viernes, 6 de abril de 2012

LA FUERZA DEL TIRANOSAURIO REX AL MORDER ERA LA MAYOR DE CUALQUIER ANIMAL CONOCIDO DE TIERRA FIRME PASADO O PRESENTE

noticiasdelaciencia.com

Los resultados de una nueva investigación en la que han sido usados varios modelos digitales para reconstruir el músculo de la mandíbula del Tiranosaurio rex (Tyrannosaurus rex), indican que esta bestia colosal infligía la mordedura más potente de entre las de todos los animales terrestres vivos o extintos de los que se tenga conocimiento.


El T. rex tenía una mordedura muy potente. (Foto: U. Liverpool)

En los modelos, el equipo de Karl Bates, de la Universidad de Liverpool, en el Reino Unido, aumentó el tamaño de los cráneos de un humano, un caimán, y un dinosaurio carnívoro Allosaurus, todos adultos, hasta igualar el tamaño de cada cráneo con el de un Tiranosaurio rex adulto.
En cada caso, las fuerzas de la mordedura aumentaron como se esperaba, pero no llegaron al nivel de un Tiranosaurio rex adulto, lo cual sugiere que este animal estaba dotado con la mordedura más potente de la que haya sido capaz cualquier animal terrestre conocido de la historia.
En estudios anteriores, se estimó que la mordedura del Tiranosaurio rex tenía una fuerza de entre 8.000 y 13.400 newtons, pero dado el tamaño del animal, que se cree que pesaba más de 6 toneladas, los investigadores sospechaban que su mordedura pudo ser aún más potente. Los autores de la nueva investigación desarrollaron un modelo por ordenador para realizar ingeniería inversa a partir del análisis de la mordedura del animal, un método que ya había sido usado para predecir la velocidad con que podía correr un dinosaurio.
Los valores más pequeños obtenidos en la nueva investigación son de alrededor de 20.000 newtons, mientras que los más grandes son de hasta 57.000 newtons.

ECOSISTEMAS MEDITERRÁNEOS

ecoticias.com

La Cuenca Mediterránea tiene un clima peculiar que toma el nombre de este territorio. En invierno hace un frío no muy intenso, llueve en ese tiempo, en otoño y en primavera, con gran variación entre unos años y otros, y el verano es siempre muy cálido y muy seco. Esto ocurre en superficies relativamente pequeñas del planeta. Así, junto a la Cuenca Mediterránea, una parte de California, centro de Chile y sur de África y de Australia tienen "clima mediterráneo".



Gran parte del territorio español se caracteriza por este clima y entre sus condicionantes ecológicos sin duda deben destacarse los que impone la sequía estival. Digamos que esta sequía exige mecanismos de adaptación biológica muy característicos. Los de las plantas son variados y merece considerar que la gran mayoría de sus especies herbáceas mueren en verano, quedando su descendencia latente en el suelo como un banco de semillas y propágalos. Casi todas las leñosas mantienen sus hojas a lo largo del año y resisten la sequía a base de cerrar sus estomas y transpirar poco. Las especies animales no parecen muy exclusivas de este clima, sobre todo las más conocidas, y la mayoría de éstas tiene que emigrar en verano. De alguna forma, el final de la sequía estival es lo que supone en el Mediterráneo el reinicio de la vida cada año, el regreso de los viajeros y la reorganización de las comunidades biológicas.
Los fenómenos físicos y procesos biológicos interrelacionados que ocurren bajo este clima constituyen los ecosistemas mediterráneos, que ofrecen la imagen de unos paisajes dinámicos, con una gran variación local y regional(1). Los límites espaciales de estos paisajes, como los de los ecosistemas, no son fáciles de establecer, aunque algunos naturalistas y geógrafos se aventuren a elaborar mapas que, por otra parte, resultan muy útiles(2,3). Ocurre además que en el Mediterráneo una cultura milenaria ha venido sumando a estos fenómenos naturales otros procesos antropogénicos muy relevantes, de manera que los ecosistemas funcionan muy condicionados por éstos(4,5). El territorio ofrece, pues, paisajes claramente culturales, con usos múltiples basados en actividades cinegéticas practicadas desde la Prehistoria, así como en explotaciones mineras y agrarias también muy antiguas.

Monte mediterráneo

En la reciente evaluación de los ecosistemas del milenio desarrollada en España(6), los territorios con "bosques y matorrales esclerófilos"(7) destacan por mantener en la actualidad los paisajes de aspecto probablemente más silvestre de la Cuenca Mediterránea. No obstante, como se ha dicho, los ecosistemas funcionan históricamente muy condicionados por la cultura rural. La Península Ibérica es un país de encinas y jaras. El "monte mediterráneo"(8), del que forman parte aquellos bosques y matorrales, ocupa en esta península territorios que, resumidamente, varían desde ambientes térmicos-secos (con alcornoques y pinos de halepo en ambientes más silíceos y con cebuches en ambientes más basófilos) a térmicos-húmedos (con algarrobos y, según los casos, acebuches y alcornoques). Los bosques de encina y los de pino piñonero, éstos históricamente muy intervenidos dado su rápido crecimiento, ocupan situaciones intermedias entre estos dos extremos, siendo a la vez los más extendidos. Se trata de un conjunto de territorios "marginales" destacables por la citada sequía estacional y una notable pobreza en sus suelos.
Los componentes litológicos del paisaje no han sido alterados por actividades culturales. Casi ocurre lo mismo con los componentes geomorfológicos. Sin embargo, junto a las comunidades biológicas silvestres, los usos agrarios y las razas, variedades y formas de plantas y animales domésticos asociados a ellos, son claramente culturales(. Al monte se le reconoce un alto valor ecológico y potencial socioeconómico, sobre todo por constituir un formidable reservorio genético, cultural, agrario y educativo (Fig. 1).
Los territorios con mejor representación del monte leñoso con bosque y matorral esclerófilo, son aquéllos en los que esta vegetación mantiene una buena conexión con los pastizales herbáceos anuales, con los que limitan. Los límites son fronteras bastante netas formando en conjunto una especie de mosaico. Estos pastizales suelen ser "dehesas". El monte ocuparía unos 25 millones de ha (unos 10 de bosque, 8 de monte leñoso y casi otro tanto de monte abierto con pastizales), es decir, alrededor de la mitad de la superficie del país.
La conexión monte leñoso-pastizal es un proceso esencial en el funcionamiento del monte. De ello depende gran parte de su producción animal y de sus ciclos hídricos y bio-geo-químicos, la función que estos sitios desempeñan para la sociedad humana y los ‘servicios’ que, en consecuencia, ofrecen. En el monte leñoso crían especies emblemáticas de vertebrados, muchas de las cuales han de alimentarse en los más productivos pastizales vecinos. En el conjunto hay una alta riqueza biológica y una casi desconocida, pero elevadísima, diversidad de plantas herbáceas que, además, permiten una producción de carne de calidad excepcional.

