sean atractivos a los participantes. Hemos consultado a unos 200 expertos en ciencia, ingeniería y ciencias sociales, así como al público en varias fases para definir un desafío dentro del área de la resistencia a antibióticos”, señala a Sinc Tamar Ghosh, que lidera el proyecto.
Por su parte, González Zorn coincide en que el desarrollo de test diagnósticos específicos “es una buena herramienta. Si diagnosticamos antes y más específicamente las patologías, podremos actuar antes y más específicamente, en lugar de utilizar moléculas de amplio espectro contra bacterias que no sabemos exactamente cuáles son”.
Además, los creadores del premio aseguran que este tipo de pruebas pueden servir para comprender mejor los mecanismos de resistencia de los patógenos. “Una de las barreras que impiden saber más es la ausencia de datos. Estas herramientas de diagnóstico pueden ayudar, ya que suponen una forma fiable de recopilar datos de todo el mundo. Cada vez que se hace una prueba, hay un nuevo dato almacenado, lo que proporciona una gran cantidad de nueva información para comprender cómo se produce la resistencia”, explica Ghosh.

Distintas soluciones

Sin embargo, existen otras muchas formas de abordar el asunto. Las más básicas son la educación y la concienciación de pacientes y profesionales capacitados para prescribir antibióticos –médicos, odontólogos y veterinarios–.
También reduciría el problema cumplir ciertas normas higiénicas: “Hay hospitales en los que se ha reducido la resistencia a antibióticos hasta en un 30% solamente por recordar que hay que lavarse las manos, cambiarse la bata, etc.”, explica González Zorn.
Desde un punto de vista farmacológico, hasta ahora se ha trabajado principalmente en el desarrollo de moléculas antibióticas nuevas, aunque, según Youness Ouahid, investigador y director de Descubrimiento y Desarrollo de Fármacos de Valoralia I+D, “el descubrimiento de nuevos antibióticos se ha ralentizado de manera drástica en las últimas décadas. Desde el descubrimiento de la penicilina en 1928 por Alexander Fleming y Howard Florey se han descrito 13 nuevas familias de antibióticos. Sin embargo, desde la muerte de Florey en 1968 solo se han descubierto dos nuevas familias”.
Ouahid considera que las futuras investigaciones “irán encaminadas al descubrimiento de nuevas familias, en lugar de modificaciones de las ya conocidas. Al mismo tiempo, se dará prioridad a compuestos de espectro reducido y específico de géneros o incluso de especies concretas de bacterias patógenas”.
No obstante, el diseño de nuevas moléculas tiene un problema añadido: a las grandes compañías farmacéuticas no suele resultarles rentable invertir en un medicamento que está abocado a resultar ineficaz en poco tiempo.
En algunos países se han llevado a cabo iniciativas para incentivar el desarrollo de nuevos antibióticos, tal y como indica González Zorn: “En Estados Unidos existe una estrategia que facilita y acelera los trámites a los investigadores que vayan a desarrollar un antibacteriano, eliminando ciertas trabas legales y burocráticas a la hora de realizar el ensayo clínico”.

Alternativas a los antibióticos

Por otro lado, existen alternativas a la creación de antimicrobianos nuevos. Para este investigador, “hoy en día hay algunas aproximaciones originales enfocadas a actuar contra la evolución de las bacterias”. El propio González Zorn participa en proyectos de este tipo, donde lo que se hace es “tratar de impedir la transferencia de ADN de una bacteria a otra, desarrollar moléculas  anticaptación de genes de resistencia o moléculas antimutación, que ralentizan la capacidad mutacional o evolutiva de las bacterias”, según comenta.
Otras opciones son el uso de bacteriófagos ­–virus que infectan a las bacterias­– o la fabricación de vacunas. “Las vacunas son la solución ideal, porque si evitas que aparezca la infección, evitas el uso de antibióticos. Una de las estrategias más eficientes en los últimos veinte años ha sido la vacuna contra Streptococcus pneumoniae, el Prevenar ”, asegura el científico, aunque añade que no se puede apostar solo por las vacunas, puesto que no todos los microorganismos permiten su desarrollo con la misma facilidad.
El problema también tiene un componente medioambiental, ya que los antibióticos pueden acabar contaminando el agua, el suelo y el aire, y provocar que las poblaciones bacterianas de estos entornos desarrollen resistencia. Por eso es importante crear moléculas que faciliten la absorción total del antibiótico en el intestino grueso, o que se degraden fácilmente en el entorno.
Al tratarse de un asunto científico multidisciplinar, González Zorn cree que la aproximación más apropiada para buscar soluciones debe ser de tipo One Health (de salud única), es decir, que involucre a profesionales de la medicina, la veterinaria y las ciencias medioambientales de manera conjunta. “Esto se ha empezado a hacer desde hace tan solo unos años. Hasta entonces se tendía a discutir sobre qué sector contribuía más a la aparición de resistencia a antibióticos”, señala el experto.

