jueves, 12 de abril de 2012

MONTAÑA ALPINA ESPAÑOLA

ecoticias.com

En la larga historia de colonización de los continentes, las montañas siempre fueron aquellos territorios alejados a los que los grupos humanos sólo llegaban tras conocer bien los llanos que las rodeaban. Sin embargo, una vez asentados en ellas, podían servirles de refugio seguro para casos de ataque por parte de otros grupos hostiles (Price, 1981); esa alternancia de lugares difíciles y poco accesibles junto a la característica de haber albergado altas densidades de población en tiempos difíciles, son las señas de identidad que hemos seguido encontrando en la montaña alpina española.



En el primer decenio del siglo XXI continúa teniendo más bosques que la mayoría de los llanos circundantes y soporta una frecuentación de visitantes muy alta. Alberga paisajes heredados que evidencian aún depuradas reglas de gestión comunitaria (Violant, 1949). Seguramente podrán ser preservados si optamos por una decidida puesta al día de otras normas complementarias con las que ayudar a controlar los nuevos impactos que vayan recibiendo.
El modelo internacional de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, a través del estudio de los servicios ofertados por los ecosistemas del planeta y su relación con el bienestar humano (MEA, 2010) ha sido el marco seguido para el análisis de las relaciones naturaleza-sociedad del ecosistema de la montaña alpina española. Se han considerado modelos realizados en espacios muy emblemáticos (González et al, 2008) o en las zonas de montaña de Portugal (Milenio de Portugal, Aguiar et al, 2009). Proponemos algunas recomendaciones para que en la montaña alpina española se pueda potenciar de una manera eficaz su capacidad de generar servicios que contribuyen al bienestar de nuestra sociedad.
La despoblación y el abandono de actividades tradicionales (regresión de prados junto a los pueblos e invasión de matorral en zonas de pastos, por ejemplo) (Alados et al, 2007) han coincidido en los últimos diez años con una demanda urbanística desproporcionada (OSE, 2006) y con un incremento de las actividades de ocio (Gorria, 1995) que seguramente frenaron otro posible desarrollo rural más armónico. Los Espacios Naturales Protegidos (en general, la red Natura 2000) contribuyeron a una política de protección de determinados espacios y especies emblemáticas lo que ha supuesto que la superficie total regulada por los LIC, por ejemplo, supone el 74 % de la superficie total de la montaña alpina (MARM, 2010c).
La montaña alpina ofrece al visitante unos territorios que tradicionalmente fueron difíciles de explotar por sus habitantes, en gran medida debido a las penalidades impuestas por la propia altitud. Podríamos considerar las bajas densidades de población actuales como una consecuencia de esas limitaciones ambientales y son muy similares en los tres conjuntos: Cordillera Cantábrica 7,85 hab/km2; Pirineos 6,10 hab/km2 y Cordillera Ibérica 6,12 hab/km2 (INE, 2010). Son territorios con muy variados tipos de servicios y van dirigidos a algo más de 7 millones de visitantes anuales. Los motivos de atracción por los que acuden a sus valles y montes varían según las estaciones (naturaleza en verano, frutos y caza en otoño, cultura en primavera, esquí en invierno) y son muchos los que repiten y acaban considerándose "montañeses de adopción".
La conservación de la montaña alpina es necesaria para seguir generando servicios de abastecimiento de calidad (algunos alimentos saludables y producidos de forma sostenible), provisión de agua dulce limpia, imprescindible en el marco de la disminución de precipitaciones del cambio global. No menos importante es el suministro de energías renovables y mención especial merece el acervo genético que será, seguramente, el reservorio de futuras opciones de producción y de gestión para una sociedad que cada vez más precisará de la conservación de territorios equilibrados, resilientes y de los servicios proporcionados en circuitos cortos de mercado. Tampoco debe olvidarse el potencial futuro de las zonas agrícolas de montaña para la producción de principios activos naturales de calidad.
En este marco cabe indicar que los cambios de uso del territorio son con seguridad el impulsor directo de cambio que más está limitando el potencial mencionado, incluso tras haber disminuido recientemente su intensidad sobre el medio. La pérdida de suelo fértil en pos del proceso urbanizador es acumulativa, así como lo es también la pérdida de explotaciones agrarias viables o la regulación de infiltración hídrica, por poner sólo algunos ejemplos muy aparentes.
La explotación intensiva de servicios y los cambios de uso del suelo, limitan también la capacidad de generar diversos servicios culturales, y en particular, los del Disfrute espiritual y religioso, el de Paisaje-disfrute estético y el de Actividades recreativas y ecoturismo; son ya muchos los visitantes que experimentan en la montaña alpina su interacción con espacios naturales de alto valor ecológico y estético, y con ella, los potenciales de equilibrio psicoespiritual e incremento de la salud a largo plazo.

CARACTERIZACIÓN DEL SISTEMA SOCIOECOLÓGICO MONTAÑA ALPINA

Consideramos como montaña alpina española los territorios de la Cordillera Cantábrica, Los Pirineos y la Cordillera Ibérica (sector norte) que superan los 1500 m de altitud. Pertenecen a un total de 292 municipios y suman una población de 172 591 habitantes que desarrollan su actividad en una superficie de 23 335 km 2 lo que supone una densidad media de 6,81 hab/km 2 (INE, 2010).
Las tres cordilleras se originaron en el Cretácico Superior, con el inicio de la orogenia alpina (hace unos 80 millones de años). Sin embargo los materiales que las formaron eran aún más antiguos y muchos de ellos habían sufrido otra orogenia anterior (hercínica), a finales de la Era Paleozoica (período Carbonífero). En conjunto los macizos resultantes de la orogenia alpina se estructuraron de forma que se pueden distinguir bien en todos ellos una zona interna, con materiales antiguos paleozoicos y otras externas, con materiales mesozoicos (Fontboté, 1986; Teixell, 2009; Santanach, 1986). Esa diversidad de materiales litológicos proporciona una gran diversidad de servicios de abastecimiento (carbón, pizarras y granitos para construcción, hidroelectricidad, aguas termales), de regulación (climática en sus solanas y umbrías, de inversión térmica en sus valles, hídrica con sus lagos y pantanos, de fertilidad del suelo por los distintos tipos de rocas que los originan) y culturales (por el conocimiento geológico de sus orígenes, de identidad cultural que proporciona el vivir en cada valle, de múltiples actividades recreativas y de ecoturismo).
Tras la elevación de los tres conjuntos montañosos, se iniciaron nuevos ciclos de erosión, a veces superficiales (fluvial y glaciar) y, otras, internos (con fuertes karstificaciones en las zonas calizas). Resultaron particularmente espectaculares los modelados glaciares por lo que todos los glaciares del Pirineo han sido protegidos. Respecto a las zonas calizas, cabe destacar la cueva kárstica de la Piedra de San Martín (Macizo de Larra, Navarra) con las galerías más profundas de Europa (150 km de galerías y más de 1300 m de desnivel) (López, 1987).
La vegetación inicial que fue ocupando las montañas, ascendía desde valles próximos y alcanzaba las cumbres cuando la benignidad del clima lo fue permitiendo (para el caso de los bosques, por ejemplo, dando primero pinares de formación abierta y después robledales y hayedos). Otros componentes provenían de refugios terciarios, anteriores a las glaciaciones cuaternarias y, todos ellos en conjunto, contribuyeron a formar la rica flora actual (Blanco et al, 2005).
Climáticamente, toda la Península Ibérica está situada un poco al sur de la trayectoria de las borrascas atlánticas, protegida de muchos frentes por el anticiclón de las Azores, por lo que sus tipos de tiempo resultan más suaves que los del resto de Europa. También la lejanía de los fríos polares hace que las temperaturas sólo bajen significativamente cuando ocurren llegadas intensas de aire siberiano (Kerbe, 1974; Creus, 1983; Oretega, 1992). En este marco general, la situación de las tres alineaciones montañosas está muy influida por las precipitaciones provenientes del O y NO y por las diferentes protecciones que tienen sus laderas solanas respecto de las correspondientes umbrías, cuando se trate de soportar la llegada de los fríos polares. En las precipitaciones se nota una fuerte disminución de las influencias atlántica y cantábrica al avanzar desde las posiciones occidentales (Galicia-Asturias) hasta las meridionales del Moncayo (Soria-Zaragoza) o hasta la comarca interior pirenaica de la Cerdanya (Girona); se compensan en parte esas pérdidas de humedad con la altitud y, en cotas superiores a 1500 m, resultan frecuentes precipitaciones anuales próximas a 1500 mm (Ninyerola et al, 2005). Para las temperaturas, las medias de la cota 1500 m suelen oscilar entre los 6ºC y 8ºC mientras las medias de las mínimas van de 0ºC a 3ºC y las de las máximas lo hacen entre 12ºC y 14ºC (Ninyerola et al, 2005).
Las características de sustrato geológico (silíceo o calizo), exposiciones (atlánticas o recibiendo influencias mediterráneas), altitudes (con pisos de vegetación montanos, subalpinos y alpinos), formas de relieve (convexas o cóncavas), tipos de suelos (superficiales o profundos, ácidos o básicos), precipitaciones (cantidades anuales y su distribución estacional, nevadas) y temperaturas (con zonas térmicamente favorecidas frente a valles con inversión térmica), proporcionaron gran diversidad de biotopos para el establecimiento de una rica flora (Blanco et al, 2005). Se trata de una región montañosa que a pesar de su pequeña superficie alberga más de un tercio de las especies vasculares de España (Villar, 2003; García y Gómez, 2007) y una gran diversidad en comunidades vegetales (Benito, 2006); la altitud y el relieve y la gran variedad de ambientes que ocasionan, favorecen un aumento del número de especies y del total de endemismos (en particular los boreoalpinos y los orófitos) (Montserrat Martí y Montserrat Martí, 1990).
Entre los Hábitats de Interés Comunitario de España (Bartolomé et al. 2005) encontramos presentes en la montaña alpina 5 relacionados con las aguas y ríos alpinos, 4 que albergan distintos tipos de brezales, 4 relacionados con matorrales, 12 con comunidades herbáceas, 7 con diferentes tipos de turberas y humedales, 5 relacionados con cantiles, afloramientos rocosos y cuevas, uno directamente ocupado por los glaciares y 14 con distintos tipos de bosques. Por tanto, la montaña alpina española constituye un muestrario bastante completo de los distintos hábitats europeos y puede ser de un gran atractivo para todo tipo de visitantes que aprecien la naturaleza.
En la lista de especies emblemáticas de la flora española con distintos tipos de amenazas (MARM, 2010d), encontramos para el Pirineo la orquídea conocida como zapatito de dama (Cypripedium calceolus, FL/136), considerada en peligro de extinción y Androsace pyrenaica, clasificada como de Interés Especial. Para la fauna amenazada, destacan 2 lagartijas que se consideran en Peligro de Extinción y 1 Vulnerable, mientras suman 9 las lagartijas, lagartos y culebras de Interés Especial. Entre las aves hay 4 clasificadas como en Peligro de Extinción: quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), urogallo cantábrico (Tetrao urogallus subsp. Pirenaica), milano real (Milvus milvus), alimoche común (Neophron pernopterus), 4 Vulnerables: perdiz nival (Lagopus mutus subs. pyrenaicus), urogallo pirenaico (Tetrao urogallus subs.aquitanicus) milano real (Milvus milvus) y águila perdicera (Hieraaetus fasciatus/Aquila fasciata) y 5 de Interés Especial. Los mamíferos en Peligro de Extinción son 2: Oso (Ursus arctos) y visón europeo (Mustela lutreola) y 1 se clasifica como de Interés Especial: armiño (Mustela erminea). En total, sobre las 613 especies consideradas como amenazadas, la montaña alpina albergaría cerca de un 5% de dichas especies. Por tanto, la montaña alpina es una zona con elevado interés de conservación para especies amenazadas de España.
No obstante la biodiversidad presenta una tendencia negativa y de forma especial en las especies alpinas, fuertemente adaptadas a las duras condiciones del medio. En el caso de las aves, todas las especies dependen de temperaturas estivales frescas y buenas precipitaciones para disponer de los recursos alimentarios necesarios que les permitan afrontar la temporada de cría. El proceso de calentamiento global parece incidir negativamente en ellas según el ICO (2010). En el período 2002-2009 la chova piquigualda (Phyrrhocorax graculus) ha sufrido un descenso poblacional fuerte de una media del 14% anual, de manera que el 2009 se han detectado solo el 37% de las chovas contabilizadas el 2002. Para el reyezuelo (Regulus regulus), en el mismo periodo, el descenso es del 13% anual contabilizándose en 2009 el 61% de efectivos del año 1990.
Zonas próximas a la montaña alpina fueron frecuentadas desde tiempos prehistóricos (Paleolítico inferior) (Bhan, 1984), por diversas especies del género Homo (H. antecessor, H. heidelbergensis, H. neanderthalensis y finalmente H. sapiens) (Arsuaga, 1999). En aquellos territorios cazaron, recolectaron plantas y animales y practicaron después la agricultura (Martin y Vaquer, 1995). El paisaje del tiempo de los romanos, definido por sus componentes muy estables de silva (bosques), saltus (pastos) y ager (campos) (Faucher, 1975) fue cambiando y así ocurrió, por ejemplo, con la intensa colonización agrícola de las montañas en los siglos medievales (Bolós, 1995). Ya en pleno siglo XX, se dio el desarrollo industrial importante de las ciudades, a la vez que se abandonaron muchas zonas rurales (y casi de una forma imparable a partir de los años 1960) (Leal et al, 1975); por el contrario, en los últimos años del siglo XX y primer decenio del XXI han ido aumentando las frecuentaciones turísticas estacionales a todas las montañas.