La dehesa

Los sistemas adehesados son un paradigma de la conservación de la naturaleza en Europa, sobre todo considerando que ocupan comarcas denominadas "marginales", en términos de productividad agraria. Se trata de grandes espacios dedicados a pastos con árboles dispersos que le dan un aspecto de sabana. Ocupan principalmente relieves alomados de sustratos silíceos pobres, sobre todo en fósforo, ocupando una extensión algo superior a 2 millones de ha en el centro y oeste de la Península Ibérica. Hoy se conocen como dehesas ("montados" en Portugal). En el pasado el término dehesa, como el de "oquedal" (hoy equivalente al de monte hueco en algunas regiones), parece que se aplicaba también al bosque cerrado (a), usándose hoy el nombre asimismo para zonas abiertas de pastizal sin arbolado alguno.
Se trata de un paisaje cultural en el que ya no existe la mayor parte de la masa vegetal leñosa que debió existir en la selva original. Esa biomasa, poco productiva, la sustituye ahora un tapiz herbáceo anual (de plantas "terófitas") mucho más productivo, siempre que el ganado lo coma, aunque sin apenas biomasa.
No está del todo claro el origen atribuido a la dehesa. Para algunos autores es muy antigua y para otros es relativamente reciente. En la alta Edad Media pudo tener un desarrollo notable y quizá su apogeo, cuando también lo alcanzó la trashumancia –el trasiego estacional del ganado en dirección latitudinal y altitudinal, esencialmente huyendo de la sequía estival–, aunque la dehesa no es un sistema de uso por ganado trashumante, sino de control preciso de la escasa carga ganadera que puede mantener.
La dehesa sorprende por la forma inteligente de su gestión a lo largo de la historia. Entre otras cosas, supone una "oferta" excepcional de paisaje cultural tradicional dedicado a una actividad básicamente silvo-pastoral, aunque también puede ser cinegética. En la dehesa puede destacarse el suministro de "servicios" de abastecimiento ligados a la alimentación (uno de sus productos, el jamón de bellota ibérico, se considera una de las joyas más valiosas de la gastronomía española) y a la reserva genética silvestre y doméstica. La dehesa también ofrece servicios de regulación climática e hídrica y servicios culturales relevantes.
Conectada con el monte leñoso, la dehesa mantiene una elevada diversidad biológica. Los conservacionistas reconocen una gran importancia en esto, aunque generalmente se refieren a la riqueza biológica (la biodiversidad) y, más comúnmente, a la presencia de especies raras, emblemáticas, de cierto tamaño y apariencia, dependientes de trasiegos entre aquel monte y el pastizal y consideradas amenazadas. Aunque la dehesa contiene estas especies, es en el pasto herbáceo donde hay una riqueza vegetal considerable –unas quinientas especies de terófitos son frecuentes aquí– y una diversidad que casi llega a alcanzar seis bits(b) con una carga adecuada de herbívoros. Esta diversidad supone la oferta de un extraordinario menú para éstos.

(a)Martín Vicente, A. & Fernández Alés, R. 2006. 67:19-28.

(b)Un valor de diversidad que representa una comunidad con sesenta y cuatro especies, cada una de las cuales tuviera exactamente el mismo numero de individuos.

Servicios reconocidos en el ecosistema

En la citada evaluación de ecosistemas, la correspondiente a este monte(10) destaca como servicios más importantes para la sociedad humana los debidos a las funciones del suelo, la biodiversidad y el paisaje montaraz que resulta de este ecosistema.

a) Suelo. Hay factores ecológicos claves para los servicios de regulación del monte que encuentran su explicación en los suelos de estos ambientes. Los bosques y matorrales tienden a ocupar cabeceras de cuenca, páramos, lomas y zonas altas de ladera, de manera que el flujo hídrico superficial y subterráneo y la productividad de los ambientes "vecinos" dependen en gran medida del mantenimiento de este importante hilo conductor del ecosistema.
Las raíces de los árboles, matorrales y herbazales retienen el sustrato y la propia estructura viva, evitando la erosión de las laderas y disminuyendo el riesgo de desertificación siempre que se conserven en buen estado los horizontes del suelo. El dosel vegetal leñoso actúa de paraguas, y en menor medida el herbáceo, evitando el impacto de la lluvia en el suelo. El humus formado a partir de la materia orgánica muerta es una esponja que retiene agua y ralentiza su circulación subsuperficial laderas abajo. La escorrentía se reduce así y se facilita la infiltración, aumentando el agua disponible en el sustrato. El dosel leñoso también disminuye la radiación solar que llega al suelo, lo que favorece la permanencia del agua y de los microorganismos edáficos, reduce el albedo y palia la velocidad y fuerza del viento en el monte. En las condiciones ambientales referidas –un sistema estacionalmente estresado por la sequía– importa mucho el papel de estos fenómenos en la economía hídrica, por prolongar el tiempo entre las "entradas" y las "salidas" de agua. Las entradas se producen por precipitación e intercepción de nieblas por hojas y ramas (lluvia horizontal), y las salidas por evapotranspiración a lo largo del continuo "vapor-agua-suelo-planta-aire". El sistema puede almacenar agua en el mantillo y las plantas en cantidad variable, generando escorrentía subsuperficial y recargas hídricas de ambientes vecinos. Esas salidas no deben considerarse, pues, como pérdidas en sentido estricto, sino como fenómenos claves de la "conectividad ecológica territorial"(11), es decir, como una parte importante del funcionamiento de todo el ecosistema.
Aunque la agricultura española ocupa apenas el 7% de la superficie del país, tiene unas necesidades hídricas enormes y supone el mayor gasto de agua por sector de la economía nacional. La industria directamente ligada a la agricultura aporta muy poca inversión económica al valor añadido por uso del agua. Así que, sólo en este contexto, y no siendo el único, el servicio de regulación hídrica basado en la intercepción de la lluvia por la vegetación del monte y la infiltración del suelo adquiere una notable importancia en amplios territorios. La protección del suelo por la vegetación del monte es patente a diferentes escalas y la regulación de los flujos hídricos en un ambiente semiárido es un servicio esencial reconocible en este ecosistema. Las circunstancias descritas son también una referencia para entender los servicios de regulación climática local (mesoclimática) basada en el proceso descrito.
El suelo también importa en la retención de carbono de origen atmosférico. Un monte joven, en crecimiento, funciona con captación fotosintética neta de carbono atmosférico. En el bosque ya formado esta captación llega a ser parecida a la emisión de CO2 por respiración de la comunidad, de manera que en la madurez hay poco secuestro neto de carbono y muy baja producción de oxígeno. En cualquier caso, todo el carbono acumulado en las estructuras de soporte y transporte, como la madera, así como el humus y la materia orgánica del suelo, permanece retenido a lo largo del tiempo sin emisión a la atmósfera. El bosque maduro es, pues, un reservorio pero no un sumidero de carbono. Los pastos anuales que forman parte del monte sí pueden constituir buenos sumideros de este elemento en formas recalcitrantes de la materia orgánica edáfica (12,13).
Las interacciones comentadas permiten reconocer los servicios de protección del suelo del monte mediterráneo, así como el interés de ello en la economía del agua, aminoración del estrés hídrico estacional y reducción de la acción erosiva de las tormentas. Igualmente, permite valorar el coste ambiental que supone la erosión.