Aunar esfuerzos y recursos

La Unión Europea tiene en marcha un proyecto que coordina a los países europeos a la hora de financiar y afrontar distintos retos que no pueden ser resueltos por un solo estado de manera individual. El proyecto incluye distintas Iniciativas de Programación Conjunta (JPI por sus siglas en inglés), que abordan problemas científicos. Una de ellas es la JPIAMR, que trata el asunto de la resistencia a antibióticos, y en la que España participa.
En este caso también se apuesta por un enfoque multidimensional. Ya se han identificado seis pilares prioritarios para hacer frente al problema: buscar nuevos y mejores antibióticos o tratamientos alternativos; mejorar las herramientas diagnósticas; establecer programas de vigilancia; comprender los mecanismos de transmisión de resistencia entre bacterias; minimizar la contaminación ambiental por antibióticos y bacterias resistentes; y estudiar las intervenciones preventivas y de control.
Recientemente se creó en España la Red Nacional para el Descubrimiento de Nuevos Antibióticos, formada por científicos y médicos.  Youness Ouahid, que forma parte de la red, explica que lo que se pretende es “dar voz a la investigación española en este campo a nivel internacional, con el objetivo de potenciar sinergias entre empresas, instituciones públicas de investigación, hospitales, etc.”.
Estas acciones se suman a las campañas para concienciar, como la celebración, cada 18 de noviembre, del Día Europeo para el Uso prudente de los Antibióticos. Todo ello con la intención de garantizar a las futuras generaciones tratamientos eficaces para las infecciones bacterianas, que causan millones de muertes cada año.
El mundo se enfrenta a un conflicto que debe ser resuelto con urgencia, y tanto investigadores como instituciones son conscientes de ello. Aunque este, a diferencia del problema que resolvió Harrison en el siglo XVIII, requerirá la participación de muchos actores de distintas áreas.De los 12 millones de casos de tuberculosis registrados en 2011, 630.000 fueron causado por microorganismos multirresistentes.

El problema en datos y cifras
  • De los 12 millones de casos de tuberculosis registrados en 2011, 630.000 fueron causado por microorganismos multirresistentes.
  • Desde 2009 a 2013 se triplicó el número de casos registrados de tuberculosis multirresistente.
  • La resistencia a los antipalúdicos de la generación anterior (cloroquina y sulfadoxina-pirimetamina) está generalizada en la mayoría de los países donde el paludismo es endémico.
  • Un alto porcentaje de infecciones hospitalarias se debe a bacterias muy resistentes, entre ellas el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina, o bacterias gramnegativas multirresistentes.
  • Han aparecido nuevos mecanismos de resistencia que hacen prácticamente ineficaces a la última generación de antibióticos.
  • En España la tasa de Escherichia coli resistente a fluoroquinolonas es del 34,5%.
  • Entre 2001 y 2011, la tasa de resistencia de Escherichia coli a cefalosporinas de tercera generación ha crecido en España desde un 0,6% a un 12%.
  • Entre cepas de Klebsiella pneumoniae (que causa infecciones respiratorias, sanguíneas y urinarias), la resistencia a ceflaosporinas de tercera generación ha aumentado desde el 7% en 2005 al 13,4% en 2011.
  • Diversos estudios muestran que la satisfacción de los pacientes tratados en centros de atención primaria depende más de una comunicación eficaz que de la entrega de una receta de antibióticos.
  • Un equipo de investigadores de Europa y Estados Unidos han anunciado el desarrollo de un antibiótico, la teixobactina, eficaz frente a Clostridium difficile, Mycobacterium tuberculosis y Staphylococcus aureus. Los científicos creen que la resistencia a él se demorará varias décadas.

sábado, 11 de abril de 2015

LA ACIDIFICACIÓN DE LOS OCÉANOS CAUSÓ LA MAYOR EXTINCIÓN EN LA TIERRA

noticiasdelaciencia.com

La extinción masiva de la casi totalidad de animales y plantas pudo producirse por el impacto de un meteorito, la liberación de gases de invernadero atrapados en fondos oceánicos o la intensa actividad volcánica en la zona de Siberia. A estas hipótesis se añade la acidificación producida por la liberación de CO2 por las erupciones volcánicas.