Bosques

Los bosques más importantes de las zonas por encima de los 1500 m están formados por combinaciones de varias especies (73%) siendo los pinares las masas homogéneas mejor representadas (23%), mucho más que los hayedos (1,75%). Los abetales, enebrales y robledales son los siguientes conjuntos a destacar aunque con valores muy bajos (0,90%, 0,79% y 0,60%, respectivamente); la mayor aportación superficial de los pinares corresponde a Pinus sylvestris, con un 73% de la superficie total de pinares y caracterizaría fundamentalmente el piso montano mientras, el Pinus uncinata (24% de la superficie de los pinares), sería el mejor indicador del piso subalpino (MARM, 2010b).
Económicamente, el Valor Añadido Bruto (VAB) del sector agrario oscila entre medias del 14% (Zona asturiana de los Montes Cantábricos) y del 5% (caso del Pirineo catalán). Los valores respectivos del sector servicios son 54% y 65% y, para la construcción, 12% y 19%. En el conjunto de España los valores medios son 2,45% (sector agrario), 72% (servicios) y 11% (construcción) por lo que, en general las zonas de montaña representarían áreas a las que llegan lentamente los cambios económicos que ya se han iniciado en los llanos, medidos, en estos casos, por la importancia creciente de la construcción y del sector servicios y por la correspondiente disminución del sector agrario (CCAA, 2010).

ESTADO DE CONSERVACION GENERAL DE LOS ECOSISTEMAS DE LA MONTAÑA ALPINA: MEDIDAS DE CONSERVACION Y US

La superficie total protegida supone algo más del 75% de los municipios de la zona y el número de visitantes que la frecuentan oscila alrededor de 4 millones. Los Lugares de Importancia Comunitaria (LIC), junto con las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) sirvieron de base para definir la Red Natura 2000 (Ece, 2010). Anteriormente, existían ya en los Pirineos dos Parques Nacionales (Ordesa y Monte Perdido y Aigües Tortes i Estany de Sant Maurici) y uno en los Montes Cantábricos (Picos de Europa) y a ellos se han ido añadiendo varios Espacios Naturales Protegidos con diferentes figuras de protección. La Unesco había colaborado también en la protección definiendo las Reservas de la Biosfera dentro del Programa Man and the Biosphere (MaB) (1 en los Pirineos y 9 en los Montes Cantábricos (Unesco, 2010).
Las medidas de conservación enunciadas siguen teniendo deficiencias en la protección de la biodiversidad, en la degradación del suelo, en los riesgos de perturbaciones naturales como los incendios forestales y han soportado una presión urbanística muy intensa durante el pasado decenio (Quasar, 2007). Gran parte de las ideas conservacionistas reguladas en la Unión Europea se aplicaban en el Reino Unido antes de integrarse en la Comunidad Económica Europea y las habían experimentado en sus famosas áreas medioambientalmente sensibles (ESA en la versión inglesa) (Whitby y Lowe, 1994). Repasando su puesta en funcionamiento, resulta evidente que lo hacían con una plena participación de los agentes sociales implicados en cada zona a proteger y con unas normativas y fondos económicos específicos para cada caso, con lo cual la eficacia del resultado estaba casi siempre garantizada. La experiencia vivida en la montaña alpina española sólo está siguiendo ese modelo recientemente con la creación de EUROPARC en 1993 (EUROPARC, 2010) y seguramente habría que ampliar, simultáneamente a la población local y a los visitantes, la idea de que la conservación de los ecosistemas naturales es económicamente rentable, imprescindible y un asunto de toda la sociedad. Por otro lado, a diferencia de otras cordilleras internacionales de Europa, en la montaña alpina española aún no existe una estrategia conjunta de conservación de la biodiversidad ni un marco de cooperación estable entre los distintos espacios naturales protegidos y las administraciones regionales (ICHN, 2011).
Respecto al uso del suelo, los bosques y la vegetación arbustiva y/o herbácea ocupan el 77,6 % de la superficie (bosques 40,5%; vegetación arbustiva y/o herbácea 37,1), los espacios abiertos con poca o sin vegetación el 9,6% y las zonas agrícolas heterogéneas el 5,1%. En total suman el 92,2% de toda la superficie quedando el resto de los usos del suelo relegados al 7,8% de la superficie (año 2000; Corine Land Cover, 2006).
Desde el año 1990 hasta el 2000 han aumentado los bosques, las aguas continentales, las zonas agrícolas heterogéneas, las zonas de extracción minera, vertederos y de construcción, las zonas industriales, comerciales y de transportes, las zonas urbanas y las zonas verdes artificiales. En cambio, han disminuido los espacios de vegetación arbustiva y/o herbácea, los espacios abiertos con poca o sin vegetación y las praderas. Podríamos resumir que se ha dado un significativo aumento de los bosques junto a una disminución de los espacios arbustivos y/o herbáceos. No obstante, estos cambios no son homogéneos
El aumento de los bosques se debe principalmente a las cordilleras Ibérica y Cantábrica mientras que en Pirineos han disminuido ligeramente El aumento de las aguas continentales se da especialmente en la Cordillera Cantábrica, siendo más ligero en la Ibérica y muy pequeño en Pirineos
Las pérdidas de espacios abiertos con poca o sin vegetación y, de una forma señalada aquellos con vegetación arbustiva y/o herbácea, se deben principalmente a la Cordillera Ibérica, mientras en la Cantábrica aumentan los primeros y menguan los segundos; en Pirineos menguan los dos. Estos datos parecen indicar que una cantidad importante de la vegetación arbustiva y/o herbácea ha pasado a bosques.
El aumento de las zonas agrícolas heterogéneas se debe exclusivamente al ocurrido en la Cordillera Ibérica porque tanto en la Cantábrica como en Pirineos han disminuido. Por otra parte, el aumento de las zonas de extracción minera, vertederos y de construcción es atribuible en exclusiva a la Cordillera Cantábrica.
El aumento de las zonas industriales, comerciales y de transportes, así como de las urbanas se ha producido en los tres sectores, siendo más importantes las primeras en las Cordilleras Cantábrica e Ibérica que en Pirineos, mientras que respecto a la importancia de las áreas urbanas la ordenación es inversa
Las tierras de labor aumentan en la Cordillera Ibérica, y lo hacen en mayor medida que lo que menguan en la Cordillera Cantábrica y Pirineos. Por su parte las praderas disminuyen en los tres sectores, siendo mayores las disminuciones en las Cordilleras ibérica y Cantábrica que en Pirineos

SERVICIOS SUMINISTRADOS. MÉTODOS DE EVALUACIÓN Y FUENTE DE DATOS

En la tabla se resume el conjunto de servicios de abastecimiento, regulación y culturales que suministra la montaña alpina a la sociedad. Los alimentos provenientes de la ganadería de montaña (carne, leche, queso) fueron el servicio de abastecimiento tradicional proporcionado para los habitantes de las pequeñas localidades que allí vivían y también con ellos comerciaron sus ganaderos en las ferias y mercados; durante el desarrollo industrial español (y a partir de los 1960 principalmente) los exportaron a las grandes ciudades. El despegue de la industria se realizó en gran medida con el carbón y la energía hidroeléctrica generados en la montaña alpina y muchos de los embalses construidos sirvieron no solamente para los saltos hidroeléctricos sino también para la puesta en regadío de grandes superficies de los llanos próximos. Los inicios del termalismo español, muchas veces procedente de antiguas termas romanas, ocurrieron en la montaña alpina y también en ella se iniciaron las primeras plantas embotelladoras de agua mineral para su uso generalizado en las ciudades.
Las políticas de conservación del medio natural han tenido un gran desarrollo en todas las áreas de montaña y tanto las iniciativas de la Unesco (Reservas de la Biosfera) como las de la Unión Europea (Red Natura 2000) han servido para declarar grandes superficies de montaña como zonas a proteger. En ellas se han conservado algunas de las especies más emblemáticas del continente europeo: oso pardo, quebrantahuesos, perdiz nival, urogallo, varias lagartijas, algunas plantas del Terciario y orquídeas muy espectaculares.
Las pequeñas comunidades de montaña actuales conservan influencias de conocimiento del medio que seguramente se han ido transmitiendo desde tiempos prehistóricos y muchas las expresan en variadas lenguas vernáculas y en idiomas diversos que tienen el rango de oficiales en nuestro desarrollo constitucional español. Los vaivenes de ocho siglos de encuentros bélicos y desplazamientos de fronteras en todo el territorio medieval español, dejaron una impronta cultural y monumental que en muchos lugares ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad.
Nuevos encuentros entre mundo rural y ciudad están sirviendo para crear otros cauces de comprensión y desarrollo que basándose en demandas turísticas muy concretas (Espacios, Naturales Protegidos, deportes de nieve, ecoturismo en general) se están ampliando hacia aspectos culturales y monumentales que servirán, seguramente, para lanzar iniciativas de conservación del medio natural y desarrollo del bienestar humano de una forma más integrada y eficiente de lo que hemos conocido hasta ahora.
Para evaluar todos estos servicios que genera la montaña alpina hemos reunido varios indicadores. Debido a las características muy locales de la zona, resulta difícil encontrar en las estadísticas generales de los ministerios nacionales las referencias concretas de los pequeños municipios de montaña y se han consultado los datos siguiendo las estadísticas de las diferentes Comunidades Autónomas (CCAA, 2010). Las unidades utilizadas han sido las de superficie (ha) o peso (t) o, en varios casos, se expresan los datos en forma relativa (en %). La expresión en unidades monetarias (euros) sólo ha sido posible en ocasiones muy particulares y, en otras, se han considerado el número de los acontecimientos. En el caso de la producción agrícola, que es eminentemente ganadera, a falta de datos en peso (t) se ha optado para datos en número de cabezas de ganado (nº).

Tipos de servicios y ejemplos que proporciona la montaña alpina española. La importancia de cada uno
TENDENCIAS GENERALES

De acuerdo con las características de los servicios antes explicados, se discuten ahora (ver tabla) las tendencias que presentan.
Respecto a los 7 servicios de abastecimiento consideramos que mejoran algo tres de ellos (agua dulce, energías renovables y acervo genético), ya que existen planes (generalización de depurados en algunas Autonomías, inicio de energías renovables basadas en la biomasa acumulada en los bosques) para frenar el deterioro que se había venido produciendo; en otros casos, porque se está animando oficialmente la promoción de muchas iniciativas ganaderas relacionadas con las razas autóctonas y sus productos de calidad. También la promoción de circuitos cortos de comercialización y de la ganadería ecológica. Sin embargo, tanto la cantidad total producida (en alimentación) como en materias primas (ya sean de origen vegetal o mineral) disminuyen en la mayoría de los valles. Con las medicinas naturales y sus principios activos se está aún en una etapa de poca promoción y de difícil participación en iniciativas económicas locales.
En conjunto cabe alertar sobre la necesidad de afianzar y mejorar los servicios de regulación entre los que figuran varios cuya planificación y control deberían ejercerse de forma muy significativa por parte de los poderes públicos (locales, autonómicos y nacionales). La regulación climática ligada a los usos del bosque es una necesidad en todos los conjuntos montañosos ya que su deficiente control influye indirectamente sobre la regulación hídrica y la fertilidad del suelo. En la línea de una adecuada ordenación del territorio cabe situar los empeoramientos de los servicios del control biológico; respecto a la polinización, a pesar de un cierto deterioro de los paisajes en malla tradicionales, aún mantienen una flora mucho mas diversa que en las llanuras vecinas. Algunos servicios relacionados con las perturbaciones naturales han recibido una cierta dedicación por parte de diversos estamentos oficiales.
En los servicios culturales hay una clara sinergia entre poderes públicos y muchas pequeñas iniciativas privadas. Un cierto problema de planificación subsiste y aunque todos los servicios evaluados podríamos considerar que mejoran, sólo el conocimiento científico y las actividades recreativas lo hacen de una manera más directa. Entre algunos de los desajustes de promoción, cabe considerar los relacionados con el conocimiento ecológico local por el que no se ha hecho aún una apuesta decidida; se trata de asegurar que pase eficazmente a las nuevas generaciones y se complemente decididamente con tecnologías actuales que sin duda lo enriquecerán.
Las propuestas de fomento de foros de diálogo entre habitantes de la montaña alpina y visitantes podrían animar otros tipos de sinergias (mayor conocimiento integrado del medio, valoración justa de los productos naturales, de los circuitos cortos de comercialización, de la potenciación de la identidad cultural en forma de actividades con rentabilidad económica de renombre internacional, etc.). Las formas de iniciativas y de fomento y regulación de la actividad pública, deberían basarse en los modelos sociales y empresariales que ya están funcionando, conocer bien sus limitaciones y arbitrar formas de promoción que consistiesen principalmente en solucionar las dificultades que presenten esas iniciativas. Sería una forma sencilla de hacer coincidir las fuentes de financiación con los usuarios que realmente las convertirán en un valor añadido para el territorio.