b) Biodiversidad. El monte es el hábitat de numerosas especies vegetales y animales emblemáticas. El funcionamiento de los ecosistemas guarda relación con los valores que alcanza su diversidad biológica. Según el número de especies pueden mantenerse complejas formas de funcionalidad en las comunidades biológicas, dentro de ciertos umbrales(14-17). Esto estabiliza el sistema a largo plazo de distintas formas ("resiliencia", diferentes efectos buffer) frente a perturbaciones que sean poco frecuentes o intensas. La biodiversidad es en sí misma una reserva genética de especies y un servicio cultural no sólo recreativo o turístico. La destrucción de hábitats supone roturas de procesos importantes que soportan la vida organizada en comunidades (18).
Los pastos anuales del monte tienen una diversidad vegetal extraordinaria. Su consumo por herbívoros silvestres y domésticos no debe considerarse una forma de "perturbación del ecosistema" aún en su acepción teórica más restrictiva. Este consumo, estabilizado en el tiempo, genera un césped seminatural de excelente calidad nutritiva, adaptado al corte continuado del diente de estos animales, resultando de ello comunidades vegetales herbáceas ("majadales") que alcanzan valores récords de diversidad biológica. La retirada de estos herbívoros (algo asociado al abandono rural que referiremos luego) dista mucho se ser algo bueno desde ninguna perspectiva sensata. Esta retirada supone un descenso brusco de diversidad, la aparición de plantas menos palatables y la "matorralización" de comarcas enteras como vía natural de recuperación del bosque. Ni el matorral ni el bosque llegan, si embargo, a alcanzar aquellos valores tan elevados de diversidad vegetal(19-21).
Las circunstancias comentadas sirven para apoyar los servicios de mantenimiento de hábitats y protección de la biodiversidad del ecosistema considerado.

c) Paisaje. La naturaleza y el marco histórico-cultural del monte mediterráneo ofrecen imágenes que hoy adquieren mucha relevancia en una sociedad exigente en posibilidades de recreo, turismo y educación ambiental. La poco competitiva capacidad productiva agrícola de estos territorios, en comparación con otros lugares específicamente agrícolas intensivos, tiene como contrapartida, sin desdeñar su gran interés ganadero y cinegético, una valiosa oferta paisajística en "la naturaleza" (persistencia de paisajes de aspecto silvestre y alta biodiversidad), "la tradición" (mantenimiento generacional de formas sostenibles de explotación y disfrute material y espiritual de recursos) y "la huella de la cultura rural" en el paisaje (aprovechamiento paradigmático de áreas consideradas marginales, pero muy valiosas, entre otras cosas, como cinegéticas y productoras de fibras y alimentos de muy alta calidad).
La poco desarrollada economía de servicios en los territorios con bosque y matorral mediterráneos y los sistemas de pastizal asociados, se ve favorecida por un turismo cultural cada vez más interesado en la naturaleza y el campo. El interés puede ser meramente contemplativo o también de recreo y práctica de actividades al aire libre. Muchos de estos espacios están atravesados por vías pecuarias ancestrales o antiguas vías ferroviarias abandonadas. Estas estructuras han perdido hoy su uso tradicional y funcionalidad, pero son excelentes "vías verdes" para el excursionismo, la educación y el turismo cultural con una oferta de paisajes de excepcional apariencia y estacionalidad. Además, la caza y la pesca desempeñan un papel importante como actividades recreativas y generan beneficios directos en las propias comarcas que pueden desarrollarse más. Los servicios de recreo al aire libre y disfrute cultural del mundo rural se justifican, pues, muy bien en el monte. En este ambiente es patente la sensación de bienestar general.
El carácter del paseo en estos sitios con vegetación leñosa y con pastizales tiene un atractivo formidable (estacionalidad, olores, colores, fauna, flora, ganadería nativa, cultura rural). Sin estar aún bien establecidos los criterios de valoración de este paisaje como indicador de tasación, el precio de las viviendas aumenta en los periodos "normales" de la economía si están localizadas en estos parajes y disponen de infraestructuras. El monte tiene un significado especial para determinados grupos de personas. Puede contener valores religiosos, espirituales, tradicionales, ser fuente de oficios, traducirse en oportunidades de desarrollo cognitivo y ascético. Estas circunstancias justifican la potencialidad de los servicios de mejora de la calidad de vida que aporta el paisaje del monte mediterráneo.

Tendencias observadas en los servicios del ecosistema

Hay un valioso "capital natural" derivado del funcionamiento del monte, reconociéndose que en este funcionamiento los usos agrarios tradicionales desempeñan un papel importante. Se trata de un sistema "socioecológico" (22). En consecuencia, los cambios de uso del suelo han supuesto en las últimas décadas alteraciones en los sistemas tradicionales de las comarcas que contienen este capital. Es el caso del desarrollo industrial de la agricultura y de la producción maderera. El abandono rural, por su parte, debe considerarse como un serio coste cualquiera que sea el punto de vista que se adopte. Pueden destacarse varias tendencias de transformación en la historia reciente (últimos cuarenta años) que sirven como indicadores tanto de afección como de aprovechamiento de las potencialidades de los servicios del ecosistema contemplado. Respecto a la afección pueden citarse el "abandono rural" y algunos problemas relativos a la "intensificación agraria". Sobre el aprovechamiento de potencialidades está la actualidad de una demanda creciente de "turismo cultural", a la que la Administración sigue todavía prestando poca atención en comparación con la clásica demanda de "sol y playa".

a) Abandono rural. Aunque la erosión esté básicamente condicionada por el clima, el abandono rural afecta también a la estabilidad de ciertos suelos. Se ha estimado una pérdida media de 20 t/ha.año de sustrato en las provincias donde el ecosistema de monte se encuentra bien representado. Esto representa en muchas comarcas una disminución patente del servicio de regulación hídrica antes comentado. El abandono rural lleva asociados incendios que contribuyen a una afección casi irreversible de este servicio El abandono se aprecia en la última década en el estancamiento porcentual de la población ocupada en sectores directamente relacionados con el monte. Aunque ese estancamiento es comparable al de otros sectores, el número absoluto de trabajadores es muy bajo y su envejecimiento y masculinización son patentes. Los pueblos con menos de 2000 habitantes han sufrido en la década pasada un descenso superior al 30% y muchos de éstos forman parte de comarcas con monte. En algunos territorios el abandono rural supone pérdida de bancales y cultivos en ladera con una consiguiente erosión de sustratos laboriosamente estabilizados desde muy antiguo. El abandono va ligado paradójicamente a una insistente persistencia del pastoralismo(23) en algunas comarcas, algo muy positivo para la valorización del paisaje, la productividad rural y la conservación de la biodiversidad de estos sistemas rurales.
En cuanto a los incendios, el número de ellos es un mal endémico que no ha remitido en España en las últimas décadas. La superficie de monte regularmente quemada supone una pérdida considerable en torno a las 85 000 ha/año en la última década, un tercio de ellas afectando directamente a este monte (y un 5% de éstas corresponde a pastizales, aunque los efectos del fuego son aquí menos importantes). El fuego es un factor natural en el Mediterráneo, pero la gran mayoría de los incendios son provocados (apenas un 3-5% se deben a rayos). En comparación con los territorios peninsulares septentrionales, el número de incendios que afecta al monte termo y mesomediterráneo, particularmente a vegetación con Quercus, es relativamente pequeño(24), pero las superficies quemadas son equivalentes y las pérdidas de servicios provocadas por los incendios son importantes.
En relación con la biodiversidad, las "listas rojas" señalan una proporción de vertebrados que, asignada al monte esclerófilo, afectaría en un futuro próximo a un número indeterminado de especies si no se toman medidas de conservación. Importa que estas medidas se basen en mantener el funcionamiento de los ecosistemas y la conectividad de sus fenómenos físicos y biológicos, y no en la mera delimitación de espacios cuya gestión, a veces, se parece a la de zoológicos al aire libre. Junto a la diversidad biológica silvestre, la relación de razas nativas que se han considerado amenazadas supondría más de la mitad de las existentes, siendo quizá el ganado porcino y el bovino los más llamativos.
El paisaje está cambiando rápidamente. Determinados escenarios del cambio socioeconómico reciente suponen notables modificaciones del paisaje rural (25,26) y tanto la declaración de espacios naturales protegidos como la intensificación agraria necesitan mucha mayor atención al papel de las actividades rurales tradicionales en la gestión de los recursos naturales(27,28). En este contexto, la figura de Reserva de la Biosfera debiera ser potenciada como hilo conductor de los servicios de los ecosistemas hacia las poblaciones locales.
Aunque estimar los cambios de superficie asignables a este ecosistema resulta poco objetivable, el aumento en extensión de la vegetación leñosa del monte (la citada matorralización) va asociado a un abandono rural que supone una seria pérdida cultural. En las últimas décadas ese aumento coincide con el descenso de los pastos y los cultivos extensivos, el afianzamiento de los incendios y quizá una pérdida difícilmente recuperable de biodiversidad. El cambio neto reciente (años 90) de ocupación del suelo en las comunidades con mejor representación de este monte ha supuesto una modificación de la superficie de bosques en torno a un 2%, pero con una gran varianza entre comarcas, así como apenas el 1% en formaciones de matorrales con pastizales, pero interesando de diferentes formas a unos 10 millones de ha.