Zona de los Emiratos Árabes Unidos, donde los investigadores han encontrado rocas que hace 250 millones de años pertenecían al fondo marino. (Foto: D. Astratti)

Un estudio internacional, liderado por investigadores británicos, revela que los movimientos volcánicos de hace unos 252 millones de años provocaron la emisión de grandes cantidades de CO2 en dos fases: la primera más suave y la segunda mucho más súbita, intensa y prolongada que ocasionó la acidificación de los océanos durante unos 10.000 años a finales del período Pérmico e inicios del Triásico.
“Este cambio en la composición química de la superficie marina fue el golpe de gracia que provocó la segunda oleada de la mayor extinción vivida en la Tierra”, asegura a Sinc Matthew Clarkson, geólogo de la Universidad de Edimburgo (Reino Unido) y autor principal del trabajo publicado en la revista Science.
Durante la primera emanación de dióxido de carbono, los océanos –al ser muy alcalinos– mantuvieron el pH estable. Sin embargo, con la segunda se desencadenó una acidificación masiva de los mares que alteró su composición.
Según explica Clarkson, “la falta de carbono hizo que muchos organismos no pudieran desarrollar conchas y esqueletos; la acidificación aumentó la corrosión de las conchas ya formadas, y el incremento del pH afectó al metabolismo interno de algunas especies, perjudicando actividades como la cría”.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores crearon un registro de alta resolución del pH del agua marina usando isótopos de boro y aplicando modelos cuantitativos. Para desarrollar un modelo climático que ayudara a saber qué provocó la extinción, el equipo analizó rocas desenterradas en los Emiratos Árabes Unidos, que entonces estaban bajo el agua y que conservan un registro detallado del cambio de las condiciones oceánicas. Así pudieron determinar el efecto de las emisiones de dióxido de carbono provocadas por las erupciones volcánicas en Siberia.
La extinción del Pérmico-Triásico –conocida como “La Gran Mortandad”– ocurrió hace cerca de 252 millones de años y fue la más devastadora que se ha producido en la Tierra, pues en ella desaparecieron en torno al 96% de las especies marinas y el 70% de las terrestres. Transcurrió en solo 60.000 años, que suelen dividirse en dos fases: una primera al final del Pérmico, a la que siguió una leve recuperación antes de una nueva oleada de extinción a principios del Triásico.
“La primera extinción parece no haber sido selectiva en cuanto a los organismos que murieron de manera masiva. Pero la segunda afectó sobre todo a aquellos muy calcificados y a los que tenían más dificultades para prepararse contra el aumento de pH”, aclara el investigador británico.
Según los científicos, el estudio podría servir también para predecir cómo reaccionaría en la actualidad nuestro planeta a una posible acidificación de los océanos provocada por el aumento de las emisiones de dióxido de carbono debido a la actividad humana. (Fuente: SINC)

EL BRONTOSAURIO VUELVE A SER UN GÉNERO ÚNICO

noticiasdelaciencia.com

El brontosaurio o 'lagarto del trueno' es uno de los dinosaurios más carismáticos de todos los tiempos. Ha inspirado a generaciones de niños gracias a su tamaño y a su atractivo nombre. Sin embargo, desde 1903 denominarlo como brontosaurio es inapropiado, ya que debe ser referenciado como apatosaurio.

Recreación de cómo ven los investigadores hoy en día al brontosaurio. (Foto: Davide Bonadonna)