IMPULSORES DIRECTOS DEL CAMBIO EN LOS ECOSISTEMAS DE LA MONTAÑA ALPINA

Se consideran los impulsores directos de cambio resumidos en la tabla con las siguientes características: Los cambios de uso del territorio presentan una intensidad muy alta y aunque la tendencia de los dos últimos años nos indicaría que continúa, realmente se ha dado un parón generalizado en algunos aspectos parciales como pueden ser, por ejemplo, los de la construcción de segundas residencias. Una tendencia parecida cabe anotar para la contaminación o insumos externos y para la explotación intensiva de servicios y, en ambos casos, su intensidad fue alta. Esta situación de espera debería aprovecharse para redefinir claramente temas tan importantes como los de ordenación territorial y hacerlo en su doble aspecto de regulación de urbanizaciones y de construcción indiscriminada de grandes vías de conexión entre núcleos. Los mapas de riesgos de avalanchas deberían incluirse de forma especialmente previsora y las estaciones depuradoras planificadas tendrían que incorporarse rápidamente a la regulación de los ríos.
En relación con el cambio climático está claro el retroceso de los glaciares y un cierto aumento general de temperaturas unido a una disminución de precipitaciones (cambios constatados en la estación meteorológica del IPE en Jaca). Paralelamente, se han dado inviernos con nevadas extraordinarias y desplazamiento del calor estival a meses de inicio o final de verano y sus repercusiones en las actividades turísticas de fin de semana son muy importantes. Respecto a la ocupación estacional de hoteles también se nota la influencia del clima y afecta de forma diferente a los distintos tipos de usuarios. Los efectos sobre la biodiversidad se notan en la disminución de poblaciones de especies de fauna alpina y subalpina.
En cuanto a las especies invasoras no se trata de un territorio que las acoja fácilmente, quizás de forma muy puntual y para el caso del Pirineo, se podría señalar el intenso tráfico de camiones de pienso para las explotaciones ganaderas y la dispersión de semillas en las cunetas de las principales carreteras de paso; de momento se evidencia su presencia en esas zonas sin que se den alarmas importantes de entrada en parcelas agrícolas o zonas de pasto. Por ello consideramos su intensidad baja y un impacto que continúa y que posiblemente habría que regularse en caso de que se detecten problemas de presencia de variedades transgénicas.
Como impulsores indirectos de cambio consideramos fundamentalmente los relacionados con un desarrollo territorial basado fundamentalmente en el turismo. La falta de coordinación en la ocupación urbanística del territorio y su grado de intensidad alto, desarrollado fundamentalmente durante el último decenio, podían influir negativamente en muchos de los servicios de regulación y, con ellos, disminuir también la oferta de servicios de abastecimiento. La coordinación de los diversos estamentos locales, comarcales, regionales y nacionales se hace imprescindible para plasmar sobre el territorio de la Montaña alpina un verdadero Desarrollo Rural Sostenible, capaz de llenar de contenido la iniciativa nacional promovida en dicha dirección para el período 2010-2014 (MARM, 2010e).

Análisis de compromisos (trade-offs) y sinergias

Presentamos unos ejemplos de compromisos y sinergias que se han planteado recientemente en diversas zonas de la montaña alpina y en los que se han visto involucrados distintos agentes locales, de la propia Autonomía o de diversas

Para el caso de una ampliación de estación de esquí, se identifica como ganadores a las empresas participantes en la propia estación o en la generación de nuevas urbanizaciones en su zona de influencia. En muchos casos las ampliaciones suponen adaptar la montaña a las nuevas exigencias del usuario, cambiando o readaptando las vertientes y laderas de la propia montaña así como sus cursos de agua; complementariamente se utiliza la revegetación por siembra para unas altitudes donde precisamente la reproducción por semillas no es la estrategia predominante de las herbáceas autóctonas. Sumando muchas pequeñas perturbaciones o grandes movimientos de tierra, se acaba generando una dinámica de ladera nueva que puede poner en peligro muchas de las instalaciones (arrastres, pistas rodadas de servicios complementarios, deslizamientos hasta alcanzar la propia carretera general de la zona) asentadas sobre los nuevos terrenos. Algunas ampliaciones compiten con zonas previamente declaradas de protección (Reserva de la Biosfera, por ejemplo o sitios históricos en otros casos) por lo que los conflictos aumentan los costes y propician el malestar entre usuarios y promotores locales.

Si consideramos las nuevas declaraciones de Espacios Protegidos, está claro que se pretende ampliar el servicio cultural de actividades recreativas a través de una nueva área protegida que beneficiará a la sociedad en general. Sin embargo, una insuficiente explicación oficial por parte de los promotores o la no coincidencia completa entre los intereses locales y los propuestos, puede hacer decrecer el servicio de abastecimiento de alimentación por parte de los ganaderos locales. Indirectamente, los animales mantienen el pasto de las alturas; una disminución de la carga ganadera (por conflicto de intereses) lleva a su reversión a matorral primero y a bosque al final, acaba arruinando unos espacios abiertos que, en general, eran el principal atractivo paisajístico de la zona potencialmente interesante a proteger, con lo cual, pierde toda la sociedad cuando ese no era el planteamiento inicial.

La apuesta única por el sector turismo puede acabar desestructurando otros sectores y, a menudo, los distintos pasos intermedios llegan a ser muy complejos. Por ejemplo, desde la Comisión Europea se acuerda promocionar los prados ricos en especies como un patrimonio seminatural interesante de Europa. La Montaña alpina no siguió la intensificación enorme practicada en otros países europeos en los años 1970 y para los que ahora la recuperación de la riqueza florística de sus prados es costosa y casi imposible en muchas zonas de ganadería muy intensiva. Sin embargo, las ayudas propuestas por Bruselas son a costes compartidos por lo que si una determinada Autonomía decide invertir exageradamente en un sector, le quedan pocos recursos para hacerlo en otros, con lo cual no se promocionan los prados ricos en especies; es un proceso claro en el que un mínimo reconocimiento del valor de los prados de la Montaña alpina podría generar un valor añadido interesante para muchas zonas. Evidentemente detrás iría la promoción de las razas autóctonas que comen esos pastos y las marcas de calidad que podrían venderlos en circuitos comerciales cortos, a los visitantes de los EEPP y de los deportes de nieve y ecoturismo en general. Por tanto, un desarrollo exagerado de un sector acaba arruinando el conjunto.

BIBLIOGRAFÍA

Aguiar, C.; Rodrigues, Orlando; Azevedo, J.; Domingos, T. (2009)." Montanha". In Pereira, H.M.[et al.] (eds.) Ecossistemas e bem-estar humano: avaliaçao para Portugal do Millennium Ecosystem Assessment. Lisboa: Escolar Editora. p. 295-339. ISBN 978-972-592-274-3.

Alados, C. L., et al. 2007. "Self-organized spatial patterns of vegetation in alpine grasslands". Ecological Modelling 201: 233-242.

Arsuaga, J. L.,1999. "Los primeros europeos". El Campo de las Ciencias y las Artes 136(2): 23.

Bartolomé, C., J. Alvarez, et al. 2005. Los tipos de Habitat de interés comunitario de España. Madrid.

Benito, J.L., 2006. Vegetación del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido (Sobrarbe, Pirineo central aragonés). Publicaciones del Consejo de la Protección de la Naturaleza de aragón. Serie Investigación nº 50, 421 pp. Zaragoza.

Bhan, P.G., 1984. Pyrenean Prehistory: a paleoeconomic survey of the French sites. Warminster, Aris and Phillips.

Blanco, E., Casado, M.A., Costa, M., Escribano, R., García, M., Génova, M. Gómez, A., Gómez, F., Moreno, J.C., Morla, C., Regato, P., Sainz, H., 2005. Los bosques ibéricos. Una interpretación geobotánica. 597 pp. Ed. Planeta, Barcelona.

Bolós, J., 1995. "Organització del territori i poblament a l’Edat Mitjana als Pirineus catalans". In: J. Bertranpetir i E. Vives (ed.). En. Muntanyes i Població. El passat dels Pirineus des d’una perspectiva multidisciplinaria: 221-234. Ed. J. Bertranpetit i E. Vives. Comunidad de Trabajo de los Pirineos-Govern d’Andorra, Ministeri de Relacions Exteriors. Andorra la Vella.

CCAA, 2010. Estadísticas de los Institutos de Estadística de Navarra: [En línea] 2010. [Citado el: 20 de Setiembre de 2010]: (http://www.cfnavarra.es/estadistica/); Aragón: [En línea] 2010. [Citado el: 10 de Noviembre de 2010]: (http://portal.aragon.es/portal/page/portal/IAEST/Principal/inicio); Cataluña: [En línea] 2010. [Citado el: 08 de Diciembre de 2010]: http://www.idescat.cat/ y Asturias. [En línea] 2010. [Citado el: 07 de Noviembre de 2010]: http://www.asturestad.es/es/portal.do;jsession=3DB073F2CBB2788B3E1B532C71E7F739.

Corine 2006. [En línea] 2010. [Citado el: 10 de Setiembre de 2010]: http://www.idee.es/show.do?to=pideep_app_corine.ES.

Creus, J., 1983. El clima del Alto Aragón Occidental. Monografías Inst. Est. Pirenaicos 109. 259 pp. CSIC, Jaca.

EUROPARC España, 2010. Observatorio de Espacios Protegidos. [En línea] 2010. [Citado el: 20 de Diciembre de 2010]: http://www.redeuroparc.org/observatorio_espacios_protegidos.jsp.

European Commission Environment, 2010. Natura 2000 network. [En línea] 2010. [Citado el: 14 de Diciembre de 2010]: http://ec.europa.eu/environment/nature/natura2000/index_en.htm.

Faucher, D., 1975. Geografía agraria. Omega, 254 pp. Barcelona.

Fontboté, J.M., 1986. "La geologia dels Paisos Catalans en el marc de la Medierrània Occidental". En: Historia Natural dels Paisos Catalans (Geologia I): 50-82. (Vol 1). Ed. R. Folch et al. Fundacio Enciclopedia Catalana, Barcelona.

Garcia, M.B., Gómez, D.2007. "Flora del Pirineo aragonés. Patrones espaciales de biodiversidad y su relevancia para la conservación". Pirineos 162:71-88.

González,J.A., Montes, C., Rodríguez,J. y Tapia,W.2008. Rethinking the Galápagos Islands as a socio-ecological system. Implications for conservation and management. Ecology and Society.org/vol13/iss2/

Gorría, A. J. (1995). El Pirineo como espacio frontera. Zaragoza, Gráficas Navarro.

ICO, 2010. [En línea] 2010. [Citado el: 07 de Novciembre de 2010]: http://www.ecco.cat/index.php.

ICHN (2011). Circular de la Institució Catalana d’Història Natural, 93:12.

INE, 2010. Demografía municipal. [En línea] 2010. [Citado el: 14 de Diciembre de 2010]: (www.ine.es/inebmenu/mnu cifraspob.htm).

Kerbe, J., 1974. "Le Climat des Pyrénées Centrales". Thèse 3eme Cycle. Université Bordeaux III. Editions du CNRS, Paris.

Leal, J.L., Leguina, J., Naredo J.M., Terrafeta, L., 1975. La agricultura en el desarrollo capitalista español, 1940-1970. 248 pp. Siglo XXI Editores, Madrid.

López, J., 1987. "Relaciones entre la fracturación y el karst en el macizo de la Piedra de San Martín (Pirineo Occidental)". Estudios geológicos, 43:217-225.

MARM, 2010b. Mapa Forestal de España E: 1:50.000. [En línea] 2010. [Citado el: 07 de Noviembre de 2010]: http://www.mma.es/portal/secciones/biodiversidad/montes_politica_forestal/estadisticas_forestal/pdf/anuario2007_documentocompleto.pdf.

MARM 2010c. Boletin Informativo nº3 vacuno de cebo, [En línea] 2010. [Citado el: 14 de Diciembre de 2010]: http://www.mapa.es/app/vocwai/documentos/Adjuntos_AreaPublica/Informe%20resultados%20econ%C3%B3micos%202008%20vacuno%20de%20cebo.pdf.

MARM 2010d. Conservación de Especies Amenazadas. España, [En línea] 2010. [Citado el: 14 de Noviembre de 2010]: http://www.mma.es/portal/secciones/biodiversidad/especies_amenazadas/.