b) Intensificación agraria. Es el otro extremo de una tendencia de cambio que termina en el citado abandono rural. La gestión habitual del monte incorpora continuamente la mecanización. Ésta representa el progreso –protagonismo de la población local en modelos de economía rentables que pueden tener en cuenta el valor del paisaje (por ejemplo, podas orientadas a conseguir árboles en forma de copa, no de sombrilla, para facilitar trasiegos mecanizados, lo que representa un cambio aceptable en el paisaje de dehesa)–. También supone retrocesos –erosión, falta de cohesión social, pérdida de culturas ancestrales que sí son compatibles con el progreso–. La Administración suele olvidar esto. Sus iniciativas dependen de las motivaciones de las personas. Así, limita detalles como el pastoreo de cabras y persisten las influencias que tuvieron leyes poco afortunadas(29), mientras que debería potenciarse la asociación ganadera sin picarescas y fortalecer el pastoralismo en la gestión forestal, y no entorpecerlo, especialmente en áreas protegidas cuyos valores en gran parte se debían precisamente a este uso.
Las razas nativas necesitan gran atención de la Administración y la comercialización de productos con denominación de origen una más decidida iniciativa y regulación. Hay algunos excelentes ejemplos(30,31). La falta de esto también redunda en el abandono rural y en una industrialización a veces incompatible con la función de ecosistemas de base tradicional. Por otra parte, es bien conocido que en la historia reciente se llevaron a cabo en muchos montes abusivas plantaciones arbóreas de crecimiento rápido, principalmente coníferas y eucaliptos.

c) Turismo cultural. Tiene cada vez mayor interés por el paisaje de estos sitios. Constituye una forma de revalorización de los mismos y no se aprecia que afecte negativamente a los servicios del ecosistema o su estado de conservación general(32,33,34). Dado el carácter marginal de sistemas como éste, en particular en algunos territorios del sureste peninsular se observa, sin embargo, que un cambio socioeconómico muy acentuado hacia este sector de la economía también genera abandono rural. El proceso de cambio necesita, pues, planes y programas de gestión continuamente actualizados, teniéndose en cuenta que parece consolidarse el asentamiento de industrias del ramo en los territorios comentados (alojamiento, restauración y, aparte de la caza, rutas gastronómicas, senderismo, recolección, turismo de aventura). El turismo cultural es sin duda una actividad muy destacada entre las orientadas a la conservación activa de estos ecosistemas y la promoción de sus servicios. Se ha comentado antes que estos espacios están atravesados por vías pecuarias y antiguos ferrocarriles. Son formidables vías verdes para el excursionismo, la educación y el turismo cultural con la oferta de paisajes excepcionales. La explotación de estos recursos depende en buena parte de la iniciativa y capacidad de cada Comunidad Autónoma (35).
Especialmente aquí, la idea de Reserva de Biosfera podría adquirir mayor protagonismo. Hoy este tipo de turismo está más centrado en los Parques Nacionales, si bien es cierto que el monte mediterráneo, aunque presente en esta figura de protección con unos pocos parques, goza de escasa superficie protegida como paisaje cultural. Merece un análisis detallado el balance de beneficios y costes de los espacios naturales protegidos declarados en estos ambientes((36), considerando aspectos socioeconómicos y logros reales en la conservación del paisaje y la biodiversidad.