Esto se debe a que hace más de un siglo se decidió que las diferencias entre Brontosaurus Excelsus y Apatosaurus eran tan leves que lo mejor sería poner a ambos dentro del mismo género. Como el Apatosaurus se había definido antes, esta fue la denominación que se utilizó en virtud de las reglas de nomenclatura científica.
Ahora, un estudio que publica la revista PeerJ asegura que ha estado mal clasificado durante todo ese tiempo. Paleontólogos de Portugal y el Reino Unido proporcionan en este trabajo pruebas concluyentes –en un total de 300 páginas– de que el brontosaurio es distinto del apatosaurio y, como tal, puede ser considerado un género único.
"Nuestra investigación no hubiera sido posible con este nivel de detalle hace 15 o más años", explica el científico suizo Emanuel Tschopp, quien dirigió el trabajo en la Universidad Nova de Lisboa (Portugal) durante su doctorado. "De hecho –añade– hasta hace muy poco la afirmación de que el brontosaurio era el mismo género que el Apatosaurus era completamente razonable, basado en el conocimiento que teníamos".
En los últimos años, gracias al descubrimiento de numerosos dinosaurios similares a Apatosaurus y Brontosaurus, se ha podido llevar a cabo esta nueva investigación que detallada lo diferentes que eran en realidad.
Según Roger Benson, uno de los coautores de la investigación en la Universidad de Oxford, sus diferencias “eran al menos tan numerosas como las de otros géneros estrechamente relacionados, y mucho más de lo que normalmente se encuentra entre las especies".
Los científicos aplicaron métodos estadísticos para calcular las diferencias entre otras especies y géneros de dinosaurios diplodócido, y se sorprendieron por el resultado. "Hemos tratado siempre de ser lo más objetivos posible al tomar una decisión para diferenciar entre especies y género", apunta Tschopp.
"Es el clásico ejemplo de cómo funciona la ciencia", dice el profesor Octávio Mateus, colaborador en la investigación. "Sobre todo cuando las hipótesis se basan en fósiles fragmentarios, es posible que los nuevos hallazgos derriben años de investigación". (Fuente: SINC)

martes, 7 de abril de 2015

GRACIAS A LA CENIZA VOLCÁNICA SE SALVÓ LA VIDA MARINA DE LA EXTINCIÓN MASIVA HACE 252 MILLONES DE AÑOS

ecoticias.com

El carbono elemental se convirtió en un material de construcción de algunas formas de vida en el océano después de una de las mayores extinciones masivas en la historia de la Tierra. Hace más de 252 millones años, al final del período Pérmico de la era paleozoica y al principio del período Triásico de la Era Mesozoica comenzó, más del 90 por ciento de las especies terrestres y marinas se extinguieron. Varias propuestas se han sugerido para este evento de extinción, incluyendo un calentamiento global por actividad volcánica, o incluso uno o más impactos negativos extraterrestres.



Un nuevo estudio de la Universidad de Texas en Arlington, publicado en The Journal of International Geology, se centró en una sección de rocas del Pérmico en Vietnam, al sur de la frontera con China, donde se recolectaron muestras poco espaciados con un intervalo de cuatro metros en el límite de los estratos.
Merlynd Nestell, profesor de ciencias terrestres y del medio ambiente en el Colegio de Ciencias, y coautor del estudio, advirtió que hubo una fuerte actividad volcánica global en aquel periodo, y que el carbono de la ceniza acumulada en la atmósfera y el medio ambiente marino fue utilizado por algunos microorganismos marinos en la construcción de sus conchas, algo que no se había producido antes.
Este descubrimiento de carbono elemental resultó importante para la formación de las conchas de los foraminíferos, ostrácodos diminutas y tubos de gusanos aglutinados unicelulares que formaban parte de la población muy limitada de organismos marinos bentónicos que sobrevivieron el acontecimiento de extinción.
Mediante el uso de análisis de series de mediciones magnéticas, el grupo científico descubrió que el evento de extinción duró 28.000 años. Se terminó 91.000 años antes del nivel actual límite Pérmico-Triásico.
Nestell dijo que los altos niveles de carbono comenzaron después del evento de extinción 82.000 años antes del horizonte límite oficial y continuó hasta 3.000 años después. El horizonte límite se calcula en 252,2 millones años antes del presente.

¿POR QUÉ TENEMOS MIEDO A LAS ARAÑAS?

ecoticias.com

La aracnofobia es un producto de la evolución humana, según se desprende de un nuevo estudio elaborado por científicos de la Universidad de Columbia. Según este documento, las arañas supusieron un gran peligro para los seres humanos en las etapas evolutivas tempranas , de manera que el miedo a la especie pasó a formar parte del ADN humano.