Martin, A. Y Vaquer, J., 1995. "El Poblament dels Pirineus a l’Holocè, del Mesolític a l’edat del Bonze". En Muntanyes i població. El passat dels Pirineus des d’una perspectiva multidisciplinaria: 35-73. Ed. J. Bertranpetit i E. Vives. Comunidad de Trabajo de loos Pirineos-Govern d’Andorra, Ministeri de Relacions Exteriors. Andorra la Vella.

Milenium Ecosystem Assesment, 2010. [En línea] 2010. [Citado el: 01 de Octubre de 2010.] http://www.maweb.org/en/index.aspx.

Monserrat Martí, G. y Montserrat Martí, J. 1990. "Rareza y vulgaridad en la flora de áreas de montaña: El ejemplo de la transición climática atlántico-mediterránea en el Pirineo". En Geoecología de las áreas de montaña (146-193). Ed. J.M. García Ruiz. Geoforma Ediciones, Logroño.

Ninyerola M, Pons X y Roure JM. 2005. Atlas Climático Digital de la Península Ibérica . Metodología y aplicaciones en bioclimatología y geobotánica. ISBN 932860-8-7. Universidad Autónoma de Barcelona, Bellaterra.

Ortega, M.T. 1992. El Clima del sector norte de la Cordillera Ibérica. Estudio geográfico. De la Sierra de la Demanda a la del Moncayo. 359 pp. Universidad de Valladolid, Valladolid.

OSE, 2006. Cambios de ocupación del suelo en España. 485 pp. Ministerio de Fomento. Madrid.

Price, L.W. 1981. Mountains and Man. A Study of Process and Environment. 506 pp. University of California Press, Ltd. London.

Quasar, 2007. Informe de sostenibilidad Ambiental. Programa Operativo de Cooperación Transfronteriza España-Francia 2007-2013. Madrid, [En línea] 2010. [Citado el: 10 de Septiembre de 2010].

Santanach, P., 1986. "La Serralada Herciniana". En: Historia Natural dels Paísos Catalans (Geologia I): 99-108. (Vol 1). Ed. R. Folch et al. Fundacio Enciclopedia Catalana, Barcelona.

Souquet, P., 1986. "El cicle cretaci". En Historia Natural dels Paisos Catalans (Geologia I): 333-401. (Vol 1). Ed. R. Folch et al. Fundacio Enciclopedia Catalana, Barcelona.

Sigpac, 2009. [En línea] 2009. [Citado el: 10 de Setiembre de 2009]: http://sigpac.mapa.es/fega/visor.

Teixell, A. 2009. Geotectónica de los Pirineos. La colisión entre las placas Ibérica y Eurasiática cerró el mar del que, hace 80 millones de años, surgieron los montes Pirineos. La cordillera actual se sostiene por una profunda raíz cortical que se adentra en el manto terrestre. [En línea] 2009. [Citado el: 10 de Octubre de 2010], http://webs2002.uab.es/ateixell/Articles/TeixellInvCI.pdf.

Unesco, 2010. "Ecological Sciences for Sustainable Development. Man and the Biosphere Programme". [En línea] 2010. [Citado el: 20 de Diciembre de 2010]: http://www.unesco.org/new/en/natural-sciences/environmentecological-sciences/man-and-biosphere-programme/.

Villar, L., 2003. Los saberes científico y popular en torno a las plantas del Pipineo Aragonés. Un ejemplo de biodiversidad cultural. Monografías de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas, Químicas y Naturales de Zaragoza, 23: 42 pp. Zaragoza.

Whitby, M. and Lowe, P., 1999. "The Political and Economic Roots of Environmental Policy in Agriculture". Pp: 1-24. En Incentives for Countryside Management.

AUTORES:

Federico Fillat
Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC). Jaca

A. Javier Aguirre
Escuela Politécnica Superior de Huesca (Universidad de Zaragoza). Huesca

Ferrán Pauné
Consultor Ambiental
La Garriga (Barcelona)

Cristian Fondevilla
Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agraria (Universidad de Lleida). Lleida

miércoles, 11 de abril de 2012

¿POR QUÉ LAS ARAÑAS NO SE QUEDAN PEGADAS A SUS PROPIAS TELARAÑAS?

noticiasdelaciencia.com

La pregunta es simple, pero encontrar una respuesta lo suficientemente detallada no ha sido nunca tarea fácil.


Una araña hembra. (Foto: C. Frank Starmer / Creative Commons Attribution-Share Alike 2.5 Generic license)

Las telarañas son trampas pegajosas, y de esa capacidad de adherirse a lo que las toca depende el éxito de su función.
Sin embargo, las arañas deben transitar por sus telarañas, para construirlas, repararlas y para atacar y devorar a sus presas. Se calcula que una araña puede llegar a pisar los hilos pegajosos de su telaraña miles de veces.
¿Cómo logran pues las arañas evitar quedar pegadas en ellas? Una nueva investigación ha permitido presentar la respuesta más precisa hasta el momento.
Usando técnicas y dispositivos de última generación, un equipo de expertos del Instituto Smithsoniano de Investigación Tropical (entidad presente en Estados Unidos y Panamá) y la Universidad de Costa Rica, han descubierto que las patas de las arañas están protegidas por una cubierta de pelos especiales que las ayuda a evitar quedarse pegadas a los hilos por los que caminan, y una capa química antiadherente que también es eficaz en su función,
Además, tal como ha observado el equipo de R.D. Briceño y W.G. Eberhard, las arañas mueven cuidadosamente sus patas de modo que minimizan las fuerzas adhesivas.

FUNCIONAMIENTO DE LAGOS Y HUMEDALES ESPAÑOLES

ecoticias.com

El conocimiento actual sobre el funcionamiento de lagos y humedales permite afirmar que este tipo de sistemas naturales desempeñan un papel fundamental en incontables procesos de carácter hidrológico, geomorfológico, ecológico… (Mitsch y Gosselink, 2003), al tiempo que son depositarios de significativos valores estéticos y de valiosas nociones al respecto de los usos tradicionales del suelo, etc.



En muchas regiones no sólo constituyen un componente elemental del sistema natural sino también del socio-económico, descansando sobre ellos, incluso, una parte del patrimonio popular, y siendo una herramienta de gran valor en la educación ambiental. No es exagerado afirmar, por tanto, que lagos y humedales, y especialmente estos últimos, suponen una de las principales reservas de biodiversidad a nivel planetario, además de una fuente elemental de servicios ecosistémicos para la sociedad, tanto de abastecimiento como de regulación o de tipo cultural (Millenium Ecosystem Assessment. 2005).
El presente trabajo, que resume lo referido a este tipo de ecosistemas en la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio de España (2011), se centra precisamente en la revisión de la situación en la que se encuentran los servicios que prestan a la sociedad española los lagos y humedales al tiempo que se analiza su tendencia a medio-largo plazo.

Estado actual de los lagos y humedales españoles

La tipología de lagos y humedales presentes en España es muy diversa (Casado y Montes 1995) desde cualquier punto de vista desde el que se aborde su caracterización (genético-funcional, hidrológica, físico-química, comunidades biológicas, tamaño, etc.), reconociéndose la presencia de tipos ecológicos únicos en el continente europeo como son, por ejemplo, las lagunas interiores salinas o lagunas cársticas en yesos entre otras (Camacho et al., 2009). Sin embargo, la importancia de este enorme y exclusivo patrimonio natural ha sido tradicionalmente infravalorada y poco percibida por la sociedad.
En este sentido, durante el siglo pasado y, especialmente en la segunda mitad del mismo, se produjo en nuestro país la desaparición física de aproximadamente el 60% de la superficie ocupada por lagos y humedales (Casado y Montes 1995). El desarrollo de una legislación que amparaba e, incluso, potenciaba la desecación de este tipo de ecosistemas, el avance de la frontera agraria, la escasa conciencia medioambiental, el progreso imparable de la tecnología, el desarrollismo urbanístico en los litorales, etc., son algunos de los elementos que se combinaron a largo del siglo pasado originando la pérdida de más de la mitad de los ámbitos palustres y lacustres españoles (Camacho, 2008.). La desaparición y/o transformación de los humedales compromete a medio/largo plazo el suministro de servicios que prestan a la sociedad.
La histórica falta de atención específica a este tipo de ecosistemas, si bien se está paliando progresivamente por lo que respecta a aspectos relacionados con su conservación y su protección, se percibe igualmente en la escasa información disponible a nivel estatal en relación con estos ecosistemas. La única fuente de datos de carácter nacional la constituye el Inventario Nacional de Zonas Húmedas que se llevó cabo entre los años 1988 y 1991, no habiéndose generado desde ese momento una información global con carácter estatal, no se ha actualizado dicho inventario, ni se ha puesto a disposición de investigadores ni del público en general, e, igualmente, no se ha generado una cartografía a nivel nacional en la que se localicen detalladamente dichos ecosistemas, habiéndose desarrollado únicamente algunos trabajos más específicos en determinadas Comunidades Autónomas (Montes et al., 2005). Esta situación constituye una enorme limitación a la hora de analizar y estudiar cualquier aspecto relacionado con este tipo de ecosistemas, desde su tipificación y clasificación, a la caracterización de su estado de conservación, entre otros muchos aspectos, aunque con la implementación de la Directiva Marco del Agua y de la Directiva Hábitats se está intentando revertir esta situación.

Los servicios que prestan a la sociedad los lagos y humedales

Los lagos y humedales españoles suministran un gran número de servicios de diversa índole (abastecimiento, regulación y culturales) que contribuyen al bienestar de la sociedad española y que se manifiestan a escalas espacio-temporales igualmente diversas. Los beneficios que obtiene la sociedad de los servicios que proveen este tipo de ecosistemas húmedos van desde el abastecimiento de agua, la regulación climática, la mitigación del cambio climático, la potabilización y depuración de agua, la reserva de material genético, la protección frente a inundaciones, etc., a la provisión de alimentos, fibras, o al disfrute estético, paisajístico y espiritual, entre otros muchos.
En este sentido, el mantenimiento de la integridad ecológica de lagos y humedales es, como para cualquier otro tipo de ecosistema, la base para garantizar sus funciones y, por tanto, asegurar su capacidad de generar servicios que contribuyan al bienestar de la sociedad española. El mantenimiento de los patrones naturales que caracterizan a los tipos específicos de lagos y humedales, incluyendo sus ritmos de fluctuación natural y en general los procesos ecológicos básicos, es la base de la resiliencia de estos ecosistemas, y con ello la garantía del mantenimiento de sus servicios. Dicho de otro modo, la sobreexplotación de los servicios que proporcionan dichos ecosistemas, es decir, sobrepasar sus tasas de renovación natural y su resiliencia, provocará alteraciones en sus funciones y, por tanto, la pérdida de su capacidad de generar beneficios en la actualidad y para las futuras generaciones.
En el presente trabajo los servicios que los lagos y humedales españoles proporcionan a la sociedad se han agrupado en tres grandes conjuntos: abastecimiento, regulación y culturales. En la tabla 1 aparecen relacionados dichos servicios, así como la tendencia que muestran a medio-largo plazo.

Servicios de abastecimiento: los servicios de abastecimiento que proporcionan los humedales españoles son muy diversos, siendo los más importantes el suministro de agua potable (para consumo directo y para riego), alimento (cultivos, acuicultura, pesca, marisqueo…) y productos bioactivos, materias primas de origen biológico (fibra, madera…) y de origen geótico (sal, áridos…), fuente de energía (hidroeléctrica, mareomotriz, turba…), genéticos y ecológicos (reservorio de biodiversidad en los diferentes niveles de organización, hábitats de interés comunitario) y, finalmente, los relacionados con medicina natural, cosmética, termalismo…

Servicios de regulación: los lagos y humedales españoles proporcionan un importante catálogo de servicios de regulación entre los que reviste especial importancia el papel que juegan como reguladores de los ciclos biogeoquímicos, tales como los relacionados con la reducción del contenido de materia orgánica, nitrógeno y fósforo en el agua, así como en el mantenimiento del balance de carbono en las masas de agua y sumidero de este elemento. Ejercen también una importante labor en la regulación hídrica mitigando el efecto de inundaciones y sequías, o proporcionando humedad al suelo, al tiempo que amortiguan el efecto de perturbaciones naturales (p. ej. riadas y temporales marítimos) especialmente en los ámbitos costeros. Son igualmente esenciales en el mantenimiento de la biodiversidad constituyendo el hábitat natural de numerosas especies

Servicios culturales: Por su parte, los servicios culturales de los humedales constituyen una de sus principales señas de identidad. Los paisajes del agua son reivindicados y solicitados cada vez más por la sociedad, desarrollándose en ellos gran cantidad de actividades recreativas (pesca, caza, baño, actividades deportivas…), al tiempo que se ha producido un importante aumento de un turismo de naturaleza, que visita cada vez más estos ámbitos, y del uso de los humedales como recursos didáctico para la educación ambiental. También se ha incrementado en las últimas décadas el conocimiento científico de este tipo de ecosistemas, según indica el sustancial aumento de las publicaciones, de la inversión pública para el desarrollo de proyectos de investigación y el de programas de educación ambiental entre otros aspectos. El disfrute estético y espiritual de este tipo de ecosistemas ha experimentado igualmente un importante repunte en las últimas décadas, que contrasta con la pérdida de identidad cultural y de sentido de pertenencia asociados al envejecimiento de la población y despoblamiento de los ámbitos circundantes.