Estado y tendencias de los servicios reconocidos en el monte

A partir de las tramas ecológicas y culturales de los bosques y matorrales vistos, la evaluación de los ecosistemas del milenio transmite a la sociedad la idea simple del suministro de varios tipos de servicios, unos más tangibles o materiales que otros. La Tabla 1 muestra sucintamente ejemplos de estos servicios para el monte mediterráneo. Las tendencias apreciadas en los mismos aparecen en la Tabla 2. Entre los "servicios de abastecimiento", junto a las potencialidades de gestión de la energía solar en las zonas con monte, son muy relevantes los servicios alimentarios como carnes, quesos o mieles; las fibras y los materiales bióticos y geóticos de calidad, como leñas, corcho, pieles; el agua suministrada desde cabeceras de cuenca a valles y acuíferos o la reserva genética de especies emblemáticas, razas y variedades y riqueza microbiana asociada a la comentada función del suelo y almacenamiento de carbono(37). Los "servicios de regulación" más importantes se refieren a la ralentización del ciclo del agua en medios terrestres y la atenuación morfosedimentaria, el almacenamiento de carbono en el monte leñoso y su incorporación en los suelos de pastizal. Reconocidos esos servicios y la importancia de mantenerlos, la potencialidad de los "servicios culturales" es también muy relevante en el monte, destacando los conocimientos locales, funciones del paisaje o educación ambiental.
En las evaluaciones de los ecosistemas llevadas a cabo en diferentes países se reconocen compromisos entre ventajas y desventajas (trade-offs) en el aprovechamiento de unos servicios frente a otros. Así, los procesos dentro de un mismo ecosistema (una comarca dada) se relacionan entre sí y, a escalas más globales, se relacionan unos sistemas con otros. Esto forma parte de la conectividad ecológica comentada. Los servicios de diferentes ecosistemas se relacionan y ‘varían positiva o negativamente’, de manera que el aumento del suministro o el uso de uno puede suponer la degradación de otros. Así, una mayor producción de alimentos por aumento de la superficie cultivada y uso de fertilizantes y biocidas, reduce la biodiversidad, suponiendo menores servicios de regulación en lo que a la función de la biodiversidad se refiere. No obstante, la agricultura también establece su propio marco para la biodiversidad. Este marco ha sido considerado "positivo" en numerosos casos por los conservacionistas. El veto al uso de biocidas permite el establecimiento de comunidades animales de carácter estepario, muy valoradas por estos naturalistas. Igualmente, se entiende que los sistemas agrícolas intensivos generalmente aumentan los servicios de abastecimiento, pero a expensas de los de regulación o, en su caso, de los culturales, que se tiende a reconocer que muestran "mejor estado" en ecosistemas menos controlados por el hombre. Estas tendencias, no obstante, merecen matizarse con numerosos detalles. Por un lado, la tipología de los sistemas agrícolas intensivos es muy variada en concepción y en consideración a sus objetivos económicos y ecológicos (la apreciación de la sostenibilidad en cada caso) y, por otro, los servicios culturales admiten también una variabilidad notable, desde los considerados tradicionales a los puramente monetaristas. Así, existe el peligro de intentar mantener un paisaje-museo de carácter rural cultural tradicional en un contexto socioeconómico que cambia continuamente y que no lo admite si no dispone al menos de posibilidades complementarias. El turismo cultural y de la naturaleza es una de las más relevantes. Las propias exigencias de calidad ambiental de este turismo representan la posibilidad de desarrollo endógeno en la población local, quizá la única capaz de mantener muchos paisajes culturales tradicionales.
Consecuentemente, se admite que hay compromisos entre ventajas y desventajas a manera de trade-offs o contraprestaciones de diferentes servicios y también relaciones de uso que generan "sinergias". El conocimiento de estas relaciones, tanto las de sinergia entre servicios como los trade-offs, parece clave para la toma de decisiones asegurando un flujo variado de servicios para el bienestar humano.
El Cuadro 2 muestra algunos ejemplos si se aplican al monte mediterráneo. Realmente el número de situaciones puede ser muy elevado y el análisis de sus costes y beneficios constituir un objeto de debate ante distintos escenarios de cambio global.
Implementar formas de gestión que prevean una explotación rural compatible con la conservación del suelo, la función de la biodiversidad y el paisaje es un reto y un objetivo que deben abordar seriamente los gobiernos en este y en otros tipos de ecosistemas. Esto supone el compromiso de mantener un tamaño mínimo de población rural, reconocer la importancia de las nuevas tecnologías, aplicarlas sensatamente en el campo respetándose el valor del recurso paisaje y, como complemento, promocionar el turismo en sus facetas cultural, de la naturaleza y educativa.
Aunque la beneficiaria de los servicios de los ecosistemas es obviamente la sociedad humana, mantener y mejorar este suministro requiere la intención expresa que debe presidir todo estudio y descripción de los ecosistemas: su análisis funcional, más que estructural o de mera apariencia, es decir, su análisis sistémico. La apariencia, como se ha indicado, puede ser relevante cuando se trata del paisaje, si su valoración es estética y, por tanto, subjetiva, cultural o etnocéntrica. El reconocimiento de la función de los ecosistemas para el bienestar humano debería evitar valoraciones antropocéntricas sobre lo "bueno" o "malo", la "salud" del ecosistema y otros términos que se han hecho populares en una ya prolongada moda de la temática conocida en España como "medioambiental".

Notas

(1) González-Bernáldez, F. 1981. Ecología y paisaje. Blume, Madrid.

(2) Gómez Orea, D., Díaz Pineda, F. et al. 1975. Plan Especial de la Protección del Medio Físico de la Provincia de Madrid. ICONA & COPLACO. Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, Madrid.

(3) Mata Olmo, R. & Sanz Herráiz, C. (dirs.). 2003. Atlas de los paisajes de España. Ministerio de medio Ambiente, Madrid.

(4) Berkes, F., Colding, J. & Folke, C. (eds.). 2003. Navigating Social-Ecological Systems: Building Resilience for Complexity and Change. Cambridge Univ. Press, Cambridge.

(5) González-Bernáldez, F. 1991. Diversidad biológica, gestión de ecosistemas y nuevas políticas agrarias. En: Pineda, F.D., Casado, M.A., de Miguel, J.M. & Montalvo, J. (eds.): Diversidad Biológica. Biological Diversity. WWF-Fundación Areces, Madrid. SCOPE, París: 23-32.

(6) Montes, C., Santos, F., Aguado, M., Martín López, B., González, J.A., Benayas, J., Piñeiro, C., Gomez Sal, A., Carpintero, O. & Díaz Pineda, F. 2011. Evaluación de los Ecosistemas del Milenio de España. Fundación Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Madrid.

(7) De hoja dura.
(8) Humbert, A. 1980. Le ‘monte’ dans les chaines subbétiques centrales (Espagne du sud). Publications du Département de Géographie de l’Université de Paris-Sorbonne, vol 10.

(9)González-Bernáldez, 1991. Op cit.

(10) Acosta, B. & Díaz Pineda, F. 2011. Estimación del estado de los servicios del tipo operativo de ecosistema "Bosque y Matorral Esclerófilo Mediterráneo". En: C. Montes et al. Op. cit. [Ecosistemas y biodiversidad para el bienestar humano. Síntesis de resultados. Cap. 5. Fundación Biodiversidad, Madrid: 232-236].

(11) Díaz Pineda, F., Schmitz, M.F., De Aranzabal, I., Hernández, S. & Bautista, C. 2010. Conectividad ecológica territorial. Estudio de casos de conectividad ecológica y socioecológica. OAPN, Serie técnica. Ministerio de Medio Ambiente, Madrid.

(12) Persiani, A.M., Maggi, O., Montalvo, J., Casado, M.A. & Pineda, F.D. 2008. Mediterranean grassland soil fungi: patterns of biodiversity, functional redundancy and soil carbon storage. Plant Biosystems 142: 111-119.

(13) Acosta & Díaz Pineda, 2011. Op cit.

(14) Davis, G.W. y Richardson, D.M. (Eds.) 1995. Mediterranean-Type Ecosystems. The function of Biodiversity. Ecological Studies 109. Springer-Verlag.

(15) Tilman, D. Reich, P.B., Knops, J.M.H., Wedin, D., Mielke, T. & Lehmanh, C. 2001. Diversity and productivity in a long-term grassland experiment. Science 294:843-845.

(16) Pineda, F.D., De Miguel, J.M., Casado, M.A. & Montalvo, J. 2002. Claves para comprender la "diversidad biológica" y conservar la "biodiversidad". En: F. D. Pineda, J.M. De Miguel, M.A. Casado y J. Montalvo (eds.). La Diversidad Biológica de España. Pentice Hall, Madrid: 7-30.

(17) Valladares, F. (ed.). 2004. Ecología del bosque mediterráneo en un mundo cambiante. OAPN, Ministerio de Medio Ambiente, Madrid.

(18) Bascompte, J. & Jordano, P. 2008. Redes mutualistas de especies. Inv. y Ciencia 208: 50-59.

(19) Pineda, F.D., De Nicolás, J.P., Ruiz, M., Peco, B. & Bernáldez, F.G. 1981. Succesion, diversité et amplitude de niche dans les pâturages du centre de la Peninsule Iberique. Vegetatio 136: 47: 267-277.

(20) Pineda, F.D. & Montalvo, J. 1995. Dehesa systems in the western Mediterranean. In: P. Halladay & Gilmour, D.A. (eds.). Conserving biodiversity outside protected areas. The role of traditional agro-ecosystems. IUCN, Gland: 107-122.

(21) Casado, M.A., Castro, I., Ramírez-Sanz, L., Costa Tenorio, M., De Miguel, J.M. & Pineda, F.D. 2004. Herbaceous plant richness and vegetation cover in Mediterranean grasslands and shrublands. Plant Ecology 170: 83-91.