En África, a principios de la evolución humana, sobrevivieron aquellos que tenían una gran habilidad para detectar animales, sobre todo aquellos que podían descubrir a los más cautelosos. El autor principal, Joshua New, ha explicado que durante numerosas especies de arañas, con venenos potentes, existían en África mucho antes que los homínidos y durante decenas de millones de años han coexistido".
"Los seres humanos estaban en riesgo perenne, imprevisible y significativo ante el encuentro con arañas muy venenosas en sus ambientes ancestrales. Incluso cuando no era mortal, la picadura de, por ejemplo, una viuda negra en el mundo ancestral podría dejarincapacitado durante días o incluso semanas a un hombre, tiempo en el que se exponía a numerosos peligros", ha señalado el experto.
El nuevo estudio probó la rapidez con que la gente podía detectar una araña cuando se presenta, frente a otras imágenes conocidas, como moscas o gusanos, para estudiar la capacidad de reacción de las personas. De los 252 examinados, la mayoría reconoce a las arañas mucho más rápido que al resto.
Sin embargo, otras teorías que se han propuesto para explicar el miedo humano a las arañas. El profesor de psicología de la Universidad de Plymouth, Jon May, sugirió que son las piernas angulosas, colores oscuros y los movimientos impredecibles que hacen su visión desagradable para los humanos.
"Nos gustan las mariposas y mariquitas de colores brillantes, pero las arañas son de color oscuro, con las piernas largas angulares y ambas características tienen fuertes asociaciones negativas", ha declarado a 'The Telegraph'.
En contraste con la investigación de la Universidad de Columbia, May también ha sugerido que este temor se desarrolla a través del condicionamiento social. A su juicio, los niños son mucho más propensos a convertirse aracnofóbicos si ven a sus padres o hermanos reaccionar a las criaturas de una manera determinada. 

LOS VEGETALES SON CAPACES DE DISTINGUIR ENTRE MUY DIVERSOS TIPOS DE ATACANTES

noticiasdelaciencia.com

Los expertos en plantas pueden detectar en ellas la acción de enfermedades o ataques de insectos examinando su aspecto exterior. Las señales que a menudo resultan las más fáciles de advertir son las de hojas mordidas por insectos herbívoros que han estado comiendo de ellas.

Heidi Appel, delante, y Jack Schultz, detrás. (Foto: Roger Meissen / Christopher S. Bond Life Sciences Center / University of Missouri)

Sin embargo, muchas de las importantes respuestas que las plantas tienen ante las mordeduras de insectos tienen lugar fuera de nuestra vista. En uno de los estudios más amplios de su clase, el equipo internacional de Heidi Appel y Jack Schultz, de la Universidad de Misuri en la ciudad estadounidense de Columbia, analizó recientemente cómo respondieron los genes de las plantas ante los insectos que las dañaron. Appel, Schultz y sus colegas encontraron que las plantas examinadas pueden reconocer ataques de diversos tipos de insectos, tales como orugas y áfidos, y que responden de forma diferente a cada ataque. Identificar estos genes de defensa podría permitir a los especialistas en mejora vegetal lograr efectos específicos contra especies de insectos concretas a la hora de desarrollar cultivos resistentes a las plagas.
La sorpresa para los científicos no fue que las plantas respondieran de forma distinta ante orugas que masticaran sus hojas o ante áfidos que succionan su savia, sino que su reacción podía cambiar mucho dependiendo de la especie específica a la que pertenecía la oruga o el áfido. Claramente, las plantas podían diferenciar entre diversas especies.
Los resultados mostraron que la Arabidopsis, una pequeña planta con flores emparentada evolutivamente con la col (repollo) y la mostaza, reconoce y responde diferenciadamente a cuatro especies de insectos. Se colocaron individuos de dos especies de orugas sobre las plantas, y se propició que se alimentaran de sus hojas. Los investigadores también permitieron que dos especies de áfidos (pequeños insectos que perforan las plantas con su órgano bucal parecido a una aguja y succionan su savia), las atacaran. Después se hizo un análisis de cambios en la actividad genética de dichas plantas para medir sus reacciones a las distintas agresiones.
El equipo encontró que las plantas respondieron de forma diferente ante cada una de las dos especies de orugas y cada uno de ambos tipos de áfidos. Se determinó que tenían distintas respuestas genéticas en los cuatro casos. Además, los insectos ocasionaron cambios en el nivel de señalización que provocaron la activación y desactivación de ciertos genes en una configuración adecuada para ayudar a defender las plantas contra ataques adicionales.
Existen 28.000 genes en esta especie vegetal, y los científicos detectaron 2.778 que respondieron a los ataques dependiendo del tipo de insecto.