La tendencia de los servicios

La tendencia en el estado de los servicios de los humedales españoles es, con honrosas excepciones, de degradación más o menos generalizada. La pérdida de integridad ecológica que sufren muchos de los lagos y humedales españoles marca una tendencia a la baja en el estado global de los servicios que de ellos obtiene la sociedad. La alteración de las funciones ecológicas que soportan los servicios que suministran, acompañado del aumento en las tasas de afección provocadas por impulsores directos e indirectos de cambio, han desembocado en una situación actual preocupante que debe hacer reflexionar sobre la validez de las políticas actuales aplicadas a la conservación de este valioso capital natural.
El 67,8% de los servicios de los ecosistemas de lagos y humedales evaluados durante el desarrollo del proyecto en el que se apoya el presente trabajo se están degradando o se están utilizando de una manera no sostenible. Los servicios que presentan una situación peor son los de regulación, principalmente los de regulación hídrica, climática, morfosedimentaria…, que son además los menos visibles a la sociedad, junto con algunos otros del grupo de abastecimiento como son la producción de alimentos, la provisión de agua para consumo, materiales de origen biológico y mineral, o el acervo genético. Los que presentan una mejor situación, por el contrario, son los de tipo cultural como la educación ambiental, el disfrute estético y paisajístico, las actividades recreativas o el conocimiento científico, entre otros.
En el caso de los servicios de abastecimiento las tendencias observadas desde un punto de vista global muestran un proceso de degradación, especialmente en el caso de los servicios más significativos, como la provisión de alimentos (excepto la acuicultura), el suministro de agua para cualquier uso, el abastecimiento de materiales de origen biológico y animal o el mantenimiento del acervo genético. Escapan a esta tendencia, sin embargo, servicios como la obtención de medicinas naturales y principios activos que cada vez son más solicitados por la sociedad y el suministro de energías renovables que se mantiene en una situación estacionaria. Por su parte, las previsiones para los servicios de regulación desempeñados por los lagos y humedales españoles son, igualmente, de malas a muy malas. Todos los indicadores considerados en la Tabla 1 muestran una tendencia al empeoramiento, siendo especialmente preocupante la pérdida de capacidad de estos ecosistemas para desarrollar sus funciones de regulación hídrica, climática, morfosedimentaria, biológica, etc. Finalmente, las tendencias de los servicios culturales son mejores en términos generales que las anteriores, evidenciándose un creciente interés por parte de la sociedad española hacia los lagos y humedales en relación especialmente con los servicios de disfrute paisajístico y estético, recreativo, educación ambiental y valor espiritual. Igualmente, desde el punto de vista científico se ha avanzado notablemente en el conocimiento del funcionamiento de este tipo de ecosistemas. Esta tendencia al alza se rompe únicamente en el caso de la identidad cultural y el sentimiento de arraigo de las poblaciones cercanas que está en franco retroceso debido al aumento del despoblamiento de las áreas rurales y, especialmente, al envejecimiento de la población depositaria de estos valores.
Se puede afirmar, en síntesis, que el aumento de las tasas de explotación de los servicios de abastecimiento, especialmente por lo que se refiere a los usos del agua, sustento básico de los humedales, está teniendo consecuencias nefastas para el mantenimiento de los servicios de regulación, que son los que en peores circunstancias se encuentran en la actualidad y cuyo futuro inmediato no es nada alentador. Esta situación contrasta, sin embargo, con el deseo de la sociedad de disfrutar cada vez más de unos ecosistemas acuáticos sanos y bien conservados, y con exigencias normativas, como la de la Directiva Marco del Agua, de alcanzar el buen estado ecológico de nuestros ecosistemas acuáticos en un plazo cercano. En ese sentido, es necesario recalcar que, más allá de las políticas meramente de conservación de la naturaleza, el mantenimiento o la recuperación de la calidad ecológica de nuestros lagos y humedales no puede basarse únicamente en el establecimiento de medidas específicas de protección o restauración sino, siendo ecosistemas que juegan un papel esencial en el ciclo hidrológico y que requieren el agua como elemento básico, debe enmarcarse en una política hídrica y de ordenación territorial que permita el mantenimiento de este capital natural, y con ello mantenga o mejore los réditos que dicho capital proporciona a la sociedad española, algo alcanzable si conseguimos una buena salud ecológica de nuestras zonas húmedas.

Las causas de la pérdida de servicios

Los impulsores de cambio directo considerados en el presente trabajo que afectan a los lagos y humedales de España son los relacionados con los cambios en los usos del suelo, el cambio climático, la contaminación, la proliferación de especies invasoras, los cambios en los ciclos biogeoquímicos y la sobreexplotación hídrica (especialmente de los acuíferos) (Fig. 1).
Este tipo de ecosistemas es muy sensible a la acción de impulsores directos de cambio como los derivados de la transformación de los usos tradicionales del suelo. El cambio de una agricultura tradicional a una totalmente mecanizada ha provocado el desarrollo de altas tasas de erosión y de puesta en circulación de importantes volúmenes de sedimentos, que terminan por colmatar las cubetas lagunares. El aumento de la contaminación por pesticidas, fertilizantes, etc., es otra gran amenaza para los humedales españoles, así como los cambios en el balance de los ciclos biogeoquímicos. La proliferación de especies invasoras que desplazan a las poblaciones autóctonas es otro problema relevante. Otros impulsores directos de cambio con un horizonte a corto/medio plazo están relacionados con el cambio climático, en la medida en que aumentara la aridez y se produjera una reducción de las precipitaciones, que son el principal motor del funcionamiento de este tipo de ecosistemas.
El nivel de impacto para los impulsores directos de cambio relacionados con los cambios en los usos del suelo presenta una intensidad muy alta así como una tendencia muy rápida en el impacto. Por su parte la sobreexplotación de los acuíferos muestra una intensidad igualmente muy alta y una tendencia hacia el aumento. Impulsores directos de cambio como el cambio climático y la contaminación muestran el mismo nivel de intensidad aunque el primero mantiene una tendencia continua mientras que el segundo muestra una tendencia al alza. Finalmente, tanto especies invasoras como cambios en los ciclos biogeoquímicos presentan una intensidad moderada manteniendo el primero de ello una rápida tendencia a aumentar, mientras que el segundo exhibe una tendencia de aumento moderado. De forma genérica, puede considerarse que estas tendencias conllevan una pérdida o degradación de los servicios globales que los humedales españoles proporcionan a la sociedad.

Algunas consideraciones finales

En las últimas décadas se ha avanzado ostensiblemente en el reconocimiento del valor de los humedales y de la importancia de su conservación, aunque todavía se está bastante lejos de conseguir una verdadera integración de esta concepción en la sociedad. Si bien es cierto que desde los años ochenta del siglo pasado se ha producido una inflexión en el ritmo de destrucción y alteración de humedales en España, aún hoy las amenazas que se ciernen sobre este tipo de ecosistemas, y con ello sobre los servicios que proporcionan a la sociedad, son enormemente variadas y peligrosas.
De este escenario resulta que el estado de conservación actual de los humedales españoles es malo o muy malo, estando el suministro de los servicios que proporcionan a la sociedad española comprometido a medio/largo plazo de mantenerse las actuales tendencias de su uso y explotación. Esta situación, sin embargo, no es suficientemente percibida por la sociedad en general, y los gestores en particular, que siguen pensando, los primeros, que con establecer una figura de protección y delimitar un ámbito alrededor del humedal es suficiente para garantizar su conservación, y los segundos, que continúan aplicando medidas de gestión que no tienen en consideración el nivel de interdependencia e interacción de estos sistemas con otros a distintas escalas espacio-temporales, necesarias, por lo demás, para el mantenimiento de su integridad ecológica.
Revertir esta situación requiere en primer lugar la adopción de un nuevo marco de referencia conceptual y la implementación de medidas de gestión acordes con el mismo. En este sentido, la consideración de los lagos y humedales conceptuados como capital natural, es decir, como un patrimonio que tiene un valor de mercado definido, es una línea estratégica que puede ayudar a acelerar el proceso de adopción de esta nueva propuesta. La idea de que cada vez que destruimos un humedal o alteramos su funcionamiento estamos generando también grandes pérdidas económicas es un argumento que es entendido rápidamente por la sociedad y los gestores. En esta línea es importante transmitir a la sociedad la idea de la importancia de no perder más capital e, igualmente, la de invertir en recuperar el que se ha perdido en los últimos tiempos a través de la implementación de programas de restauración, todo ello enmarcado en una política de ordenación territorial y gestión del agua que garantice el mantenimiento del capital natural de nuestros lagos y humedales y con ello de los servicios que nos proporcionan.

REFERENCIAS CITADAS

Camacho, A. (2008). La gestión y protección de humedales en la política de aguas en España. En: del Moral, L. & N. Hernández (eds). Panel Científico-Técnico de Seguimiento de la Política de Aguas. Universidad de Sevilla.

Camacho, A., C. Borja, B. Valero-Garcés, M. Sahuquillo, J. M., Soria, E. Rico, A de la Hera, Anna C. Santamans, A. García De Domingo, A. Chicote y R. U. Gosálvez. (2009). 31 Aguas continentales retenidas. Ecosistemas leníticos. En: VV.AA., Bases ecológicas preliminares para la conservación de los tipos de hábitat de interés comunitario en España. Dirección General de Medio Natural y Política Forestal, Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino. Madrid. 412 pp.

Casado S. y C. Montes (1995). Guía de los lagos y humedales de España. J. M Reyero Editor, Madrid. 255 pp.

Evaluación de los Ecosistemas del Milenio de España (2011). La evaluación de los Ecosistemas del Milenio de España. Síntesis de resultados. Fundación Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino. Madrid. 304 pp.

Millenium Ecosystem Assessment. (2005). Los Ecosistemas y el Bienestar Humano: Humedales y Agua. Island Press, Washington, D.C. http://www.MAweb.org

Mitsch, W. J. y J. C. Gosselink. (2003). Wetlands. John Wiley and Sons, New York.

Montes, C.; E. González-Capitel y J.C. Rubio (coord). (2005). Plan Andaluz de Humedales. Consejería de Medio Ambiente (Junta de Andalucía). Sevilla.

AUTORES:

Federico Fillat
Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC). Jaca

A. Javier Aguirre
Escuela Politécnica Superior de Huesca (Universidad de Zaragoza). Huesca

Ferrán Pauné
Consultor Ambiental La Garriga (Barcelona)

Cristian Fondevilla
Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agraria (Universidad de Lleida). Lleida

martes, 10 de abril de 2012

ECOSISTEMAS LITORALES DE ESPAÑA

ecoticias.com

Los ecosistemas litorales de España (Barragán y Borja, 2010) y Andalucía (Chica y Barragán, 2011) proporcionan enormes beneficios al bienestar humano a través de los múltiples servicios que generan a la sociedad. Los tipos de servicios ambientales que ofrecen dichos ecosistemas son numerosos y diversos. Tanto los de abastecimiento y culturales pero, sobre todo, los de regulación se consideran esenciales para nuestro bienestar, ya sea por la distribución de los efectivos demográficos como por las actividades en las que se ha especializado nuestro sistema productivo. Esta gran variedad de servicios ha contribuido, de forma más que sobresaliente, aunque con un costo de capital natural importante, al nivel de vida que ostenta en la actualidad la población española. En este trabajo se compara la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio que se ha realizado para el litoral Español (EME) y andaluz (EMA)




Efectivamente, tanto el litoral español como el andaluz, debido a los servicios que generan los ecosistemas que albergan, se han configurado desde hace unas décadas como el espacio regional más importante para la población y las actividades económicas que sustentan gran parte de nuestro modo de vida y bienestar. De esta manera se constata el fenómeno de litoralización. Es decir, población, equipamientos, infraestructuras y actividades económicas (demandas vacacionales de la población, la actividad turística y otros sectores económicos competitivos como la agricultura intensiva, la industria petroquímica, la acuicultura o las energías renovables) se concentran, de manera progresiva, en las áreas del territorio más cercano al borde costero.
Los cambios que se han producido sobre los ecosistemas costeros han contribuido claramente como se ha señalado a un incremento del estado del bienestar y del desarrollo económico, pero este incremento se ha realizado a costa de crecientes costes en términos de degradación de muchos servicios de los ecosistemas, aumento de los riesgos naturales, pérdida de patrimonio natural y cultural… Todos estos problemas hacen disminuir de manera sustancial los beneficios potenciales y las posibilidades de desarrollo que las generaciones futuras podrán obtener de dichos ecosistemas.
En este sentido puede adelantarse un hecho de especial relevancia. En menos de dos décadas, entre 1989 y 2006, la transformación de la costa ha aumentado de forma dramática, ya que el porcentaje de obras artificiales se ha duplicado, e incluso más. Estas cifras pueden incrementarse, todavía más, si el ámbito considerado utiliza el criterio de franjas litorales (hasta 2 km tierra adentro, hasta 5 km, etc.), y si se evalúa el caso de la comunidad autónoma de Andalucía, entre otras.