(22) Berkes et al. 2003. Op. cit.

(23) Schmitz, M.F., Sánchez, I.A. & De Aranzabal, I. 2007a. Influence of management regimes of adjacent land uses on the woody plant richness of hedgerows in Spanish cultural landscapes. Biological Conservation 135:542-554.

(24) Con excepción de la zona occidental de la Cordillera Central y algunos bordes periféricos (Cataluña, Levante, Suroeste). Ver i) Vázquez de la Cueva, A. 1996. Régimen de incendios en España peninsular: 1974-94. Relaciones con la climatología y el paisaje. Tesis doctoral. Universidad Complutense, Madrid. ii) WWF 2004. Incendios Forestales. Causas, situación actual y propuestas. WWF España, Madrid.

(25) Schmitz, M.F., De Aranzabal, I., Aguilera, P. Rescia, A. & Pineda, F.D. 2003. Relationship between landscape typology and socioeconomic structure. Scenarios of change in Spanish cultural landscapes. Ecological modelling 168:343-356.

(26) De Aranzabal, I. Schmitz, M.F., Aguilera, P. & Pineda, F.D. 2008. Modelling of lanscape changes derived from the dynamics of socio-ecological systems. A case of study in a semiarid Mediterranean landscape. Ecological indicators 8:672-685.

(27) REDR. 2010. Memoria de Gestión de la Red Española de Desarrollo Rural. REDR, Madrid. www.redr.es

(28) Schmitz, M.F., Gaspar, D., De Aranzabal, I., Ruiz Labourdette, D. & Pineda, F.D. 2012. Effects of a protected area on land-use dynamics and socioeconomic development of local populations. Biological Conservation (on line).

(29) Antigua Ley de "Hierbas, Pastos y Rastrojeras".

(30) Proyectos FOREMED y TECNOMED; creación de la SOCIEDAD MONTES DE SOCIOS, auspiciados por la Asociación Forestal de Soria (2007-2011).

(31) Hay iniciativas puntuales de plantaciones arbóreas con especies nativas, pero recurriéndose a la instalación de especímenes aislados con alta mortalidad y no a la recuperación de la vegetación y el suelo mediante rodales.

(32) Lacitignola D, Petrosillo I, Cataldi M, Zurlini G. 2007. Modelling socio-ecological tourism-based systems for sustainability. Ecological Modelling 206:191–204.

(33) Schmitz, M.F., de Aranzabal, I. & Pineda, F.D. 2007b. Spatial analysis of visitor preferences in the outdoor recreational niche of Mediterranean cultural landscapes. Environmental Conservation 34: 300-312.

(34) De Aranzabal, I., Schmitz, M.F. & Pineda, F.D. 2009. Integrating landscape analysis and planning: a multi-scale approach for oriented management of tourist recreation. Environmental Management 44: 938-951.

(35) Merece considerarse la iniciativa de la Fundación Ferrocarriles Españoles. www.viasverdes.com

(36) Schmitz et al., 2012. Op.cit.

(37) Persiani et al. 2008. Op. cit.

AUTORES:

Francisco Díaz Pineda
Universidad Complutense de Madrid

Belén Acosta Gallo
Universidad Complutense de Madrid

LA ALTITUD DE LAS ISLAS AUMENTA EL NÚMERO DE ESPECIES EXCLUSIVAS

agenciasinc.es

En los ecosistemas insulares de alta montaña, las especies animales y vegetales endémicas están doblemente aisladas, lo que las hace aún más exclusivas. Así lo confirma un estudio europeo, con participación española, que añade el factor de la altitud a una mayor biodiversidad.


La alta montaña de Tenerife supone menos del 10% de la superficie de la isla, y la de La Palma supone cerca del 1%. Imagen: Germán González.

Las islas oceánicas nacen, crecen, se erosionan y desaparecen bajo el mar. A lo largo de este proceso, que tarda millones de años, las islas cambian de forma y por tanto de ‘inquilinos’. Las especies se adaptan a las nuevas condiciones ambientales y ocupan nichos vacíos, se especializan y se hacen exclusivas. En el caso de las islas más jóvenes con ecosistemas de alta montaña, aumentan los endemismos.   
“Cuando las islas, tras adquirir su máxima altura, alcanzan su máxima complejidad topográfica debido a la erosión, adquieren también su máxima biodiversidad”, señala a SINC José María Fernández-Palacios, catedrático de Ecología de la Universidad de La Laguna, quien subraya que cuando las islas tienen ecosistemas de alta montaña, hay más especies exclusivas en ellas.
Un estudio del que es coautor Fernández-Palacios, y que se ha publicado en la revista Ecography, reivindica el papel de la altitud para explicar la biodiversidad exclusiva de una isla como un factor añadido a la teoría sobre la evolución de las islas en la que la edad, entre otros factores, influye en la diversidad de las especies.
El doble aislamiento que sufren las especies en condiciones de alta montaña de las islas las hace únicas. El equipo de investigación demuestra que las islas más altas crean condiciones que aumentan la tasa de endemismos.
“Estas especies de ecosistemas insulares de alta montaña han evolucionado habitualmente de las especies que ocupan las zonas bajas o de medianías de las islas en cuestión. Son especies insulares que además tienen que acostumbrarse a ecosistemas muy particulares y escasos”, asegura Fernández-Palacios. Según el investigador, la alta montaña de Tenerife supone menos del 10% de la superficie de la isla, y la de La Palma supone cerca del 1%.

‘Mudarse’ de isla o morir

“En islas más complejas topográficamente, estas especies no existirían porque la alta montaña es lo primero que desaparece de una isla cuando es erosionada”, apunta Fernández-Palacios. La Gomera y Gran Canaria no poseen alta montaña porque tienen más de 10 millones de años, pero en el pasado la tuvieron. En realidad, la alta montaña juega un papel importante en las islas más jóvenes, como La Palma.
Sin embargo, a pesar de ser “más vieja y arrugada”, por su relieve topográfico, La Gomera cuenta con una biodiversidad mayor que La Palma “porque tiene muchas especies exclusivas de un barranco o una ladera”. “La Palma es más sencilla, más alta y más grande, pero no es tan compleja”, afirma el científico, quien destaca que, a pesar de ello, cuenta con especies de alta montaña que “seguramente” vinieron de La Gomera.
A medida que la isla se va erosionando, las especies de alta montaña tienen dos opciones. “Si la isla cercana es lo suficientemente alta, ‘saltan’ hacia ese nuevo territorio y sobreviven en él, pero si no ha alcanzado la altura adecuada, las especies se extinguen con sus ecosistemas”, indica el investigador.

Referencia bibliográfica:

Steinbauer, Manuel Jonas; Otto, Ruediger; Naranjo-Cigala, Agustín; Beierkuhnlein, Carl; Fernández-Palacios, Jose-Maria. “Increase of island endemism with altitude - speciation processes on oceanic islands” Ecography 35(1): 23-32   DOI: 10.1111/j.1600-0587.2011.07064.x Enero de 2012.

martes, 3 de abril de 2012

MAPA INTERACTIVO HÁBITATS MARINOS

ecoticias.com

Oceana ha presentado un mapa interactivo con más de 500 localizaciones de especies amenazadas y de tres de los hábitats marinos más importantes de Europa: arrecifes, coralígeno y campos de rodolitos. Estos tres tipos de entornos albergan a numerosos organismos y son los que cuentan con mayor protección según la normativa española y europea, pero aún carecen de medidas de gestión efectivas.



La iniciativa forma parte del Inventario Español de Hábitats y Especies Marinos (IEHEM) que está llevando a cabo el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente en el marco del Inventario Español de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad (previsto por la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad). 
La ubicación exacta de estos tipos de hábitats dentro las zonas estudiadas en el proyecto ha sido posible gracias al uso de un robot submarino (ROV). El visor, accesible desde hoy en su página web, incluye también avistamientos de 42 especies amenazadas que Oceana ha aportado al Inventario previamente. Entre ellas se encuentran delfines como Tursipos truncatus, calderones comunes (Globicephala melas) y grises (Grampus griseus), tortugas bobas (Caretta caretta), esponjas (Tethya sp., Asbestopluma hypogea), caracolas como Charonia lampas, rayas (Rostroraja alba) y algas como Laminaria sp., todas ellas amenazadas.
Dos de los hábitats documentados son el coralígeno y los campos de rodolitos –formaciones de algas rojas calcáreas conglomeradas o sueltas, respectivamente–, protegidos en España[i] y en la Unión Europea[ii] desde 2006. A ellos se añaden los arrecifes, tanto originados por rocas como por organismos vivos, reconocidos por la Directiva Hábitats para su inclusión en la red Natura 2000. Así, los Estados Miembros, entre ellos España, deben aplicar las medidas necesarias para su conservación y gestión. 
Los arrecifes, el coralígeno y los campos de rodolitos son los tres hábitats marinos con mayor grado de protección en Europa, por lo que España debe aplicar las medidas de conservación necesarias”, explica Ricardo Aguilar, Director de Investigación de Oceana Europa 
Los tres tipos de hábitats amenazados han sido hallados en zonas documentadas por Oceana en sus expediciones. Parte de ellas se encuentran entre las áreas marinas más importantes de España y la organización internacional de conservación marina considera que, dando cumplimiento a la normativa vigente, requieren de protección inmediata:

-       Las tres montañas sumergidas del canal de Mallorca (Emile Baudot, Ausias March, Ses Olives).

-       Los alrededores del Parque Nacional de Cabrera.

-       Área marina frente al Parque Nacional de Doñana.

-       La montaña sumergida Seco de Palos, al este de la Región de Murcia.

-       La montaña sumergida Seco de los Olivos, frente a Almería.

¿VIDA EN ENCÉLADO, UNA LUNA DE SATURNO?

noticiasdelaciencia.com

Aunque durante mucho tiempo, de entre las lunas de Saturno, ha sido Titán la que más expectativas ha levantado entre los astrobiólogos y el público en general como satélite con probabilidades de albergar vida, algunos hallazgos recientes sobre Encélado abren la fascinante posibilidad de que ese mundo albergue formas de vida microbiana.


Por las fisuras de Encélado se liberan grandes cantidades de hielo. Foto: Cassini Imaging Team, SSI, JPL, ESA, NASA

En varias ocasiones en que la sonda espacial Cassini ha sobrevolado Encélado, ha sido posible vislumbrar cosas que alimentan esa idea. Una de tales ocasiones ha sido durante el sobrevuelo efectuado hace varios días, concretamente el 27 de Marzo. En este sobrevuelo, la Cassini descendió hasta una altitud de tan sólo unos 74.000 metros (alrededor de 46 millas) sobre la superficie del polo sur de esa enigmática luna.
Esos sobrevuelos han revelado una notable abundancia de "géiseres" que expulsan moléculas de agua. Esos surtidores se abastecen a partir de lo que parece ser un vasto mar subterráneo. Los géiseres, que conducen el material saliente a través de fisuras en la corteza de hielo del astro, podrían delatar la existencia de una zona habitable en Encélado.
Más de 90 géiseres de todos los tamaños cerca del polo sur de Encélado expulsan vapor de agua, partículas de hielo y compuestos orgánicos hasta una altura considerable. La Cassini ha volado varias veces a través de una tenue nube de material formada por la acción de los géiseres. Una de estas ocasiones ha sido el pasado 27 de Marzo. Cruzar por esa nube le ha permitido a la nave analizar la composición básica del material. El equipo de Carolyn Porco, jefa del grupo científico de gestión de imágenes de esa sonda espacial de la NASA, ha comprobado que aparte de agua y material orgánico, hay sal en las partículas de hielo. Y su salinidad es la misma que la de los océanos de la Tierra.
Con 505 kilómetros de diámetro, Encélado es casi siete veces más pequeño que la Luna de la Tierra. Pero a diferencia de nuestro satélite natural, Encélado está cambiando continuamente, como se deduce de los chorros de sus géiseres de hielo y agua líquida, que son probablemente el resultado del calor y la presión existentes en sus profundidades. La fuente indirecta de ese calor interno de Encélado parece ser Saturno. El tirón gravitatorio de Saturno genera fuertes tensiones estructurales en esa luna, hasta el punto de que la forma de Encélado cambia sutil pero perceptiblemente de forma a diario a medida que recorre su órbita en torno a Saturno. Esas tensiones y deformaciones generan calor.
 
 
Los "géiseres" que expulsan partículas de hielo son abundantes cerca del polo sur del astro. Foto: NASA/JPL / Space Science Institute.

La superficie de Encélado es bastante joven, posiblemente de menos de 100 millones de años de edad. Es la sexta luna más grande conocida de las que giran alrededor de Saturno. El astrónomo William Herschel descubrió este satélite en 1789.
La superficie de hielo de Encélado incluye áreas de llanuras suaves, las "fumarolas" de hielo (aberturas en el terreno helado por las que surge el material interno), y largas líneas de fracturas en su polo sur. Las fracturas son la fuente de los penachos de partículas de hielo expelidos por el astro.
Porco cree que este singular satélite, con su aparente mar subterráneo de agua líquida, su materia orgánica, y la fuente de energía térmica derivada de esas deformaciones y tensiones estructurales constantes, podría albergar en el subsuelo el mismo tipo de vida que existe en ambientes comparables de la Tierra. Los ecosistemas que Encélado acaso posea se podrían parecer a los que alberga la Tierra a gran profundidad. En zonas subterráneas de rocas volcánicas de la Tierra, el calor y el agua líquida son abundantes. Las formas de vida en estas rocas terrestres subsisten del hidrógeno (liberado por reacciones entre el agua líquida y las rocas calientes) y del dióxido de carbono, y producen metano, el cual es reciclado, volviendo a dar lugar a hidrógeno. Y todo ello ocurre en ausencia total de luz solar o de cualquier producto generado por ella.
Pese a todo, lo que hace único a Encélado es que su zona habitable es de acceso muy fácil para los análisis químicos. Debido a la baja gravedad de ese astro, los géiseres son capaces de lanzar material a una altura suficiente como para que la Cassini tome muestras. Si hay vida, sería factible atrapar microorganismos desde el espacio, durante un sobrevuelo de un vehículo espacial. O también en la superficie, donde algunas de las partículas expulsadas acaban cayendo.
Esto abre la fascinante posibilidad de que el astro donde más fácil sea detectar vida, en caso de haberla, sea Encélado. Tal como subraya Porco, la nieve que circula a gran altitud o se deposita en la superficie de Encélado podría albergar microorganismos. En definitiva, no habría que taladrar a través de kilómetros de hielo, ni excavar a gran profundidad en terrenos rocosos, ni enfrentarse a tantos otros obstáculos como exige la búsqueda de vida en otros astros del sistema solar
 
 

lunes, 2 de abril de 2012

ABSORCIÓN DE HUMEDAD ATMOSFÉRICA EN CIERTOS SUELOS, ¿MICROHÁBITATS ACUOSOS VIABLES EN MARTE?

noticiasdelaciencia.com

Los Valles Secos de McMurdo en la Antártida son un frío desierto polar, y aún así sus suelos arenosos presentan frecuentemente zonas húmedas en la primavera, a pesar de que no se hayan derretido los hielos ni llueva en absoluto.