ESTADO DE CONSERVACIÓN GENERAL DE LOS ECOSISTEMAS DEL LITORAL ESPAÑOL

En la Evaluación de Ecosistemas del Milenio realizada por Naciones Unidas el sistema costero era uno de los que presentaba una situación más negativa, incluso cabe afirmar que la peor (World Resources Institute, 2005). En España sucede algo parecido. De igual modo que se habla de crisis global para los ecosistemas litorales en todo el mundo, no sería exagerado expresarse en términos de "crisis nacional de los ecosistemas litorales" para nuestro país.
La desaparición o deterioro, así como la protección y conservación, de algunos ecosistemas litorales se asocia de forma directa a políticas públicas. En ocasiones, ha sido el propio Estado el que ha auspiciado la destrucción de los ecosistemas costeros. Durante mucho tiempo ha estado vigente la denominada Ley de desecación y saneamiento de lagunas, marismas y terrenos pantanosos y encharcadizos, o ley Cambó (en referencia al ministro que la firmaba) de 1918. Lo esencial de dicha norma era que el Estado subvencionaba, hasta con el 50%, los trabajos de desecación, siempre que excediera de las 100 ha y además fijaba importantes exenciones fiscales. Las finalidades de los nuevos terrenos se asociaban a la mejora de las condiciones higiénicas y sanitarias pero, sobre todo, al desarrollo productivo. Hoy, por el contrario, en España, casi todos los espacios marismeños han sido declarados espacios naturales protegidos.
La pérdida en apenas 100 años de buena parte de nuestro capital natural costero (playas, humedales, sistemas dunares, lagunas litorales, etc.) es un hecho constatado por académicos e instituciones. Pero sobre todo serán los indicadores indirectos, en especial los que atañen a los servicios generados, los que dibujen el panorama real del estado de conservación general de los ecosistemas litorales.
Otro indicador indirecto del estado de conservación de los ecosistemas litorales es la erosión (refleja, sobre todo, la situación de los servicios de regulación). Según la European Environment Agency (2006), con datos procedentes del proyecto Eurosion, en España hay severos problemas de erosión en buena parte del arco mediterráneo: el 9,3% de la longitud de su costa sufría erosión en un grado elevado y solo el 2,2% de la longitud erosionada contaba con medidas protectoras. También los relativos al nivel de aprovechamiento de determinadas especies con interés comercial pueden ayudar a perfilar el estado de conservación de nuestros ecosistemas litorales. La sobreexplotación generalizada de la mayor parte de las pesquerías cercanas a la costa no supone ninguna sorpresa, habida cuenta de la evolución de los indicadores de presión.
Igualmente se puede acudir a otro indicador indirecto del estado de conservación de los ecosistemas litorales de España. Se hace referencia a los Espacios Naturales Protegidos (ENP). En España existen en la actualidad más de medio millón de ha de litoral protegido; destacando Andalucía. Apenas el 16% de la superficie protegida en las comunidades autónomas (CCAA) costeras es litoral. Por el contrario, destaca el hecho de que casi la tercera parte (31,62%) del número de espacios protegidos de dichas CCAA ostentan dicho atributo.

CONDICIONES Y TENDENCIAS DE LOS SERVICIOS DE LOS ECOSISTEMAS

El número y tipo de servicios ambientales que ofrecen los ecosistemas de las áreas litorales en España y Andalucía son numerosos y diversos. Tanto los servicios de abastecimiento y culturales pero, sobre todo, los de regulación, se consideran esenciales para el bienestar humano; ya sea por la distribución de los efectivos demográficos como por las actividades en las que se ha especializado nuestra economía productiva. Esta amplia oferta de servicios ha contribuido, de forma más que sobresaliente, aunque con un costo de capital natural importante, al nivel de vida que ostenta en la actualidad la población española.
El estado de nuestros ecosistemas litorales, y sus servicios, afecta, directa o indirectamente, al bienestar de más de 92 millones de personas. Los servicios que prestan los ecosistemas litorales citados en la Tabla 1, ofrecen una idea aproximada de la contribución de éstos al bienestar de la población española (casi 47 millones de personas en 2010 según el INE). Al mismo tiempo lo hacen, también, con los más de 45 millones de turistas extranjeros que, según los datos facilitados por el Instituto de Estudios Turísticos, obtenidos de la Encuesta de Movimientos Turísticos en Frontera (Frontur), visitaron las costas de España en 2009.
En el litoral español el 62% (13 de 21) de los servicios de los ecosistemas litorales evaluados se están degradando o están siendo usados de manera insostenible. En el litoral de Andalucía, por su parte, la cifra se eleva al 77% (17 de 21). Los más afectados en ambas escalas de análisis son los servicios de regulación (hídrica, morfosedimentaria, de las perturbaciones naturales y control biológico) y los de abastecimiento (pesca extractiva, marisqueo). Por el contrario, están mejorando los servicios culturales (actividades recreativas y los de investigación y formación) y los de abastecimiento tecnificados (acuicultura, cultivos agrícolas).
En los últimos 50 años se han eliminado, degradado o alterado más ecosistemas litorales españoles que en cualquier otro período de la Historia; sobre todo para responder a demandas vinculadas con la industria, la agricultura forzada y, sobre todo, con el negocio inmobiliario. El proceso descrito, que también considera el efecto de la gestión de las cuencas hidrográficas, conlleva una reducción, a veces hasta umbrales irreversibles, del control de la erosión costera, de la absorción de energía del medio marino en episodios de alta concentración energética y del servicio de "guardería" de determinadas especies ictícolas que, además, tienen un considerable interés comercial.
Los ecosistemas litorales están soportando una formidable presión humana proveniente de un nuevo modelo de poblamiento (litoralización), y de la satisfacción de las necesidades del mismo en términos de espacios de habitación, alimentación, grandes infraestructuras y equipamientos, áreas industriales, etc. A lo largo del siglo XX se ha consolidado en España un modelo litoral de ocupación del territorio. Debido a las condiciones climáticas, disponibilidad de suelos, etc., buena parte de las más de 4,5 millones de t de hortalizas, frutas y verduras producidas en España, lo son en áreas litorales; y más del 90% de las casi 300 000 t de peces, moluscos y crustáceos, procedentes de la acuicultura, se producen en áreas del litoral marino.
Algunos tipos de ecosistemas litorales, los más interesantes desde el punto de vista de los servicios que generan, han sido ocupados y transformados, con especial énfasis, por ciudades, áreas industriales y zonas portuarias. De esta forma, desembocaduras, rías, bahías o estuarios, se encuentran ahora entre los sistema ecológicos más vulnerables. Si se observan los principales fenómenos de aglomeración urbana en la costa de España (grandes ciudades, áreas metropolitanas, regiones urbanas, etc.), la coincidencia de éstos es plena con los tipos de ecosistemas mencionados: rías o estuarios de Bilbao, Avilés, A Coruña y El Ferrol, Vigo, Huelva, Sevilla; desembocaduras del Turia en Valencia, Llobregat en Barcelona; Bahías de San Sebastián, Santander, Cádiz, Algeciras, Alicante, Cartagena, Palma de Mallorca, Confital en Las Palmas, etc.
Las presiones humanas provenientes del modelo de ocupación y explotación en España están comprometiendo (con mayor intensidad en los archipiélagos y en el arco mediterráneo que en el Norte de la Península) a buena parte de los servicios de los ecosistemas litorales que son fundamentales para el bienestar humano. Primero han sido los servicios de abastecimiento de alimentos los que se han visto afectados por la sobreexplotación. La pesca extractiva es un buen ejemplo: en Andalucía la pesca desembarcada en lonjas ha descendido casi en un 50% en menos de dos décadas. Las lonjas reflejan el declive de la pesca extractiva. También los servicios de regulación están siendo muy afectados: especialmente severo será el coste que habrá que pagar por la pérdida de servicios de regulación morfosedimentaria (que ahora se refleja en la "alimentación asistida" de muchas de nuestras playas: 160 millones de euros entre 2004 y 2007) y de amortiguación de perturbaciones.
Las mayores amenazas de los ecosistemas litorales en España se vinculan a un modelo de crecimiento económico que trae como consecuencia drásticos cambios en los usos del suelo y, consecuentemente, la pérdida de servicios esenciales. Buena parte de la franja litoral española está alterada, transformada o, simplemente, los ecosistemas originales han desaparecido o perdido su estructura y funcionamiento debido, en gran medida, a un proceso de urbanización desmedido y, no pocas veces, especulativo. En menos de dos décadas, entre 1989 y 2006, el porcentaje de obras artificiales se ha más que duplicado, llegando a alcanzar hasta el 16% de la longitud total del borde costero. En algunas Comunidades Autónomas más del 75% de los terrenos colindantes al mar son urbanos o urbanizables, y casi el 25% del litoral es costa artificial. En el arco mediterráneo casi un 60% de las playas está en entornos urbanizados. Otra forma de expresar este proceso es el siguiente: en 1987 el 16% de los dos primeros km de litoral era artificial, en el año 2000 pasó a ser el 19% y el 23% para 2005. En el área litoral mediterránea las cifras son más alarmantes: 22%, 26% y 34% respectivamente. Nunca en la historia de España el proceso de transformación de los ecosistemas litorales ha sido tan rápido.
El nivel de vida general de la población del litoral de España, evaluado con indicadores vinculados al PIB, puede considerarse superior al de las áreas interiores. Y alguno de los servicios de los ecosistemas costeros explican, en cierta medida, dicho diferencial (regulación climática, disfrute estético de paisajes extraordinarios, uso balneario de las playas, etc.). La afluencia de población española para vivir en nuestras costas, o pasar sus vacaciones, avalan tal afirmación. De igual modo, el 90% de los jubilados europeos que residen en España, más de 1 200 000 en total, eligen solo ocho provincias como destino: todas ellas costeras, del Mediterráneo o Canarias. También los mayores niveles de renta, de equipamientos, de oportunidades, etc. forman parte del bienestar inducido por los citados servicios. Desgraciadamente, esta situación presenta ahora un claro riesgo. A la desmedida concentración demográfica se le añaden otras causas que pueden reducir el atractivo de nuestras costas; la pérdida de paisajes naturales, es un claro ejemplo de ello.
Los servicios culturales que prestan los ecosistemas litorales en España son de extraordinario valor. Ello es así porque, en general, constituyen un espacio público de libre acceso que proporciona extraordinarias sensaciones de bienestar al ser humano. También porque facilitan el acceso al conocimiento científico y técnico de fenómenos, procesos y hechos no muy bien conocidos. Y de ese conocimiento se suele derivar un hipotético aprovechamiento económico (fármacos, producción de energía, etc.) o mejores decisiones relacionadas con la gestión de los diferentes tipos de servicios de sus ecosistemas. Además, la población universitaria de España y su profesorado, así como los investigadores, se benefician de los mismos. En los últimos veinte años han proliferado las titulaciones y los centros ligados a las áreas y recursos costeros y marinos.
Por el contrario, los servicios culturales que permiten el disfrute del paisaje han mermado de manera más que preocupante. La destrucción y homogeneización del paisaje que ha conseguido el proceso urbanizador de las costas resta calidad ambiental y competitividad como destino turístico atractivo; pero sobre todo en el entorno en el que se tienen que desarrollar nuestras vidas cotidianas. Y es que el Dominio Público Marítimo Terrestre (DPMT), una playa por ejemplo, ofrece dos posibilidades de contemplación: el mar y el frente terrestre. Y si en este último lo que se observa no resulta atractivo (edificios sin valor arquitectónico, obras de protección, infraestructuras y equipamientos públicos, etc.), los servicios estéticos simplemente desaparecen.
Como conclusión, parece que, en términos generales, tanto en España como en Andalucía, los servicios de los ecosistemas litorales que dependen del buen estado de conservación de su ecosistema (abastecimiento por extracción y recolección, culturales como el paisaje, así como la mayor parte de los de regulación) salen bastante peor parados que aquellos que fuerzan el ecosistema para la obtención de determinados servicios (alimentación a través de la acuicultura y agricultura intensiva, actividades recreativas y de ocio). Ello puede implicar que los segundos apoyan su éxito en el deterioro de los primeros.

IMPULSORES DIRECTOS DE CAMBIO DE LOS ECOSISTEMAS LITORALES

A continuación se analizan los impulsores directos de cambio que mayor influencia tienen en los ecosistemas litorales.

a. El cambio de los usos del suelo es, sin duda, el impulsor más importante a la luz de los datos de las cinco últimas décadas. Los procesos de implantación de áreas de industrias portuarias (AIP), primero, el desarrollo turístico y agrícola, después, así como la construcción de grandes infraestructuras y la incontrolada explosión de la construcción de zonas residenciales de los últimos años, han transformado de forma radical las áreas litorales españolas. Han desaparecido ecosistemas que constituían hábitat críticos para especies de flora y fauna singulares que actualmente se encuentran amenazadas. Esto es así porque, con especial ahínco, han sido ocupadas antiguas lagunas costeras, dunas, marismas, estuarios y desembocaduras; y, en las últimas dos décadas, cualquier tipo de espacio, terreno o ambiente, en los dos primeros kilómetros de la costa. Prieto (2009) señala que el proceso ha sido tan virulento que en los últimos veinte años la superficie artificial en el litoral supone la mitad de lo construido en los últimos dos milenios.

b. El cambio climático constituye una amenaza real y en ciernes para los ecosistemas litorales. Dentro del escenario de cambio global previsto para las próximas décadas, las proyecciones acerca del clima y la subida del nivel del mar ofrecen un panorama de importantes transformaciones en el litoral español. Las previsiones hablan, en términos generales, de un aumento de las temperaturas y una disminución de las precipitaciones, cuyos efectos serán tanto acuciantes cuanto más avance la presente centuria. Las consecuencias de estas modificaciones no se harán esperar y muchas de ellas las estamos experimentando ya. Un aumento temporal de las condiciones de verano, una pérdida del confort térmico en las fases centrales de la estación estival, un estrés hídrico generalizado, un cierto deterioro de la cubierta vegetal y edáfica, además de un incremento en el riesgo de inundaciones conformarán una patología bastante extendida por el litoral español en las próximas décadas. A ello habrá que unir las afecciones derivadas de la subida del nivel del mar, las cuales no sólo se resuelven en términos de reactivación de la morfogénesis costera, con lo que ello supone de cara al reajuste de los ecosistemas litorales, al incremento de los riesgos de pérdida de infraestructuras, etc., sino, asimismo, por tratarse de uno de los impulsores de la salinización de los acuíferos litorales. Así pues, turismo, agricultura y conservación de la naturaleza son tres de los ámbitos de la gestión de los litorales que se verán más afectados por causa del cambio climático.

c. Los insumos externos (contaminación) a los ecosistemas litorales han supuesto la degradación de las aguas litorales. Recordemos un principio fundamental de la GIAL: las aguas constituyen la mayor fuerza integradora del sistema se servicios costeros. Es la esencia de casi todos los procesos y equilibrios naturales en el ámbito geográfico analizado. La contaminación difusa procedente de la agricultura intensiva, por un lado, pero también los vertidos urbanos e industriales sin depurar, por otro, constituyen las principales fuentes contaminantes de las aguas litorales. También los vertidos de carburantes con origen en buques que navegan por nuestras costas suponen fuentes importantes para la degradación de los servicios de los ecosistemas del litoral. Una razón de especial preocupación respecto a este impulsor directo de cambio es el hecho de que Galicia y Andalucía tengan sus costas frente a algunas de las principales rutas de navegación del mundo. Y ello explica, en gran medida, un mayor número de accidentes marítimos con perniciosa repercusión en sus costas.

d. La introducción de especies invasoras (que son transportadas en el agua de lastre de los barcos), ha empezado a afectar de manera importante a los ecosistemas costero marinos de España: mejillón cebra (Dreissena polymorpha), alga asesina (Caulerpa taxifolia), etc.

e. Cambios en los ciclos biogeoquímicos. El proceso de litoralización al que se encuentra sometido el litoral español y andaluz es responsable de un incremento importante en los aportes de materia orgánica y nutrientes a los ecosistemas, provocando graves procesos de eutrofización, sobre todo en los de la fachada mediterránea. Esta eutrofia afecta a la calidad de las aguas y del sedimento, a la integridad y salud de los ecosistemas y a la biodiversidad que contienen, condicionando el funcionamiento y funcionalidad de aquellos y, por tanto, el flujo de servicios que generan o puedan generar. En zonas de intensa actividad agrícola, como es el bajo Guadalquivir, la contaminación resultante de dicha actividad productiva desencadena, aguas abajo, procesos de hipoxia y anoxia con consecuencias severas en el mantenimiento de la biodiversidad y en el funcionamiento de los ecosistemas sobre los que inciden. En ocasiones, esos procesos de eutrofización aparecen conectados a una ocurrencia creciente de floraciones masivas de algas tóxicas (García Mora y Montes, 2011).

f. La degradación de los servicios de abastecimiento por la sobreexplotación y el uso de técnicas inadecuadas para obtener un suministro relacionado con especies de interés comercial, es otro de los principales impulsores directos del cambio. La sobrepesca, la utilización de técnicas pesqueras como el arrastre, la práctica furtiva del marisqueo, etc. han provocado el deterioro del estado de conservación de los ecosistemas litorales. Prueba de lo anterior es que, ante la falta de rentabilidad de la pesca artesanal, durante los cuatro últimos años, se han visto obligados a dejar de pescar más de 1800 buques de pesca de artes menores.

La intensidad de los impulsores directos es bastante considerable. Los usos del suelo y la explotación intensiva de servicios, básicamente de abastecimiento, son los impulsores más potentes para el caso del litoral español y andaluz, seguido de los insumos externos o contaminación. La tendencia, en términos generales, también debe ser motivo de preocupación debido a que los impactos aumentan de forma rápida o muy rápida.

Respuestas e intervenciones de gestión

No cabe duda razonable de que ciertos impulsores de cambio son más responsables que otros del deterioro sufrido por los servicios de los ecosistemas del litoral español y andaluz. La Tabla 3 resume los problemas que aquejan a los ecosistemas del litoral español y andaluz. Si se analiza con detenimiento se observa que las actividades económicas que han facilitado nuestro crecimiento en el pasado, son las mismas que generan, en el presente, una crisis de los ecosistemas litorales y sus servicios: desarrollo turístico, pesca extractiva, agricultura intensiva, industria portuaria, transporte marítimo, etc.
Pero conviene aclarar que no se trata de dar la espalda a las imprescindibles actividades humanas. Y menos teniendo en cuenta dónde y de qué vive gran parte de la población. Probablemente un modelo más sostenible consista en detectar los niveles adecuados de intensidad en los que el ecosistema pueda seguir conservando sus funciones y servicios. En cualquier caso, son esos mismos problemas, y sus diferentes orígenes o causas, los que contribuyen a definir los objetivos operativos de cualquier iniciativa de GIAL para España y Andalucía (Tabla 3). Una vez se tiene el horizonte al que se aspira resulta imprescindible reconocer, con cierto detalle, los caminos que la Administración Pública de una sociedad organizada tiene por recorrer. Cualquier solución duradera a los problemas de gestión planteados obligan a marcar una estrategia que, a largo plazo, se proponga las siguientes metas:

a. Construir un sólido sistema de alianzas que aspire a una nueva política para nuestro litoral. Los tres elementos estratégicos que intervienen son: política, coordinación-cooperación y participación. La relación entre los tres resulta evidente. La meta a establecer trataría de buscar instituciones y personas que, de forma conjunta, deseen conservar nuestros ecosistemas litorales a través de un modelo más racional de uso económico y bienestar social.

b. Disponer de instrumentos apropiados para un modelo más integrado de gestión de áreas litorales. Los elementos estratégicos a tener en cuenta serían: normativa, instituciones, e instrumentos para la gestión litoral. En conjunto deberían constituir un ensamblaje instrumental que promoviera y facilitara la operatividad.

c. Conseguir los recursos necesarios para hacer funcionar los instrumentos e implantar dicho modelo. Los elementos estratégicos que habría que considerar son: recursos, administradores, educación para la sostenibilidad y conocimiento-información. Tampoco aquí caben dudas razonables sobre el grado de relación e interdependencia entre ellos. El objetivo principal de este apartado es proporcionar a la nueva política aquellos recursos (económicos, humanos, para la concienciación ciudadana y de información) que permitan alcanzar una mayor integración en la gestión del litoral español.

Al respecto conviene insistir en algo de trascendental importancia: No se trata de una propuesta pensada solo para que actúe el Estado o una Comunidad Autónoma determinada. Muy al contrario: si solo una escala de gestión intenta abordarla, de forma individual, estaría abocada al fracaso. En España no es posible un modelo de GIAL sin tener presentes a todas las escalas de la Administración Pública; incluyendo, por supuesto, al resto de los agentes sociales (empresas, ONG, etc.). En esta observación hay plena coincidencia con las propuestas europeas. Sin embargo, ello no quiere decir que no sean convenientes, ni recomendables, iniciativas de esta naturaleza surgidas desde cualquier ámbito de la gestión pública. Apenas deben considerarse apuntes que pretenden sugerir posibilidades de mejorar el actual modelo de gestión.

LA CONSERVACIÓN DE LOS ECOSISTEMAS LITORALES Y EL BIENESTAR HUMANO

La abstracción del proceso observado en el último medio siglo para los servicios de los ecosistemas del litoral español podría describirse como una especie de ciclo autofágico; en el cual el propio éxito de las actividades humanas, que dependen de los servicios que proporcionan unos ecosistemas que gozan de buena salud, termina por conducir a éstos a un estado de degradación que pone en peligro buena parte del bienestar alcanzado. En la actualidad es posible que se asista al final de una etapa donde resulta esencial plantearse la recuperación del capital natural perdido; tan necesario, por otra parte, para mantener en el tiempo el bienestar humano al que se ha hecho alusión.

CONCLUSIONES

En la figura se muestra la relación entre el modelo de desarrollo y los ecosistemas costero marinos en España a lo largo de los últimos 50 años. Se observa que durante la primera parte de lo que podría ser un ciclo, ha existido un claro beneficio, que ha repercutido en nuestro bienestar, de los servicios que proporciona el sistema litoral. Cuando éste ha sido forzado con objeto de obtener más servicios, el litoral ha sido transformado, degradado, expoliado, alteradas las funciones del ecosistema, etc. Ello ha producido un claro empobrecimiento del capital natural y también se han reducido los servicios que gratuitamente prestaba dicho ecosistema. La última fase del ciclo es aquella a la que hay que responder con un esfuerzo por recuperar lo perdido.
Desde un punto de vista comparativo, puede afirmarse que algunas conclusiones preliminares de la Evaluación de España y Andalucía son coincidentes. En efecto, las características de la distribución y crecimiento de la población, la terciarización de su estructura productiva concentrada en el litoral, la ocupación y artificialización del borde costero, etc. son procesos que comparten ambos. Es lógico, por tanto, que determinados servicios del sistema litoral andaluz también hayan disminuido (sobre todo aquellos más ligados al abastecimiento y a la regulación). Al mismo tiempo otros, en especial los relacionados con los servicios culturales, presentan un aumento significativo. Como se ha visto, también comparten algunos impulsores directos clave que explican el cambio en los ecosistemas litorales.
Por su parte, el modelo actual de administración pública, por fragmentado y descoordinado, no es el más adecuado para gestionar el ámbito litoral y los servicios de sus ecosistemas. La gestión pública debe mejorar su función en los ámbitos costero marinos utilizando los principios de la Gestión Integrada de Áreas Litorales. Uno de los más trascendentes consiste en interpretar el sistema litoral como un todo; esto es, un espacio geográfico que alberga numerosos ecosistemas, muy frágiles desde el punto de vista de sus límites biofísicos, y extremadamente valiosos para el bienestar humano. Además, la interdependencia en el funcionamiento de los diferentes subtipos de ecosistemas litorales hace inviable otra concepción de la gestión. También deberán incorporarse, como criterios de gestión en el ámbito público de actuación, los relativos a los servicios de regulación, ya que no suelen considerarse por no estar dentro del sistema de mercado.
El traspaso de trascendentales competencias sobre gestión del Dominio Público Marítimo Terrestre (DPMT) a las Comunidades Autónomas (se ha iniciado este proceso por Cataluña y Andalucía), supone una oportunidad para la integración de la administración de los ecosistemas litorales. En efecto, no puede olvidarse que la escala intermedia de la administración española ya es responsable de otras funciones públicas tan primordiales para la Gestión Integrada de Áreas Litorales como: protección de espacios naturales, gestión del agua, ordenación del territorio y del litoral, recursos y actividades desarrollados en las aguas interiores, puertos pesqueros y deportivos, gestión de la Zona de Servidumbre de Protección del DPMT, etc. Este proceso de concentración de funciones en las escalas territoriales intermedias es similar a la que se observa en otros países europeos.
Un modelo integrado de Gestión de Áreas Litorales tendría más en cuenta la estrecha relación que se establece entre la administración de las zonas costeras y el de las cuencas hidrográficas. La libre circulación de sedimentos y peces, la cantidad y calidad de las aguas, los pulsos con las que estas aparecen a lo largo del año hidrológico, etc. implica el reconocimiento de la dependencia de los ecosistemas litorales respecto de los fluviales.
Los asuntos relativos a la gestión de los ecosistemas litorales en España necesitan un lugar más destacado en la agenda política. En términos generales, la intensidad de los impulsores directos del cambio y la tendencia actual de los mismos, justifica una mayor preocupación de los poderes públicos por administrar mejor este capital natural común. Conviene recordar, permanentemente, que muchas actividades económicas de enorme trascendencia en nuestra estructura productiva, dependen del buen estado ecológico de estos ecosistemas. En caso contrario, el futuro de nuestro actual bienestar humano estará seriamente comprometido.