Manchas de humedad en los Valles Secos de McMurdo. (Foto: Joseph Levy, Oregon State University)

Un nuevo estudio revela que los suelos salados de la región atrapan humedad de la atmósfera. El hallazgo plantea la posibilidad de que tal proceso pueda tener lugar también en Marte o en otros planetas, con el consiguiente aumento en las probabilidades de existencia de vida en esos mundos.
Hace falta una combinación adecuada de sales del tipo correcto, y suficiente humedad, para que el proceso funcione, pero esos ingredientes están presentes en muchas áreas desérticas de la Tierra, y también en Marte.
Los suelos en esa zona antártica tienen una cantidad perfecta de sales, provenientes de la brisa marina húmeda del litoral y de antiguos fiordos que inundaron la región. Las sales de los copos de nieve también se depositan en los valles y pueden formar áreas de tierras muy saladas. Con las sales correctas, y la humedad suficiente, estos suelos salados atrapan el agua directamente del aire.
Con cloruro de sodio (sal común de cocina), basta un día con una humedad relativa del 75 por ciento para lograr atrapar agua del aire. Pero con cloruro de calcio, incluso en un día gélido, sólo se necesita un nivel de humedad por encima del 35 por ciento para activar el mecanismo.
Una vez que se ha formado en el suelo una mancha de agua muy salada a partir del vapor de la atmósfera, esa mancha permanecerá absorbiendo vapor de agua hasta que se equilibre con la atmósfera.
El equipo del geólogo Joseph Levy, de la Universidad Estatal de Oregón, Andrew Fountain de la Universidad Estatal de Portland, así como Kathy Welch y W. Berry Lyons de la Universidad Estatal de Ohio, las tres instituciones en Estados Unidos, ha dictaminado que, en la región antártica estudiada, los suelos que atrapan agua mediante este fenómeno presentan de 3 a 5 veces más agua que las tierras circundantes, y además están llenos de materia orgánica, incluyendo microbios. El contenido elevado de sal también hace bajar la temperatura de congelación del agua subterránea, por lo que continúa absorbiendo humedad del aire cuando otras áreas húmedas en los valles comienzan a congelarse en el invierno.
Aunque en Marte, por regla general, la humedad es más baja que en la mayor parte de la Tierra, los análisis han mostrado que es suficiente para alcanzar los valores críticos que Levy y sus colegas han documentado. Los suelos salados también están presentes en el Planeta Rojo. Por tanto, en Marte puede operar el fenómeno descrito, y eso eleva las probabilidades de la presencia de vida en ese mundo.

domingo, 1 de abril de 2012

LAS MARIPOSAS MONARCA CRUZAN EL ATLÁNTICO Y SE INSTALAN EN ANDALUCÍA

ecoticias.com

Las mariposas monarcas --Danaus plexippus--, probablemente una de las especies "mejor estudiadas del mundo" y un insecto "muy llamativo por su tamaño", han cruzado el Océano Atlántico desde América del Norte para establecerse en Andalucía, según ha constatado un proyecto de investigación financiado por la Fundación Migres con la Universidad de Córdoba.



Según el mismo, desde hace años se ha avistado ejemplares de esta especie de mariposa, de aproximadamente diez centímetros, menos de un gramo de peso, y vistosos colores, en zonas costeras del sur de la Península Ibérica, según ha informado en una nota la Fundación Migres. Estos avistamientos esporádicos se han interpretado como ejemplares divagantes que han sido arrastrados por el viento y que han podido llegar a la Península desde América del Norte. Además, apunta que, en ocasiones, estas mariposas han llegado a formar colonias efímeras en los lugares donde existen las especies de plantas que necesitan para completar su ciclo biológico, desapareciendo poco tiempo después.
Si bien, desde 2008, la Fundación Migres financia un proyecto de investigación con la Universidad de Córdoba para tratar de conocer la situación real de esta especie en el sur de Europa. Los investigadores Juan Fernández Haeger y Diego Jordano Barbudo, profesores de Ecología de la Universidad de Córdoba, con la colaboración de Mateo León, Charo Rivas y Carlos Camacho, llevan casi tres años estudiando una amplia franja costera del sur de Cádiz, entre Vejer de la Frontera y Castellar de la Frontera, tratando de localizar todos los enclaves donde la mariposa monarca "podría no solo aparecer, sino completar su ciclo biológico".
Así, los científicos han localizado y cartografiado todos los enclaves o rodales encontrados de las plantas adecuadas para el desarrollo de la mariposa monarca. Estas especies de plantas son fundamentalmente dos, la mata de la seda, introducida en el siglo XVIII desde África, y la adelfilla, que debió introducirse en España desde América central durante el siglo XVI.
Ambas tienen una distribución muy fragmentada en esta zona y, "paradójicamente", son favorecidas por el ganado, que consume otras muchas especies de plantas pero no estas asclepiadáceas, bien defendidas del ramoneo por su toxicidad.
Los investigadores revisan sistemáticamente los rodales de plantas tratando de detectar la presencia en ellos de las mariposas, sus huevos, orugas o crisálidas. Durante el desarrollo de este proyecto se ha estudiado una zona de 900 kilómetros cuadrados en la citada franja litoral próxima al Estrecho de Gibraltar y se ha conseguido demostrar que las mariposas monarca "han ocupado aproximadamente dos tercios de los rodales existentes y han estado de forma persistente durante los tres años de trabajo en gran parte de ellos".
El número de fragmentos colonizados por la mariposa varía entre años y también estacionalmente. De esta manera, se concluye que se expande más en verano y otoño y ocupa menos fragmentos en invierno.
Igualmente, los resultados indican que la extinción local en algún fragmento puede ir seguida de la recolonización desde otros fragmentos próximos, sin que pueda excluirse la llegada esporádica de individuos de origen americano, tal como se registra en otros países europeos.
Por otro lado, datos anteriores y registros históricos sugieren que esta especie debió instalarse en el sur de la Península Ibérica probablemente en el siglo XIX, cuando la mariposa alcanzó Canarias, Azores y Madeira y se expandió también por el océano Pacífico hasta llegar a Australia.
"Esta expansión es enormemente llamativa y es un ejemplo más de las proezas que pueden realizar insectos tan frágiles como una mariposa", ha subrayado, al tiempo que ha añadido que éstas pueden llegar a volar hasta 5.000 kilómetros y sus patrones de vuelo son heredados, basados en una mezcla de ritmos circadianos y la posición del sol en el cielo.
Los investigadores destacan, por último, la necesidad de proteger estos llamativos insectos, protección que debe estar basada en el conocimiento preciso de las condiciones para favorecer su ciclo biológico y las de los fragmentos de plantas que seleccionan.