REFERENCIAS

Barragán, J.M. y Borja, F. 2010. Evaluación de los ecosistemas del Milenio de España. Litorales. Madrid, Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino. pp. 673-739.

Barragán, J.M., Chica, J.A., Pérez, M.L, G. Onetti, J. y G. Sanabria, J. 2011. "La gestión integrada de áreas litorales en España. Propuestas para un cambio de rumbo", en Manejo costero integrado en Iberoamérica: propuestas para la acción, CYTED, Cádiz, pp. 253-280.

Chica, J.A. y Barragán, J.M. 2011. Estado y tendencia de los servicios de los ecosistemas litorales de Andalucía. Sevilla, Consejería de Medio Ambiente. 112 pp.

European Environment Agency. 2006. The changing faces of Europe’s coastal areas, 107 pp.

García, R. y Montes, C. 2011. AN +20. El desafío de la gestión de los espacios naturales de Andalucía en el siglo XXI. Una cuestión de valores. Sevilla, Consejería de Medio Ambiente, Junta de Andalucía, 166 pp.

MARM (Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino). 2008. Perfil Ambiental de España 2007. Informe basado en indicadores. Madrid, 373 pp.

Prieto, F. 2009. Cambios en la ocupación del suelo en la costa 1987-2005: pérdida acelerada de servicios de los ecosistemas y destrucción de un bien común<7em>, Informe inédito.
World Resources Institute (WRI). 2005. Evaluación de los Ecosistemas del Milenio. Los Ecosistemas y el Bienestar Humano: Humedales y Agua. Informe de Síntesis, World Resources Institute, Washington, DC. 80 pp.

Autores: J. Adolfo Chica Ruiz - M. Luisa Pérez Cayeiro - J. Manuel Barragán 

EXPLICACIÓN PARA EL EXTRAÑO ENIGMA VOLCÁNICO DE LA LUNA

noticiasdelaciencia.com

Cuarenta años después de las misiones Apolo, que llevaron astronautas a nuestro satélite natural, la formación e historia geológica de la Luna tienen todavía muchos secretos.

 
Muestra de una roca artificial de la Luna. (Foto: Nature)

Los astronautas no sólo trajeron 380 kilogramos de roca lunar a la Tierra, sino que también colocaron muchos instrumentos científicos sobre la superficie lunar. Contrariamente a la Tierra, nuestra Luna no tiene volcanes activos, y las huellas de su pasada actividad volcánica datan de hace miles de millones de años. Sin embargo, el año pasado, científicos de la NASA presentaron públicamente un nuevo modelo de la composición interior de la Luna, utilizando para ello datos de terremotos lunares obtenidos por los sismómetros de la era Apolo. Según ese hallazgo del equipo de la investigadora Renee Weber, hay mucho magma líquido en lo profundo de la Luna, y se cree que parte de las rocas que allí residen están fundidas. Específicamente, las partes más profundas del manto lunar, adyacentes al pequeño núcleo metálico, están parcialmente fundidas, hasta en un 30 por ciento.
En la Tierra, esas masas de magma tienden a moverse hacia la superficie, produciendo erupciones volcánicas. Si el interior profundo de la Luna contiene tanto magma, ¿por qué no vemos espectaculares erupciones volcánicas en la superficie?
Recientemente, otro equipo de científicos ha identificado una probable razón para esta vida pacífica de la superficie lunar: La roca caliente y fundida en el interior profundo de la Luna es tan densa que simplemente es demasiado pesada para subir a la superficie como lo haría, por ejemplo, una burbuja de aire en un vaso de agua.
Para sus experimentos, el equipo de Mirjam van Kan Parker y Wim van Westrenen, de la Universidad Libre de Ámsterdam, en los Países Bajos, produjeron copias microscópicas de muestras de roca lunar recogidas por las misiones Apolo, y las fundieron a presiones y temperaturas extremadamente altas, como sucede dentro de la Luna. Luego midieron su densidad con un potente sistema de rayos X, descubriendo que es demasiado grande para que el magma pueda ascender a la superficie.
En la nueva investigación también han trabajado expertos de la Universidad de París 6 y la de Lyon 1, ambas en Francia, la de Edimburgo en el Reino Unido, y el ESRF (European Synchrotron Radiation Facility) en Francia.

domingo, 8 de abril de 2012

LOS CARACOLES PREDADORES REFINAN VENENOS MEDIANTE UNA CONTINUA DUPLICACIÓN DE GENES

noticiasdelaciencia.com

Cuando los caracoles marinos tropicales de cono clavan sus dientes como arpones en sus presas les inyectan venenos paralizantes compuestos por una mezcla potente de más de cien neurotoxinas diferentes.


(Foto: Jeanette Johnson)

Los biólogos han sabido por más de una década que los genes que proporcionan las recetas para las toxinas del caracol de cono se cuentan entre los genes de más rápida evolución en el reino animal, lo cual permite que estos gasterópodos predadores refinen constantemente sus venenos para atacar de manera más precisa los sistemas neuromusculares de sus presas.
Pero los científicos habían sido incapaces de explicar los mecanismos moleculares detrás de la impresionante diversidad y la veloz evolución de las toxinas de los caracoles de cono, conocidas como conotoxinas.
Ahora dos biólogos de la Universidad de Michigan informan que su reconstrucción de la historia evolutiva de estos genes ha revelado una duplicación rápida y continua de genes a lo largo de los últimos once millones de años, que está acompañada con las tasas aceleradas de evolución de las conotoxinas.
La tasa de duplicación de genes en los caracoles de cono es, por lo menos, dos veces más alta que las tasas observadas en otras familias renombradas por su extensa duplicación de genes, tales como los genes de los venenos de las víboras y los escorpiones, y los genes del olfato. Además el patrón de constante duplicación genética de los caracoles de cono no se ha observado en ningún otro organismo, según los investigadores de la UM, Dan Chang y Thomas F. Duda.
“La elevada tasa de duplicación de genes puede, de hecho, facilitar la rápida evolución de los miembros de la familia genética incrementando el número de oportunidades para que ocurran mutaciones beneficiosas mediante los incrementos en el número de copias de genes”, dijo Chang, estudiante de doctorado en el Departamento de Ecología y Biología Evolucionaria.
Los resultados del estudio de conotoxinas se publicaron en Internet , en la revista Molecular Biology and Evolution.
Los caracoles de cono forman el genus Conus que incluye más de 600 especies de caracoles marinos predadores, en su mayoría distribuidos en aguas tropicales. El estudio de Chang y Duda observó las secuencias genéticas de conotoxinas en el ácido desoxirribonucleico genómico de cuatro especies de Conus estrechamente relacionadas. Los especimenes, recolectados originalmente en Hawai, Panamá y American Samoa, estaban almacenados en las colecciones del Museo de Zoología de la Universidad de Michigan.
El estudio de Chang y Duda es el primero que examina los genes de conotoxinas de varias especies estrechamente relacionadas para reconstruir la evolución de las familias genéticas de conotoxinas. Dentro de una especie los genes que son extremadamente similares en estructura y función se consideran como parte de la misma familia genética. La hipótesis es que los genes que forman parte de familias derivan de una secuencia ancestral común mediante la duplicación de genes, lo cual agrega una copia extra de un gen al genoma del organismo.
A lo largo de la evolución la copia extra del gen puede acumular mutaciones aleatorias. Las mutaciones benéficas –es decir las que resultan en nuevas funciones que son valiosas—pueden retenerse mediante la selección natural lo cual resulta en un gen nuevo y la creación de una familia genética.
A medida que el proceso se repite una y otra vez se añaden genes adicionales a la familia. En el presente la especie típica de caracol de cono tiene de cien a doscientas neurotoxinas únicas en su veneno y el proceso de duplicación de genes probablemente contribuyó a esa diversidad, indicaron Chang y Duda.
“Nuestro resultado principal, tal como yo lo veo, es que esta rápida producción de genes es algo que puede impulsar la evolución rápida”, señaló Duda, profesor asociado de ecología y biología evolucionaria y curador asociado en el Museo de Zoología de la UM. “Estamos equiparando la redundancia –esto es múltiples copias del mismo gen presente en el genoma- con cambio rápido”.
El origen de una novedosa función genética mediante la duplicación de genes, la mutación y la selección natural representa uno de los mecanismos por los cuales los organismos se diversifican y una de las sendas posibles que llevan a la adaptación. Sin embargo, la medida, el papel y las consecuencias de las duplicaciones de genes en los orígenes de las adaptaciones ecológicas, especialmente en el contexto de las interacciones de especies, han sido menos claros.
En su estudio de los Conus, Chang y Duda analizaron la “superfamilia A” de genes de conotoxina y encontraron que muestra tasas extremadamente altas de duplicación de genes que están correlacionadas con las tasas de evolución. “Después de la duplicación de genes, las tasas de evolución de hecho se elevaron y luego disminuyeron gradualmente con el tiempo”, dijo Chang.
La evolución rápida permitió que los Conus diversificaran y afinaran la fórmula de sus toxinas, cambios que pueden haber sido impulsados por modificaciones dietéticas entre los caracoles o el desarrollo de resistencia a la toxina por parte de las especies que son sus presas. Los caracoles de cono se alimentan de gusanos marinos, peces y otros caracoles.
El trabajo tuvo el apoyo de fondos de la Escuela Rackham de Graduados de la Universidad de Michigan y de una beca otorgada a Chang por Rackham y el Departamento de Ecología y Biología Evolucionaria. El trabajo también tuvo el apoyo de un premio de la Fundación Nacional de Ciencia a Duda. (Fuente: U. Michigan).

viernes, 6 de abril de 2012

ESTRATEGIA DE ATAQUE EN UNA COMPLEJA GUERRA DE AVISPAS, ÁFIDOS, BACTERIAS Y VIRUS

noticiasdelaciencia.com

Una nueva investigación revela algunos de los entresijos de una compleja guerra entre avispas y áfidos, que incluye parasitación de múltiples niveles, en lo que parece una muñeca rusa (una matrioska) biológica: Una bacteria que vive dentro de un áfido, un virus que infecta a esa bacteria, y una avispa parásita que pone sus huevos en el áfido.


Una avispa y su víctima. (Foto: Alex Wild)

Procedente de Europa, el áfido del guisante (Acyrthosiphon pisum) se instaló en América del Norte hace tiempo, propagándose dañinamente por los cultivos de guisante y de otras legumbres. Más tarde, se introdujo a la avispa parásita Aphidius ervi como agente biológico natural de ataque contra el áfido, en un intento de mantener la plaga bajo control.
La avispa pone un huevo dentro del áfido, y del huevo nace una larva que se cría dentro de este áfido. La larva usa al áfido, todavía vivo, como fuente de alimento, y con el tiempo se transforma dentro de éste en crisálida y emerge como una avispa madura completamente formada.
Sin embargo, el áfido no está indefenso. La bacteria Hamiltonella defensa y su bacteriófago asociado, llamado APSE, lo defienden. Los bacteriófagos son virus que infectan exclusivamente a bacterias.
Las bacterias con su bacteriófago flotan en la hemolinfa (la "sangre") del áfido, y también se aposentan en células especializadas que el áfido tiene para alojar a sus simbiontes. Además de conferirle una mayor resistencia al estrés por calor, el principal trabajo de las bacterias y sus bacteriófagos parece ser proteger al áfido contra las avispas parásitas.
Las avispas también ponen sus huevos dentro de los áfidos que tienen bacterias simbiontes, pero las larvas que nacen de esos huevos no son capaces de desarrollarse con normalidad.
El equipo de la entomóloga Martha (Molly) Hunter, de la Universidad de Arizona, se propuso investigar qué tácticas podían usar las avispas para vencer a la estrategia simbiótica de defensa de los áfidos.
Los investigadores han descubierto que las avispas parásitas pueden detectar si el áfido en el que pretenden poner sus huevos está protegido por bacterias Hamiltonella infectadas por el virus APSE. El equipo comprobó que las avispas que ponían dos huevos en los áfidos infectados por la bacteria y el bacteriófago tenían perspectivas de éxito mucho mejores para lograr crías vivas. Sin embargo, poner dos huevos en áfidos no infectados tenía poco efecto en la cantidad de avispas supervivientes, ya que de todos modos sólo una avispa puede completar su desarrollo en cada áfido. Esto sugiere que tener el doble de la cantidad de factores secretados por las avispas en desarrollo vence a la protección brindada por la infección bacteriana, y es una adaptación para asegurar que sobreviva una avispa al costo de dos. Las avispas tienden a aplicar la mejor estrategia para cada caso.
En la investigación también han trabajado Judith Becerra, ecóloga química de la Universidad de Arizona, y Kerry Oliver, actualmente en la Universidad de Georgia, Estados Unidos.